“Si te agarran, te matan.”

Crímenes de guerra en el estado de Unity (Sudán del Sur)

  • NOTICIAS
© STEFANIE GLINSKI/AFP/Getty Images

La población civil ha pagado de nuevo un precio terrible en medio de una nueva ofensiva militar en los últimos meses en el estado de Unity de Sudán del Sur, una región ya devastada por el conflicto y privaciones extremas.

Como parte de casi cinco años de conflicto armado, las fuerzas gubernamentales de Sudán del Sur y milicias aliadas iniciaron, a mediados de abril de 2018, una ofensiva en los condados de Leer y Mayendit, en el estado de Unity. Durante más de dos meses, atacaron pueblos, mataron deliberadamente a civiles, secuestraron y sometieron a violaciones colectivas a mujeres, y participaron en actos de saqueo y destrucción generalizados. Desde que comenzó el conflicto en diciembre de 2013, la población civil de la zona ha sufrido ya dos ofensivas caracterizadas por violaciones graves de derechos humanos, así como una hambruna en 2017.

Según la ONU, en la última ofensiva perdieron la vida 232 civiles, al menos 120 mujeres y niñas fueron violadas y violadas en grupo, y 21 emplazamientos fueron incendiados y saqueados. En total, más de 31.000 personas fueron desplazadas en cuestión de semanas. Esto se añade a las más de 10.000 muertes y miles de violaciones y secuestros que han tenido lugar en el estado de Unity desde 2014, y refleja la extraordinaria brutalidad infligida en todo Sudán del Sur en su conjunto.

Suceso crítico

Zona donde se produjo la reciente ofensiva militar

Anciana desplazada en Leer (Sudán del Sur) en 2018. Anciana desplazada en Leer (Sudán del Sur) en 2018.
© Amnesty International
Un hombre desplazado llora por la muerte de su hijo, que fue asesinado en un ataque del gobierno en el condado de Leer, en Sudán del Sur. Un hombre desplazado llora por la muerte de su hijo, que fue asesinado en un ataque del gobierno en el condado de Leer, en Sudán del Sur.
© Amnesty International
Ganado delante de un tukul (vivienda tradicional) en el estado de Unity, en Sudán del Sur. Ganado delante de un tukul (vivienda tradicional) en el estado de Unity, en Sudán del Sur.
© Amnesty International

Ataques contra civiles

Una anciana llamada Nyalony contó cómo los soldados habían matado a su esposo delante de ella:

“Cuando empezó el ataque, a primera hora de la mañana, mientras estábamos durmiendo, mi esposo y yo corrimos juntos hacia el pantano [...]. Una vez que terminaron los enfrentamientos, los soldados vinieron al pantano buscando gente y dispararon ráfagas de balas contra la zona donde estábamos escondidos. Mi esposo recibió un impacto de bala y gritó de dolor, pero todavía estaba vivo y los soldados lo capturaron, le volvieron a disparar y lo mataron [...].”

“Cuando capturaron a mi esposo, me dijeron que me marchase. Traté de quedarme y me golpearon. Me pegaron con un palo y me dijeron que podían matarme a mí también.”

Cuando empezó el ataque, a primera hora de la mañana, mientras estábamos durmiendo, mi esposo y yo corrimos juntos hacia el pantano [...]. Una vez que terminaron los enfrentamientos, los soldados vinieron al pantano buscando gente y dispararon ráfagas de balas contra la zona donde estábamos escondidos. Mi esposo recibió un impacto de bala y gritó de dolor, pero todavía estaba vivo y los soldados lo capturaron, le volvieron a disparar y lo mataron [...].
Nyalony, anciana desplazada en el estado de Unity

Las fuerzas armadas sursudanesas, conocidas como el SPLA, junto con milicias juveniles aliadas, atacaron numerosos poblados civiles durante la última ofensiva en el estado de Unity y mataron deliberadamente a decenas de civiles, entre los que había mujeres, niños y niñas, ancianos y ancianas, y personas con discapacidad.

La brutalidad fue extraordinaria. Además de disparar a la población civil de forma deliberada e indiscriminada, los soldados quemaron vivas a personas en sus casas, las colgaron de los árboles y las aplastaron con vehículos blindados.

También prendieron fuego sistemáticamente a viviendas civiles, saquearon o quemaron suministros de alimentos y robaron ganado.

Robo de ganado

'Este es mi ganado', nos dijo con orgullo Gatluak, un niño cuya familia fue desplazada por los combates en el condado de Leer, mientras modelaba los animales con arcilla y los adornaba con abalorios. Su familia perdió su rebaño cuando su aldea fue atacada.

Huir de un ataque brutal de las fuerzas sursudanesas

Una joven de 20 años de la población de Dablual, en Dablual Payam (Mayendit), cuenta así su huida de un ataque de las fuerzas gubernamentales que violaron en grupo a una amiga suya de 25 años.

Imágenes del pantano al que huyó la población civil en el estado de Unity. Imágenes del pantano al que huyó la población civil en el estado de Unity.
© Amnesty International
Mujer desplazada en una isla del pantano del sur del estado de Unity (Sudán del Sur). Mujer desplazada en una isla del pantano del sur del estado de Unity (Sudán del Sur).
© Amnesty International
La gente sobrevivió en el pantano días e incluso semanas a base de nenúfares y de algún pez. La gente sobrevivió en el pantano días e incluso semanas a base de nenúfares y de algún pez.
© Amnesty International

Desplazamiento

Decenas de miles de personas huyeron de estos ataques aterrorizadas y muchas se escondieron en pequeñas islas en el pantano. Pero incluso allí fueron perseguidas por los militares, que usaron vehículos anfibios para atacar partes remotas del pantano donde se habían refugiado civiles.

“Pasamos todo mayo y junio en el pantano [...]. Las familias construyeron con cañas grandes plataformas flotantes para vivir [...]. En mi plataforma éramos 10 personas: mi madre, mi suegra, yo, mi hermana, mi bebé, los dos hijos de mi hermana y mis tres hermanos [...]. Sobrevivimos a base de nenúfares.”

Pasamos todo mayo y junio en el pantano [...]. Las familias construyeron con cañas grandes plataformas flotantes para vivir [...]. En mi plataforma éramos 10 personas: mi madre, mi suegra, yo, mi hermana, mi bebé, los dos hijos de mi hermana y mis tres hermanos [...]. Sobrevivimos a base de nenúfares.
Persona internamente desplazada que huyó a los pantanos.

La única fuente de alimentación para muchas personas desplazadas eran las partes comestibles de los nenúfares, que molían para hacer una pasta que cocinaban o comían cruda. La población de Leer y Mayendit apenas estaba empezando a recuperarse de la hambruna declarada en Sudán del Sur en 2017.

Las personas desplazadas siguen viviendo en condiciones penosas. Algunas carecen todavía de acceso a un alojamiento, comida e incluso a los servicios más básicos. Para muchas, esta no era tampoco la primera vez que eran desplazadas.

Embargo de armas

Amnistía Internacional lleva diez años presionando en favor de un embargo de armas total para detener la entrada de armas en Sudán del Sur. La comunidad internacional no debería dar más vueltas a la suspensión de la entrada de armas a los lugares donde se están empleando reiteradamente para cometer crímenes de guerra, así como violaciones graves y sistemáticas de los derechos humanos y abusos.

Por fin, en julio de 2018, el Consejo de seguridad de la ONU impuso un embargo de armas que prohíbe la transferencia de armas a todas las partes implicadas en el conflicto. Es crucial que la comunidad internacional garantice que este embargo se hace cumplir estrictamente.

Mujer desplazada con bebé que huyó de los ataques gubernamentales contra su pueblo en el condado de Leer, Sudán del Sur. Mujer desplazada con bebé que huyó de los ataques gubernamentales contra su pueblo en el condado de Leer, Sudán del Sur.
© Amnesty International

Acabar con el ciclo de violencia y atrocidades

Amnistía Internacional visitó el estado de Unity a principios de 2016 y documentó violaciones de derechos humanos cometidas durante la anterior ofensiva militar contra la zona sur del estado, incluido el condado de Leer.

Después de esa visita, la organización identificó a cuatro personas presuntamente responsables de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad y exhortó al jefe del Estado Mayor de las fuerzas armadas de Sudán del Sur a abrir una investigación. No se recibió respuesta. Informes recientes de la ONU sugieren que algunas de estas personas podrían haber estado también involucradas en las atrocidades cometidas durante la ofensiva de 2018.

No se puede ignorar la cruda realidad: si las autoridades de Sudán del Sur hubieran actuado en respuesta a nuestras advertencias en 2016, se podría haber evitado esta última oleada de violencia contra civiles en Leer y Mayendit.

La única forma de romper el círculo vicioso de violencia es poner fin a la impunidad de la que disfrutan los combatientes y comandantes sursudaneses de todas las partes del conflicto. El gobierno debe garantizar la protección de la población civil y que las personas responsables de haber cometido crímenes horrendos rindan cuentas.

Amnistía Internacional exhorta al gobierno de Sudán del Sur a poner fin a todos los abusos contra los derechos humanos y a establecer el Tribunal Híbrido, pendiente desde 2015. El gobierno debe firmar inmediatamente el memorándum de entendimiento sobre el Tribunal Híbrido, aprobar sus estatutos y garantizar que el Tribunal es operativo con la máxima rapidez.

El camino a la justicia

Como Sudán del Sur no es Estado parte en la Corte Penal Internacional (CPI), ésta carece de jurisdicción directa sobre los delitos cometidos durante el conflicto en curso.

El acuerdo de paz firmado por ambas partes en agosto de 2015 prevé la creación de un tribunal especial para investigar y enjuiciar a los responsables de atrocidades. Desgraciadamente, se ha avanzado muy poco en el establecimiento de dicho tribunal.

 El Tribunal Híbrido —que combinará elementos del derecho nacional y del internacional y que estará integrado por juristas de Sudán del Sur y otros países— representa ahora mismo la opción más viable para garantizar la rendición de cuentas por los delitos cometidos durante el conflicto y para disuadir de la comisión de nuevos abusos.

 

Más información

Lee el informe íntegro