Advertencia sobre el contenido: Este blog incluye ejemplos de pensamientos suicidas. Publicamos los detalles para dar testimonio de la experiencia de este superviviente.
En todo el mundo, la juventud está reaccionando de formas muy diversas ante el aumento de la desigualdad, la exclusión y los ataques a los derechos humanos. Se está organizando, está oponiendo resistencia y está creando soluciones.
Pablo, Dina y Christopher son tres jóvenes activistas que forman parte del proyecto de Amnistía Disruptorxs Digitales, que apoya a la juventud en su búsqueda de justicia sobre los asuntos que les importan.
Con motivo del Día Internacional de la Juventud, hablamos con ellos sobre su trabajo y sobre el poder que tiene alzar la voz y movilizar a otras personas para proteger los derechos de personas amenazadas por la discriminación, la violencia con armas de fuego y la divulgación de datos personales (doxeo) a través de Internet.
“Si una sola persona joven encuentra el apoyo que yo no tuve, ya es suficiente.”
Pablo Mendoza, 24 años, Guatemala, Disruptorxs

Tenía 15 años cuando me enamoré por primera vez de otro chico. También fue el año en que salí del armario. En lugar de apoyo, encontré rechazo y miedo. Estuve a punto de quitarme la vida.
En aquel momento me sentía muy solo. La información, las oportunidades y las redes de apoyo que podían haberme ayudado entonces no existían o era muy difícil encontrarlas. Incluso hoy, muchas historias sobre personas LGBTIQ+ en Guatemala se siguen contando desde perspectivas heteronormativas y adultas, y muchas representaciones continúan reforzando los estereotipos y la información errónea.
Por eso el proyecto Disruptorxs es tan importante para mí.
El año pasado, 14 jóvenes de todo Guatemala se agruparon para crear una plataforma digital dirigida a jóvenes LGBTIQ+ que viven en el extrarradio de ciudades grandes y pequeñas. Queremos crear un espacio en el que la juventud tenga acceso a información sobre salud mental, salud sexual, redes de apoyo y oportunidades, y al mismo tiempo vea historias que reflejan la diversidad de nuestras vidas.
Para mí, una de las mayores transformaciones ha sido ganar la confianza suficiente para escribir sobre mi propia experiencia. Llevo años escribiendo sobre política, justicia y derechos juveniles, pero en algún punto del camino asumí la idea de que escribir sobre la realidad de pertenecer a la comunidad LGBTIQ+ era en cierto modo secundario. A través de este proyecto me di cuenta de que nuestras experiencias también son políticas.
Estoy orgulloso de formar parte de un grupo tan diverso, compartiendo conocimientos, generando solidaridad y creando algo que es más grande que cualquiera de nosotros.
Lo que más me ha quedado grabado es esa sensación de conocimiento colectivo. La información puede cambiar la vida de una persona, pero sólo si llega a quienes la necesitan. Disruptorxs es nuestra forma de asegurarnos de que las generaciones futuras no tienen que enfrentarse a todo por sus medios.
Si una sola persona joven encuentra en Disruptorxs la información, el acompañamiento o la esperanza que yo no tuve a los 15 años, entonces este proyecto ya habrá cambiado una vida y eso me motiva a continuar.
“El dolor no tiene que acabar en silencio.”
Dina Alami (izq.), 30 años, Suecia, Kollectiv Sorg

Kollectiv Sorg, que significa “dolor colectivo”, comenzó con una carta abierta sobre la violencia con armas de fuego y la delincuencia callejera en Suecia, que después se convirtió en un grupo juvenil de Amnistía y, con los años, en algo mucho mayor: un movimiento.
Éramos jóvenes pidiendo a la sociedad, a la clase política y a quienes tomaban las decisiones que dejaran de ver la violencia como datos estadísticos y empezaran a ver a las personas jóvenes que había detrás de esos datos. Detrás de cada titular hay un hijo o una hija, un hermano o una hermana, un mejor amigo o amiga de alguien. Alguien cuya ausencia sigue afectando a toda una comunidad.
Para mí, el proyecto está profundamente conectado con mi propia experiencia de pérdida. Siempre me han importado los derechos humanos, la igualdad y la justicia social, pero perder a alguien cercano a mí por la violencia cambió mi forma de ver el mundo. Hizo que esos valores fueran aún más urgentes.
Kollectiv Sorg me dio las palabras para definir sentimientos que no sabía explicar.
Antes, mi dolor me aislaba. Era una carga pesada que llevaba en solitario. En este trabajo he descubierto que el dolor también puede ser colectivo. Afecta a familiares, amistades y comunidades enteras. Puede conectar a personas que de otro modo nunca se habrían conocido. Y también puede servir de catalizador para la acción.
Con demasiada frecuencia nos fijamos en los síntomas sin hacer caso de las causas subyacentes. Esa convicción nos llevó a crear Collective Talks (“charlas colectivas”), grupo de apoyo entre iguales que se reúne varias veces al mes para ayudar a familiares de víctimas y a otras personas directamente afectadas por la violencia. Se convirtió en un espacio al que la gente puede regresar, donde se puede expresar el dolor en lugar de ocultarlo, y donde la gente comprende que no tiene que llevarlo en solitario.
Hemos hecho exposiciones públicas en galerías e iglesias de Estocolmo y hemos organizado charlas públicas, utilizando la expresión creativa para entablar conversaciones sobre la pérdida, la seguridad y la esperanza que costaría iniciar de otro modo.
Con demasiada frecuencia nos fijamos en los síntomas sin prestar atención a las causas subyacentes que permiten que la violencia continúe. A través de Kollectiv Sorg intentamos crear espacios donde la gente pueda procesar el dolor abiertamente y al mismo tiempo hacer frente a los problemas estructurales que contribuyen a la violencia, la exclusión y el racismo.
La oportunidad de conectar con otros jóvenes activistas de Amnistía también me recordó que nuestras experiencias no son aisladas. En mis intercambios con jóvenes de Londres comprobé cuántas esperanzas, frustraciones y desafíos compartimos, aunque nuestros contextos parezcan tan diferentes.
La lección más importante que he aprendido tal vez sea que la juventud no tiene que esperar a que le den permiso para liderar. No hace falta que tengamos todas las respuestas antes de empezar.
El dolor no tiene que acabar en silencio. Puede transformarse en acción, y la compasión puede dar paso al liderazgo. El cambio real comienza cuando las personas se encuentran, se escuchan y deciden actuar juntas.
“Me hice activista de los derechos digitales porque mis propios datos fueron difundidos sin mi consentimiento.”
Christopher Arunga, 28 años, Kenia, Linda Data

Hace cinco años encontré pantallazos de mis datos personales en Internet.
Mi nombre, fotografías e incluso mi domicilio aparecían en sitios web y en información publicada en medios de comunicación.
En ningún caso di mi consentimiento para ello.
Esa experiencia cambió mi manera de ver los derechos digitales. ¿Qué sucede cuando la información personal se difunde sin consentimiento? ¿Qué sucede cuando se expone a una persona a sufrir hostigamiento, estafas acoso o intimidación porque alguien no ha protegido sus datos?
Esas preguntas me llevaron a Linda Data.
En suajili significa “protege los datos”. La campaña fue creada por cinco jóvenes activistas que no se conocían y asistieron a un taller organizado por Disruptorxs Digitales. Examinamos juntos el estado de los derechos digitales en Kenia y nos preguntamos cuál era el asunto que más preocupaba a la juventud.
Tras una encuesta a cientos de jóvenes, un motivo de preocupación destacaba entre todos: el acceso no autorizado a los datos personales.
Es importante porque Kenia es uno de los países más jóvenes y más conectados digitalmente de la región. La juventud utiliza plataformas de redes sociales con fines de educación, comunicación y activismo. Esas mismas plataformas también los exponen al ciberacoso, la desinformación, las estafas, la vigilancia y la explotación de datos.
A través de visitas al campus, conversaciones con comunidades y promoción online, empezamos a ayudar a la gente joven a conocer tanto los riesgos como sus derechos. Hablamos de la importancia del consentimiento informado, la privacidad, la seguridad digital y las protecciones jurídicas existentes. También presionamos para que haya mayor rendición de cuentas por parte de las empresas tecnológicas y las instituciones que recopilan y utilizan información personal.
El proyecto me transformó personalmente tanto como transformó nuestra campaña.
Aprendí sobre legislación, seguridad digital, comunicaciones, logística y organización. Todos tuvimos que asumir funciones que nunca habíamos desempeñado. Terminé siendo responsable de logística a pesar de que no tenía experiencia en ese campo. Asumimos esas responsabilidades porque había que hacer ese trabajo.
Ahora sé que los derechos digitales no son una cuestión marginal. Están vinculados a la seguridad personal, la salud mental, la participación cívica y la libertad de expresión.
Para mí, el objetivo nunca se ha limitado a la protección de datos. Se trata de ayudar a la juventud a cambiar, de usuarios pasivos de la tecnología a individuos informados y empoderados que pueden configurar el mundo digital a su alrededor.


