En 2019, un grupo de 27 estudiantes de Derecho de la Universidad del Sur del Pacífico en Vanuatu empezó una campaña para llevar ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) la cuestión del cambio climático inducido por el ser humano y sus consecuencias en los derechos humanos. Su iniciativa llevó a la CIJ a emitir una histórica opinión consultiva en julio de 2025 que dejaba claro que los gobiernos tienen la obligación legal de proteger los derechos humanos frente al cambio climático.
Hoy, las islas del Pacífico están al frente de un proyecto de resolución de la ONU sobre el cambio climático para convertir la innovadora opinión consultiva de la CIJ en una hoja de ruta para la acción y la rendición de cuentas y presionar a los líderes mundiales para que reduzcan progresivamente los combustibles fósiles y cumplan sus obligaciones en materia de derechos humanos.
Vishal Prasad, nacido en Fiyi, es el director de Estudiantes de las Islas del Pacífico en Lucha contra el Cambio Climático (PISFCC). Aquí nos cuenta cómo convirtió “el desengaño en acción”.
“A finales de 2019, me incorporé a un grupo de 27 estudiantes de Derecho de la Universidad del Sur del Pacífico en Vanuatu formado para llevar el cambio climático al máximo tribunal del mundo. Conocíamos demasiado bien el coste de la crisis climática para la región.
Procedíamos de comunidades donde una marea mensual excepcionalmente alta significa noches de vigilancia en vela, y de países donde el desarrollo económico construido poco a poco durante décadas podía ser arrasado por múltiples ciclones. Crecimos al ritmo de las sucesivas conferencias de la ONU sobre el clima como la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, donde se hicieron promesas de cambio urgente y remedios necesarios. Pero nuestra gente sigue esperando y confiando en que se cumplan estas promesas.
Un optimismo radical y obstinado
La decisión de llevar el mayor problema del mundo al máximo tribunal del mundo no era ingenuidad juvenil. Con demasiada frecuencia, se deslegitiman y descartan las peticiones de reforma de la juventud por ser “poco realistas” o “ingenuas”. Dimos el paso movidos por un optimismo radical y obstinado, del tipo de optimismo que nace de llevar toda la vida escuchando que nuestros hogares son pequeños, que están aislados y destinados a un futuro de mareas crecientes y desastres cada vez peores.
Durante seis años, esta esperanza obstinada persistió mientras planificábamos e identificábamos formas de llegar a la CIJ al mismo tiempo que establecíamos contactos con organizaciones aliadas de todo el mundo para construir un movimiento que reclamase el cambio.
El cambio climático no es solo un problema del Pacífico
Al llevar este mensaje a espacios multilaterales, encontramos jóvenes de todo el mundo que compartían historias similares de sus hogares: tifones que dejaban desamparada a la población civil, aumentos de la temperatura de los océanos que devastaban la biodiversidad de las islas, inundaciones que ahogaban sistemas alimentarios.
Este movimiento era también la prueba de que el cambio climático no es solo un problema del Pacífico. Personas de todo el mundo experimentan inundaciones, huracanes e incendios forestales en aumento que en todas partes afectan desproporcionadamente a las poblaciones más marginadas. Por tanto, a todos los países conviene apoyar el derecho internacional y unirse en su defensa. El derecho internacional establece que los problemas comunes exigen una colaboración común.
Un momento histórico: la Corte Internacional de Justicia emite su opinión consultiva sobre el cambio climático
En diciembre de 2024, bien abrigados frente al invierno neerlandés, nos unimos a depositarios de conocimientos tradicionales, expertos juristas y jóvenes para contar historias de devastación climática, pero también para reclamar justicia ante el máximo tribunal del mundo. Siete meses después de exponer nuestros argumentos, en julio de 2025, la CIJ emitió una opinión consultiva que superó con creces nuestras expectativas, al aclarar que los países tienen la obligación de actuar en virtud del Acuerdo de París, de diversos instrumentos de derecho internacional, incluidos los relativos a los derechos humanos, y del derecho internacional consuetudinario. Más en concreto, la CIJ subrayó que el derecho a un medioambiente limpio, saludable y sostenible es una condición previa para el disfrute efectivo de todos los demás derechos y, por tanto, una prioridad.
Los derechos humanos se han relacionado directamente ahora con el daño causado por la crisis climática, y esta es una constatación inestimable en nuestra lucha colectiva por la justicia. La CIJ también dejó claro que si los países incumplen estas obligaciones y causan daño climático, podrían derivarse asimismo consecuencias legales. Para muchos países en primera línea de la crisis climática, esto constituye una confirmación de lo que hemos venido denunciando, ahora refrendado por el derecho internacional.
Cuando la gente se une, es posible un cambio sorprendente
Esta nueva claridad legal sobre las obligaciones de los Estados debe utilizarse ahora como base para la política y la acción climáticas internacionales. Una forma de hacerlo es llevando a la práctica la opinión consultiva mediante una resolución de la Asamblea General de la ONU que ha propuesto Vanuatu y que están debatiendo actualmente los Estados miembros de la ONU. Este proyecto de resolución de la ONU sobre el cambio climático busca respaldar la resolución unánime dictada por la CIJ y explorar mecanismos para poner en práctica sus conclusiones.
Ahora el desafío es que el mundo acuerde una resolución robusta de la ONU sobre el cambio climático y se adopte con el apoyo general de los Estados miembros de la ONU. Y sabemos que eso es posible. Del mismo modo que en las fases anteriores de esta campaña, sabemos que cuando la gente se une, es posible un conseguir cambios sustanciales y sorprendentes.
Necesitamos que todas las personas del mundo exijan a sus gobiernos que copatrocinen la resolución de la ONU sobre el cambio climático sin diluirla y voten a favor de ella para que todas las personas —mayores, jóvenes y generaciones futuras— puedan vivir con dignidad.
Vishal Prasad, director de Estudiantes de las Islas del Pacífico en Lucha contra el Cambio Climático
La urgencia del proyecto de resolución de la ONU sobre el cambio climático
Aquí, en casa, el cambio climático no es una amenaza futura, sino una realidad que vivimos en carne propia; una tragedia que se desarrolla en nuestro propio entorno contra la que resistimos, ante la que nos movilizamos y contra la que trabajamos para transformarla. Para nuestro pueblo, está en juego casi todo. Estamos en primera línea. Están en juego el hogar, la identidad y propia esencia de nuestro ser cultural.
En todo el mundo, el cambio climático inducido por el ser humano se está manifestando cada vez más en inundaciones, incendios forestales, sequías, episodios de calor y frío extremos, y ciclones devastadores sin precedentes. Todo esto se ve agravado por guerras y el debilitamiento de los compromisos en materia de acción climática. La salud de la totalidad de nuestra tierra, nuestro aire, nuestros cursos de agua y nuestros océanos está en juego.
Necesitamos que todas las personas del mundo exijan a sus gobiernos que copatrocinen la resolución de la ONU sobre el cambio climático sin diluirla y voten a favor de ella para que todas las personas —mayores, jóvenes y generaciones futuras— puedan vivir con dignidad.
El conocimiento es poder.
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