Zambia: El aplazamiento en el último minuto de RightsCon parece un descarado acto de represión transnacional por parte de China al que es preciso oponer resistencia

Amnistía Internacional expresa su enérgica condena al gobierno de Zambia por “aplazar” indefinidamente RightsCon —la mayor conferencia global sobre tecnología y derechos humanos, que debía comenzar hoy en Lusaka y online— tras presuntas presiones diplomáticas de China.

Los organizadores de la conferencia, Access Now, han confirmado que creen que tras este aplazamiento de última hora hay “injerencias extranjeras”. Según la declaración que han emitido, antes de que las autoridades zambianas tomaran la decisión de aplazar el evento, funcionarios del Ministerio de Tecnología y Ciencia de Zambia les habían comunicado que habían recibido presiones de la diplomacia china respecto la participación en la conferencia de la sociedad civil de Taiwán, entre otros asuntos. En su declaración del 29 de abril, donde anunciaba la decisión, el Ministerio de Información y Medios de Comunicación afirmaba que el aplazamiento era “imprescindible ante la necesidad de que se conociera en su totalidad información fundamental relativa a temas clave propuestos para su debate durante la cumbre […] a fin de garantizar su plena conformidad con los valores nacionales, las prioridades de política y consideraciones más generales de interés público”.

La evidente presión represiva que hay detrás de la cancelación de hecho de RightsCon es una clara señal de un creciente y peligroso abuso por parte de las autoridades chinas de su poder y su influencia sobre otros gobiernos para silenciar la disidencia y restringir derechos fundamentales, en especial los de personas a quienes el Estado chino considera una amenaza. Condenamos enérgicamente estos actos, que constituyen represión transnacional. Este tipo de intimidación y acoso político promovidos por el Estado debe tener graves consecuencias.

Sarah Brooks, directora de Amnistía Internacional para China

RightsCon es una destacada plataforma para el diálogo global sobre cuestiones de derechos humanos emergentes en el espacio digital.

“El aplazamiento de RightsCon reduce los espacios, ya de por sí limitados, dedicados a la coordinación global en materia de regulación y gestión de la tecnología en un momento de vertiginosa expansión de la inteligencia artificial (IA) y en el que la interrelación entre el sector de la tecnología y las prácticas y el poder autoritarios es cada vez más profunda. Esta erosión del espacio cívico y político tiene consecuencias reales, y es una pérdida que el mundo no se puede permitir”, ha declarado Damini Satija, directora de Amnesty Tech en Amnistía Internacional.

Más de 5.000 personas de 150 países y 750 organizaciones e instituciones iban a asistir al evento, tanto presencialmente en Lusaka (Zambia) como online, para debatir cuestiones acuciantes derivadas de la intersección entre la tecnología y los derechos humanos. El año pasado, RightsCon se celebró en Taipei (Taiwán), organizada por el grupo taiwanés de la sociedad civil Open Culture Foundation. Otros miembros de la sociedad civil taiwanesa, como E-Ling Chiu, directora de Amnistía Internacional Taiwán, han participado y realizado presentaciones en esa y otras ediciones de RightsCon.

Access Now llevaba realizando tareas de coordinación de alto nivel con autoridades del gobierno zambiano desde 2024 para organizar la intrincada logística y coordinar el movimiento de grandes grupos de participantes para la cumbre de Lusaka. Cancelar el evento apenas unos días antes de su inicio no tiene justificación en estas circunstancias y supondrá una enorme merma de recursos para la sociedad civil y las empresas zambianas que se habrían beneficiado de la conferencia.

Instamos a todos los Estados a que apoyen la RightsCon colaborando con Access Now y la sociedad civil global en la búsqueda de otra sede para la conferencia que asegure su celebración este año. Se trata de una prueba crucial de valentía política. Mantenerse al margen no es ser neutral, sino abandonar a los miles de actores de la sociedad civil y a las millones de personas de todo el mundo cuyos derechos defienden y protegen.

Damini Satija

El gobierno chino, que casi ha conseguido suprimir en el país la sociedad civil y el debate público, tanto dentro como fuera de Internet, intenta sistemáticamente silenciar las voces críticas fuera del país, por ejemplo atacando a personas que estudian en el extranjero, disidentes y grupos de la diáspora en toda Asia, Europa y América del Norte. Amnistía Internacional ha documentado estas prácticas, que consideramos ejemplos claros de represión transnacional, en un informe de 2024 sobre la intimidación y la restricción de las libertades que sufren las personas de China y de Hong Kong que cursan estudios en el extranjero. China también presiona desde hace tiempo a países, organismos intergubernamentales y empresas de todo el mundo para que excluyan a las voces taiwanesas —tanto gubernamentales como de la sociedad civil— de los foros multilaterales y los debates y plataformas globales que se centran en los derechos humanos.

Además, el país se ha mostrado cada vez más interesado en influir en los debates globales, tanto en la ONU como en otros foros, sobre cómo deben gestionarse las tecnologías emergentes. Mientras, numerosos informes fidedignos indican que la IA y otras tecnologías se han estado utilizando en China para perpetrar graves violaciones de derechos humanos, por ejemplo contra el pueblo uigur y otros grupos étnicos de mayoría musulmana. A medida que aumentan las inversiones y las exportaciones de China en tecnología e infraestructuras también se incrementa el peligro de que estas herramientas puedan facilitar que se cometan violaciones similares en otros lugares.

El gobierno zambiano debe ahora explicar su papel en este fiasco, dado que los informes indican que el aplazamiento ha sido consecuencia de presiones diplomáticas de China. Este episodio aumenta la preocupación por la exportación de prácticas autoritarias, especialmente el apoyo de un gobierno para contener o silenciar las voces críticas de otro.

Esto es censura y un ataque directo a los derechos a la libertad de expresión, asociación y reunión pacífica. Es otra señal más, profundamente preocupante, de una deriva hacia prácticas autoritarias, un patrón que cada vez vemos con más frecuencia en otras partes del mundo.

Tigere Chagutah, director regional de Amnistía Internacional para África Oriental y Austral

“El gobierno de Zambia debe ahora hacer frente urgentemente a las acusaciones fundadas de injerencia extranjera y explicar de forma exhaustiva y transparente todas las razones que llevaron al aplazamiento de este evento. Esta suspensión de última hora plantea también graves preocupaciones respecto a la reducción del espacio de la sociedad civil en Zambia, y pone en duda el compromiso declarado de las autoridades con la participación de la sociedad civil, los derechos humanos y el respeto de sus obligaciones internacionales.”

Esta situación no ha surgido de la nada. En Zambia, la influencia de China se ve reforzada por la deuda y las grandes inversiones en infraestructuras, como la renovación del Centro Internacional de Convenciones del Mulungushi, donde estaba previsto que se celebrara RightsCon. Esta influencia se extiende también a sectores económicos clave, pues las empresas chinas desempeñan un papel importante en la minería del cobre, y se acentúa debido a los aproximadamente 5 mil millones de dólares estadounidenses a los que asciende la deuda de Zambia a China.

Faltan sólo tres meses para que haya elecciones generales en Zambia. El presidente Hakainde Hichilema, elegido en 2021 tras una campaña en la que prometía la renovación democrática, ha promulgado en los últimos años leyes sobre ciberseguridad que se han convertido en instrumentos de vigilancia y represión de la libertad de expresión.

Amnistía Internacional continuará vigilando atentamente los acontecimientos a medida que el país se acerca a las elecciones.

Información complementaria

Cada dos años, RightsCon reúne a la comunidad de derechos humanos, a responsables de políticas, asesores jurídicos, representantes gubernamentales, tecnólogos, figuras del mundo académico y periodistas de todo el mundo para abordar cuestiones acuciantes derivadas de la intersección entre la tecnología y los derechos humanos. Este año, la sede del evento era Lusaka (Zambia), e iba a ser la primera vez que se iba a celebrar en un país del África subsahariana.

En el programa de la conferencia había varios temas relacionados con China, como el trabajo forzoso de uigures en cadenas de suministro mundiales, el nexo autoritario entre China y Rusia, la vigilancia china, el alcance digital de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, la ciberseguridad “con características chinas” y la exportación de normas autoritarias. Además de integrantes de la sociedad civil taiwanesa, se esperaba la asistencia de miembros de grupos de la diáspora —hongkoneses, tibetanos y uigures—, y también de China continental.