Por Naomi Bernaldez, Campaigner del equipo para Centroamérica de Amnistía Internacional
Naomi participó en la campaña Escribe por los Derechos dedicada a Juan López y creó un collage con fragmentos de las más de 15.000 cartas enviadas desde distintas partes del mundo.
En este artículo comparte lo que significó llevar una muestra de esa solidaridad hasta Honduras y encontrarse con la familia y los compañeros de lucha de Juan.
Defender el agua le costó la vida
Juan López fue un padre, esposo y defensor hondureño de los derechos humanos y del medioambiente. Desde 2015, junto con otras personas de la comunidad de Tocoa, defendió los ríos Guapinol y San Pedro, los bosques y el Parque Nacional Carlos Escaleras Mejía frente a proyectos mineros y energéticos que amenazaban el ecosistema y la calidad del agua.
Juan y sus compañeros fundaron el Comité Municipal de Defensa de los Bienes Comunes y Públicos de Tocoa para cuestionar pacíficamente la legalidad de estos proyectos. Como consecuencia de su activismo, integrantes del Comité han sido objeto de amenazas, hostigamiento, criminalización y ataques.
El 14 de septiembre de 2024, Juan fue asesinado cuando salía de una iglesia en Tocoa. Su muerte dejó una ausencia irreparable para su familia y su comunidad, pero también una exigencia que continúa vigente: conocer toda la verdad de lo ocurrido y garantizar justicia en toda la cadena de responsabilidad.
El 14 de septiembre de 2024, Juan fue asesinado cuando salía de una iglesia en Tocoa. Su muerte dejó una ausencia irreparable para su familia y su comunidad…
Por eso, la historia de Juan fue seleccionada para Escribe por los Derechos, la campaña mundial de Amnistía Internacional que cada año moviliza a millones de personas para acompañar a quienes han sufrido violaciones de derechos humanos.
Un mensaje que viajó miles de kilómetros
La campaña por Juan reunió 332,381 acciones en todo el mundo.
En junio, viajé con otras colegas a Tegucigalpa para compartir un mensaje que había recorrido miles de kilómetros antes que nosotras mismas. En nuestras maletas llevábamos una parte de esas acciones. Era algo inmenso: una muestra de las más de 15,000 cartas de solidaridad escritas para la familia de Juan, sus colegas del Comité y el Bufete Justicia para los Pueblos, que les representan legalmente.
Durante meses había visto llegar estas cartas, unas tras otras, y había sido testigo del cariño, la esperanza y el compromiso que contenía cada palabra. Aun así, no fue hasta que sostuve una selección de aquellos mensajes camino a Honduras que dimensioné lo que realmente significaban.
Pensé en los miles de personas que habían dedicado unos minutos de su vida para escribirle o dibujar algo por alguien a quien nunca habían conocido. En un mundo que tantas veces parece marcado por la indiferencia, aquellas cartas eran la prueba de que la empatía sigue siendo capaz de cruzar fronteras.
Conforme avanzaba la campaña, sentí la necesidad de encontrar una forma de representar toda la solidaridad que llegaba desde diferentes partes del mundo. Así nació un collage elaborado con fragmentos de las cartas recibidas. Mientras lo creaba, descubrí algo profundamente conmovedor. Aunque cada carta era única, todos compartían una misma intención: acompañar, mostrar admiración por el legado de Juan y muchas simplemente querían hacer saber que había personas acompañando a la familia y colegas de Juan desde distintos rincones del mundo. El collage se convirtió en mucho más que una pieza visual; pasó a ser una representación de la fuerza de la solidaridad colectiva y un puente entre miles de personas.
Aunque cada carta era única, todos compartían una misma intención: acompañar, mostrar admiración por el legado de Juan y muchas simplemente querían hacer saber que había personas acompañando a la familia y colegas de Juan desde distintos rincones del mundo.
Sin embargo, el verdadero significado de las cartas y del collage solo cobró vida cuando nos encontramos en Honduras con toda la gente a la que estaban destinadas estas cartas. Fue entonces cuando comprendí que lo que llevamos era más que papel y tinta: eran miles de voces unidas a su lucha, que honran su historia de resistencia y les recuerdan que, incluso a miles de kilómetros de distancia, hay personas que creen en la justicia y caminan a su lado.
La entrega estuvo cargada de emoción. No era posible llevar físicamente las 15,000 cartas en un solo viaje, pero sí podíamos compartir una parte de ese inmenso movimiento de solidaridad que se había construido alrededor de su causa.
La jornada continuó en el Bufete Jurídico para los Pueblos Indígenas, donde instalamos un mural en homenaje a la lucha que Juan López representó. Después compartimos un breve acto junto al Comité. Fue un momento sencillo, pero profundamente significativo. No hicieron falta grandes discursos. La memoria, el compromiso y la determinación de quienes han sostenido esta lucha durante años estaban presentes en cada conversación, en cada abrazo y en cada mirada.
Recuerdo observar el mural recién instalado, las cartas, el collage y a las personas reunidas alrededor de ellos. Allí entendí algo que a veces corremos el riesgo de olvidar en nuestro trabajo diario: las campañas no terminan cuando se envía una acción. Detrás de cada carta existe una persona que decidió dedicar tiempo, atención y esperanza a otra persona. Y cuando esos mensajes llegan a su destino, la solidaridad deja de ser una idea abstracta para convertirse en algo tangible.
Al final del día, sentí que habíamos viajado para entregar algo, pero regresábamos habiendo recibido mucho más. Recibimos una lección de perseverancia, de comunidad y de humanidad. Aprendimos que un gesto tan sencillo como escribir una carta puede convertirse en una fuente de fuerza para quienes enfrentan desafíos enormes.
Las más de 15,000 cartas recibidas, el collage construido con sus palabras y el mural instalado en Honduras son expresiones distintas de una misma verdad: la solidaridad tiene el poder de atravesar fronteras, idiomas y distancias. Y cuando miles de personas deciden actuar juntas, ninguna lucha tiene que librarse en soledad.
Como todavía no llega la justicia para Juan, se necesitan más personas alzando la voz para lograr una investigación inmediata, independiente e imparcial sobre su asesinato y que todas las personas responsables sean llevadas ante la justicia en juicios justos.


