
Por Donatella Rovera, asesora general de Respuesta a la Crisis de Amnistía Internacional
En un hospital de campaña, del cual no diré el nombre por motivos de seguridad —ya han sido bombardeados demasiados hospitales de campaña— Abdo al Dik, un niño de 7 años, temblaba como una hoja y gemía de dolor a causa de las profundas heridas que presentaba en el abdomen y las piernas.
Sus familiares acababan de recoger el cadáver de su hermano Nizar, de 3 años, para enterrarlo. Otro hermano, Subhi, de 8 años, seguía desaparecido a las 6 de la tarde.
En la misma habitación del hospital, Mustafa Ali, de seis años, yacía en la cama con heridas de metralla en la cabeza, el cuello y los hombros —estaba solo esperando que alguno de sus familiares viniese a buscarlo—. Me contó que visitaba a sus familiares cuando se produjo el ataque aéreo. Un vecino dijo que los familiares del niño habían resultado gravemente heridos y no sabía si habían sobrevivido.
En otra habitación, Fahad, un niño de 9 años que tenía una grave herida de metralla en la pierna izquierda, no dejaba de repetir: “Baba (padre), no quiero morir, quiero irme a casa”. Tuvo suerte, sin embargo, ya que su herida era relativamente de poca importancia, comparada con las de otros niños que vi.
Estos niños son algunas de las víctimas de un ataque con múltiples bombas de racimo lanzado en la mañana del viernes 1 de marzo contra una zona residencial densamente poblada de Alepo.
En el ataque murieron al menos 19 personas y más de 60 resultaron heridas —hasta dentro de unos días no sabremos el número definitivo de muertos y heridos, puesto que algunas familias huyeron de la zona por temor a que se produjesen nuevos ataques—. Los heridos más graves fueron evacuados a hospitales de Turquía y los demás están recibiendo tratamiento en diversos hospitales de campaña levantados alrededor de la ciudad. Muchas de las víctimas fueron niños y niñas que jugaban en los callejones y jardines de la urbanización.
El ataque se produjo sobre las 11:30 de la mañana. Llegué a Alepo poco después y me dirigí a la zona, el distrito de Masaken Hanano, al este del centro de la ciudad. La situación era mucho peor de lo que los primeros informes indicaban.
La fuerza aérea siria lanzó nueve bombas de racimo RBK, de fabricación soviética, —cada una de las cuales llevaba hasta 150 submuniciones de racimo— en medio de una gran urbanización. Encontré una bomba a ocho metros de la entrada principal de uno de los edificios, tres en un pequeño jardín entre las edificaciones, una en un tejado, dos en un pequeño espacio vacío entre los edificios, otra en medio de un callejón y otra más en otro jardín.
También encontré por toda la zona submuniciones de racimo (pequeñas bombas) que no habían explotado: en los tejados de los edificios, en las aceras, los callejones y los jardines entre los edificios. Integrantes de grupos armados de la oposición que controlan la zona llenaron rápidamente un saco con las pequeñas bombas sin explotar que se hallaban desperdigadas por la zona. Las paredes de los edificios estaban llenas de agujeros causados por la metralla, y por aquí y por allá había agujeros por los que las mortíferas bombas habían atravesado las paredes para acabar explotando en el interior de las viviendas.
Noura, una mujer de 20 años que encontré en uno de los hospitales, me contó que resultó herida en su apartamento. Su hermana, que estaba a su lado, me preguntó: “¿Por qué el mundo no hace nada, mientras las bombas siguen destrozándonos cada día, incluso en casa?”.
No supe qué responder.
Quienquiera que ordene que se cometan estos despiadados ataques indiscriminados —en los que se emplean incluso bombas de racimo prohibidas internacionalmente—, así como los pilotos que lanzan las bombas, cometen estos actos sabiendo que matarán y mutilarán a niños y niñas y otros civiles que nada tienen que ver con el conflicto.
Deben saber también que un día tendrán que rendir cuentas por cometer estos crímenes de guerra.
Más información:
From ‘Days of Rage’ to raging conflict – Two years of turmoil in Syria (artículo de la revista Wire , marzo/abril 2013)Siria: Nuevos datos indican que la población civil es la principal víctima de los ataques indiscriminados (comunicado de prensa, 19 de septiembre de 2012)
Siria: Nuevas pruebas de los continuos crímenes contra la humanidad cometidos por las fuerzas armadas (comunicado de prensa, 13 de junio de 2012)


