Te doy la bienvenida

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Personas de todo el mundo están haciendo gestos sencillos para que quienes acaban de llegar se sientan bien recibidos en sus comunidades.

Vivimos en un mundo en el que hay gente a quien no le queda otra opción más que huir de su hogar y su país, y confían en la amabilidad de personas extranjeras para que les ayuden a comenzar de cero.

Nuestros gobiernos no están haciendo lo suficiente. Muchos de ellos retienen a esas personas refugiadas en campos inseguros y se niegan a ayudar a otros tantos millones de personas refugiadas.

Sin embargo, hay muchísimas cosas que todavía podemos hacer.

Súmate al movimiento de personas que se están uniendo para dar la bienvenida a las personas refugiadas con sus propias acciones. Da igual si es agregando tu voz a una petición, emprendiendo alguna acción en tu entorno local o llevando a cabo algo que para ti es especial, nos encantaría seguir en contacto y ver qué podemos hacer juntos.

Porque juntos somos poderosos.

Cuando la gente se une, pasan cosas extraordinarias.

Actualmente hay un número sin precedentes de personas de todo el mundo que se han visto obligadas a huir de sus hogares.

En vez de mostrar una verdadera capacidad de liderazgo y acoger a estas personas refugiadas, la mayoría de los países les están dando con la puerta en las narices.

Las naciones más ricas del mundo dejan que un puñado de países se ocupen solos de casi toda la población refugiada mundial (más de 22 millones de personas). Entretanto, poderosas fuerzas políticas y mediáticas manipulan la realidad y deshumanizan a estas personas, presentándolas como “ilegales”, o como invasores sin rostro que suponen una amenaza para la seguridad.

Sin embargo, la realidad es que nuestros líderes incumplen su obligación de proteger a quienes huyen del terror y la persecución. Y que cada día que pasa, su indecisión y su pasividad causan un inmenso sufrimiento humano.

Si no podemos confiar en nuestros políticos para cambiar el mundo, lo haremos por nuestros propios medios.
Wissam, refugiada siria residente en Toronto, y Janet Dowler se abrazan en un parque de la ciudad. © Stephanie Foden/Amnesty International

Una oportunidad para volver a empezar

Una encuesta de 2017 sobre las actitudes de la población joven mundial reveló que el 87 % de esos jóvenes está dispuesto a dar la bienvenida a la población refugiada en sus países, sus comunidades, e incluso sus hogares.

Aunque el entorno político pueda ser profundamente hostil, Amnistía Internacional sigue siendo un movimiento de personas convencidas de que lo que nos une es mucho más fuerte que lo que nos separa

Por eso, promovemos iniciativas populares, como el patrocinio comunitario. No hay que esperar a que los gobiernos se pongan de acuerdo para compartir la responsabilidad de soluciones importantes, tales como el reasentamiento.

Porque en este momento, personas de todo el mundo están colaborando entre sí, a título particular, para dar la bienvenida a la población refugiada: sencillamente, porque empatizan con hombres y mujeres que lo han perdido todo, y desean crear comunidades abiertas y acogedoras en las que vivir.

Felpudos de “bienvenida” colocados por activistas frente al Parlamento en La Haya para mostrar su apoyo a las personas refugiadas. © Amnesty International

Ha llegado el momento

Casi todos los líderes del mundo están dando la espalda a la población refugiada. En México y Estados Unidos, detienen a quienes huyen de la violencia extrema que asola Centroamérica. En Kenia, obligan a regresar a una peligrosa zona en conflicto a la población somalí que lleva años —o decenios— exiliada en el país.

Numerosos países europeos impiden a los refugiados y refugiadas pedir asilo, con lo que miles de ellos se ven en la necesidad de poner en peligro su vida para atravesar el Mediterráneo. Y por su parte, Australia encierra a quienes huyen de la tortura y la persecución en islas remotas, donde sufren terribles abusos y abandono.

Todo esto tiene que cambiar ya. Depende de cada uno y cada una de nosotros, y de todos a la vez.

Juntos, podemos abrir camino, haciendo algo concreto en este momento —aunque sea un pequeño gesto— para dar la bienvenida a las personas refugiadas en nuestras comunidades: desde firmar una petición a pronunciarnos en favor de los derechos de la población refugiada o apuntarnos a un grupo comunitario que la apoye.

Porque la solución a la crisis mundial de refugiados empieza con estas sencillas palabras: Doy la bienvenida a las personas refugiadas.

¿Qué pide Amnistía Internacional?

Todos los países pueden contribuir a proteger a las personas refugiadas mediante una solución denominada reasentamiento, y otras rutas seguras y legales. El reasentamiento puede proteger a las personas refugiadas más vulnerables: las que han sido torturadas, por ejemplo, o las mujeres en constante peligro de sufrir abusos. Las rutas seguras y legales son otras “vías” que conducen a la seguridad, y que los gobiernos pueden abrir en situaciones de emergencia, como la crisis de refugiados sirios. Los gobiernos pueden ofrecer:

Brindar estas oportunidades a un número mucho mayor de personas refugiadas les permitirá viajar a nuevos países de acogida de un modo seguro y organizado.

Comprometiéndose al reparto de responsabilidades con respecto a la protección de las personas refugiadas, los gobiernos pueden demostrar un verdadero liderazgo, invertir en las vidas y en el futuro de la gente y sacar lo mejor que hay en cada ser humano.

© Amnesty International

La crisis de refugiados en cifras

+22,3 mill.

personas refugiadas en todo el mundo en agosto de 2017

84%

personas refugiadas que viven en regiones en desarrollo

110.000

personas refugiadas a las que se reasienta anualmente

© Getty Images

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