El jefe Dsta’hyl (también conocido como Adam Gagnon), jefe de rama del clan Likhts’amisyu de la nación Wet’suwet’en, fue injustamente arrestado y sometido a detención domiciliaria en 2024 por defender pacíficamente la tierra y los derechos del pueblo wet’suwet’en frente al proyecto de expansión del gasoducto Coastal GasLink. Fue la primera persona designada como preso de conciencia por Amnistía Internacional en Canadá.
Amnistía Internacional ha pedido al gobierno de Columbia Británica que garantice que se deja de criminalizar a los integrantes de la comunidad wet’suwet’en y a otros defensores y defensoras indígenas de las tierras. Aquí, el jefe Dsta’hyl reflexiona sobre su labor crítica para proteger las tierras y los derechos del pueblo Wet’suwet’en y el medioambiente del que todos dependemos.
Esta tierra no nos pertenece. Nosotros pertenecemos a la tierra. Somos parte del agua, la tierra, el aire… somos parte de todo. La tierra y los wet’suwet’en son muy espirituales. Mi madre me dijo una vez que en el momento en que aceptas el nombre de un jefe wet’suwet’en, ya no eres dueño de tu persona. A partir de ese día sólo actúas en el mejor interés de tu pueblo… y todo lo que tiene que ver con vivir en la tierra y ser parte de la tierra.
En la década de 1950, nuestras tierras se destinaron a reservas, nos asignaron nombres ingleses y nos convirtieron en “indígenas legales”; hicieron que pareciera que nos daban algo, cuando en realidad nos lo estaban quitando todo. Antes teníamos decenas de miles de caribúes (renos) en nuestro territorio, pero el gobierno y la industria que vino detrás los ahuyentaron. En nuestro territorio hay recursos subterráneos por valor de cientos de miles de millones de dólares, y quieren hacerse con ellos.
Defender nuestra tierra no debería ser delito
Para los pueblos indígenas en primera línea como los wet’suwet’en, el coste de los combustibles fósiles no es teórico. Durante años hemos visto al gobierno canadiense y a las empresas del sector de los combustibles fósiles abrirse paso en territorio wet’suwet’en, no sólo con maquinaria para construir un gasoducto de gas natural licuado sino también con un sistema jurídico que se niega a reconocer nuestras leyes, autoridad y derechos indígenas.
Cuando me declararon culpable la primera vez y me enfrenté a arresto domiciliario por defender el yin’tah (territorio wet’suwet’en) frente a la construcción del gasoducto, caí en depresión durante tres meses porque el tribunal había resuelto que yo no podía salir a nuestro territorio para hacer lo que tenía que hacer: proteger la tierra y su fauna. Todas las empresas lo ven como un terreno vacío, no entienden la tierra.
El coste (real) de los combustibles fósiles
El pueblo wet’suwet’en sabe desde hace décadas que se está exigiendo demasiado a la tierra. Reforestar un bosque talado no restaura lo que se quitó en el proceso de establecer el gasoducto Coastal GasLink que atraviesa nuestro territorio. Los árboles tardan de 60 a 70 años en madurar, y ni siquiera entonces se recupera plenamente el ecosistema. Los microhábitats desaparecen. Si nuestros 22.000 kilómetros cuadrados de territorio fueran plenamente reconocidos como territorio Wet’suwet’en, decidiríamos lo que se extrae y lo que está protegido, y perderían el control.
El impacto del gasoducto Coastal GasLink no termina en el lugar de las obras. Las estaciones compresoras, nueva infraestructura del gasoducto que la empresa quiere construir en nuestra tierra, traerán ruido continuo de baja frecuencia y contaminación lumínica que invade lo que debería ser un entorno natural oscuro. Los animales son profundamente sensibles al ruido y a la luz. Son daños a largo plazo que no se tienen en cuenta de manera significativa en una evaluación ambiental.
Un sistema destinado a facilitar la extracción
Cuando se dictó mi sentencia condenatoria, un juez me dijo que la ley wet’suwet’en y la legislación colonial no pueden coexistir. Eso significa que los tribunales, que supuestamente son neutrales, ya han decidido qué leyes importan y cuáles no. Piensen en lo que significa que un juez diga esto: que ninguna persona indígena que defienda su territorio puede esperar tener un juicio justo. Significa que las leyes de aquellas personas cuyos derechos nunca han dejado de existir serán desestimadas por completo.
Eso no es justicia. Es la continuación de un sistema destinado a facilitar la extracción, no la rendición de cuentas.
En 1997, la decisión del Tribunal Supremo de Canadá sobre el caso Delgamuukw afirmó la estructura de gobernanza hereditaria del pueblo wet’suwet’en y resolvió que cualquier proyecto importante en nuestro territorio debía ser aprobado por nuestros jefes hereditarios. Esta sentencia tenía que haber guiado todas las decisiones sobre el gasoducto Coastal GasLink y las operaciones de LNG Canada. Sin embargo, el gobierno está actuando como si la sentencia no existiera.
Cuando planteamos el precedente de Delgamuukw ante el tribunal, el juez lo desestimó como irrelevante para la medida cautelar y en su lugar nos penalizó por defender nuestro territorio no cedido. Pero esta batalla jurídica va mucho más allá de un arresto.
Eso no es justicia.
Jefe Dsta’hyl, jefe de rama del clan Likhts’amisyu de la nación Wet’suwet’en
Es la continuación de un sistema destinado a facilitar la extracción, no la rendición de cuentas.
Pisotear nuestros derechos no es liderazgo climático
Pedimos a los tribunales que hagan valer el principio básico de la buena gobernanza, algo que Canadá predica por sistema pero rara vez practica cuando se trata de obtener beneficios de los combustibles fósiles. Es una elección política impulsada por la presión del sector y el deseo de acceder a nuestro territorio sin nuestro consentimiento.
Canadá no puede llamarse a sí mismo líder climático ni defensor de los derechos humanos mientras pisotea las leyes indígenas, silencia la soberanía indígena y acelera la expansión de los combustibles fósiles.
La tierra está sufriendo. Nuestro pueblo está sufriendo. Y, si el sistema no cambia, no serán las empresas las que paguen el precio. Seguiremos siendo nosotros.
Cada contribución ayuda a oponer resistencia
Desde 2019 hemos librado una causa climática frente al gobierno federal. Se ha suspendido en tres ocasiones y hemos presionado para que siga adelante.
Hemos tomado la iniciativa de la resistencia durante muchos años frente a la colonización y el abuso del poder de los gobiernos sobre los pueblos indígenas en todo el mundo. Tenemos equipos defensores trabajando a jornada completa, y organizaciones que nos brindan su apoyo.
Amnistía Internacional ha dado a conocer ampliamente nuestra situación, no tenemos palabras para agradecerle todo el trabajo que ha hecho. Solía escuchar programas de la CBC a los que iban personas de Amnistía a hablar; los escuchaba continuamente. Otras organizaciones también han ayudado a los pueblos indígenas, distintas fundaciones que han hecho sus aportaciones para ayudarnos en nuestros planes para reclamar nuestro territorio. Necesitamos que esta clase de ayuda continúe; cada contribución ayuda a oponer resistencia a la colonización.
Los combustibles fósiles es una industria en declive, y tiene que parar. El mundo solía utilizar aceite de ballena hasta que aparecieron los combustibles fósiles; entonces terminó la matanza de ballenas. Cuando General Motors lanzó su primer vehículo eléctrico, la gran industria del petróleo presionó para librarse de él. En realidad sólo necesitamos seguir avanzando con la acción climática y conservar el optimismo.
Cada avance relacionado con el clima —ya sea a través del nuevo proyecto de resolución de la ONU sobre el cambio climático presentado por las islas del Pacífico, basado en la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, o de la ayuda de Amnistía o de los abogados— supone una gran diferencia, sobre todo en el frente internacional. Se están sacrificando nuestras leyes, nuestra tierra, nuestra fauna, nuestra salud, nuestra gobernanza y nuestro futuro para que las empresas obtengan beneficios y los gobiernos puedan eludir su obligación de hacer frente a la crisis climática.
A veces puede parecer inútil, pero todos tenemos que hacer nuestra parte por toda la humanidad.
Cada avance relacionado con el clima —ya sea a través del nuevo proyecto de resolución de la ONU sobre el cambio climático presentado por las islas del Pacífico, basado en la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia, o de la ayuda de Amnistía o de los abogados— supone una gran diferencia.
Jefe Dsta’hyl
El conocimiento es poder.
Descubre cómo actuar contra los combustibles fósiles
Personas en todo el mundo están exigiendo el final de los combustibles fósiles. Las comunidades de primera línea están oponiendo resistencia y tú puedes unirte a ellas.


