África: La “tercera lucha” por la libertad

En 1948, cuando la ONU adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos, gran parte de África seguía inmersa en su primera lucha, la lucha por liberarse del gobierno colonial. Sólo hubo tres países africanos presentes en la votación de la ONU: Egipto, Etiopía y la Sudáfrica del apartheid, que se abstuvo.

Tras la independencia llegó la lucha por garantizar los derechos humanos en la ley y en la práctica, a menudo en un contexto de Estados monopartidistas, represión brutal y persecución de la disidencia.

Actualmente, esta lucha dista mucho de haberse ganado, pero en los decenios transcurridos se han producido avances extraordinarios.

Gracias al infatigable trabajo de campaña llevado a cabo por defensores y defensoras de los derechos humanos, a menudo con grave peligro de su integridad, los principios fundamentales de la Declaración Universal de Derechos Humanos —incluida la libertad para vivir sin temor y sin miseria— están consagrados en tratados regionales de derechos humanos, entre los que figura la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos, así como en la legislación nacional de la mayoría de los países africanos, si no de todos.

Pero la lucha continúa: una “tercera” lucha feroz para que las leyes nacionales y los compromisos y obligaciones en materia de derechos humanos no se queden en papel mojado. Aunque los países del África subsahariana se han convertido en expertos en el uso del lenguaje de los derechos humanos, en 2018 demasiados de ellos han seguido reprimiendo brutalmente la disidencia y restringiendo el espacio en el que las personas y las organizaciones puedan defender los derechos humanos.

Eskinder Nega, periodista etíope

En 2018 me han dejado en libertad […] porque la gente ha exigido la libertad de los activistas, periodistas y blogueros detenidos.  

Intimidaciones y hostigamiento promovidos por el Estado

En el sur del continente, las personas críticas con el gobierno de Zambia han sido hostigadas y falsamente acusadas. El ejemplo más destacado es el juicio aún en curso contra seis activistas, entre quienes se encuentra el rapero Fumba Chama (también conocido como Pilato), que fueron detenidos en septiembre por protestar contra los exorbitantes niveles de gasto del gobierno.

Mozambiqueimpuso unas tasas de acreditación prohibitivasa periodistas y medios de comunicación en julio, en un intento de reprimir el periodismo independiente. En marzo, el periodista Ericino de Salema fue secuestrado y golpeado, lo que contribuyó a alimentar el creciente clima de temor. Las condenas condicionales impuestas a Raleva y Christopher Manenjika, confirmadas en apelación en mayo y junio, respectivamente, son un ejemplo de la persecución constante que sufren quienes se dedican al activismo medioambiental en Madagascar.

En Níger, los destacados activistas Moussa Tchangari, Ali Idrissa, Nouhou Arzika y Lirwana Abdourahmane fueron detenidos en marzo por organizar protestas contra una nueva ley económica. Lirwana Abdourahmane continúa en prisión. Las autoridades de Sierra Leonasiguen restringiendo las manifestaciones pacíficas,mientras los homicidios de manifestantes a manos de la policía quedan impunes. En Togo, las autoridades detuvieron a activistas en favor de la democracia, entre ellos a Atikpo Bob en enero. Naïm Touré, ciberactivista en Burkina Faso, fue condenado a dos meses de cárcel en julio por una publicación en Facebook. En Mauritania, en vísperas de las elecciones parlamentarias de septiembre, se detuvo a periodistas y activistas contra la esclavitud, como Biram Dah Abeid, que permanece detenido.

En otros lugares del África subsahariana persiste esta constante de intimidación y hostigamiento contra defensores y defensoras de los derechos humanos promovida por el Estado. Por ejemplo, en Uganda se produjeron nuevos ataques contra la libertad de expresión mediante un impuesto al uso de las redes socialesintroducido en julio, y se detuvo a varios parlamentarios y parlamentarias tras participar en una marcha de protesta

En Sudán se detuvo arbitrariamente a figuras de la oposición y defensores y defensoras de los derechos humanos, incluidos 140 activistas detenidos en enero y febrero tras unas protestas esporádicas por la subida del precio de los alimentos y los medicamentos.

En Sudán del Sur se ha seguido deteniendo arbitrariamente a activistas de la sociedad civil, como el defensor de los derechos humanos Bashir Ahmed Mohamed Babiker, arrestado en agosto.

Eritrea continuó con su política de tolerancia cero con cualquier forma de disidencia o libertad de los medios de comunicación. En septiembre, Berhane Abrehe, exministro de Economía, pasó a engrosar las filas de los miles de presos y presas de conciencia y otras personas detenidas, tras publicar un libro en el que abogaba por una transición pacífica a la democracia.

En República Democrática del Congo hubo una represión generalizada de las protestas pacíficas, que se saldó con un gran número de personas muertas y heridas, y con la imposición, en septiembre, de una pena de 12 meses de prisión a cuatro activistas en favor de la democracia, miembros del movimiento ciudadano Filimbi.

En Camerún, el líder de la sociedad civil Franklin Mowha fue sometido a presunta desaparición forzada mientras realizaba una visita de investigación en el suroeste del país para documentar el desplazamiento interno y la negación de justicia. Su caso ilustra la brutal represión ejercida por el gobierno, que suprime la información relativa a los enfrentamientos entre el ejército y grupos armados separatistas que están teniendo lugar en las regiones anglófonas.

A nivel de órganos continentales también son evidentes el retroceso en materia de derechos humanos y las medidas regresivas para restringir el espacio en el que las personas pueden defender sus derechos. La independencia y la autonomía de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos —principal órgano africano creado en virtud de un tratado regional de derechos humanos— sufrieron un grave revés en agosto, cuando la Comisión revocó la condición de observadora a la Coalición de Lesbianas Africanas, una organización de la sociedad civil registrada en Sudáfrica. La medida se adoptó tras la enorme presión política ejercida por el Consejo Ejecutivo de la Unión Africana.

No todo son malas noticias para los defensores y defensoras de los derechos humanos

Con todo, a pesar de los desafíos generalizados, ha habido algunas buenas noticias para los defensores y defensoras de los derechos humanos en África.

En unos pocos países, el cambio de liderazgo ha impulsado mejoras notables. En Etiopía, miles de personas fueron puestas en libertad en la primera mitad de 2018, entre ellas Eskinder Nega, destacado periodista y preso de conciencia encarcelado desde 2011 por cargos falsos de terrorismo. El nuevo primer ministro, Abiy Ahmed, introdujo nuevas reformas, tales como levantar la prohibición de varios partidos políticos de oposición, emprender la reforma de leyes represivas y eliminar las restricciones arbitrarias a sitios web y grupos de medios de comunicación digitales. No obstante, también se han producido importantes retrocesos. Las cárceles se volvieron a llenar en septiembre cuando la policía arrestó a más de 3.000 jóvenes y detuvo arbitrariamente a más de 1.000 en Adís Abeba, incluidos manifestantes pacíficos, alegando que estaba conteniendo el “aumento de la delincuencia”.

En un contexto de iniciativas sin precedentes para abordar la corrupción endémica en Angola tras la llegada en 2017 de João Lourenço a la presidencia, largo tiempo ocupada por Eduardo dos Santos, los defensores y defensoras de los derechos humanos han visto señales alentadoras de protección, entre ellas las sentencias absolutorias de los destacados periodistas Rafael Marques de Morais y Mariano Brás en julio. Sin embargo, no se han adoptado medidas para investigar los abusos contra los derechos humanos cometidos en el pasado por las fuerzas de seguridad.https://advox.globalvoices.org/2018/08/06/landmark-ruling-in-angola-acquits-journalist-rafael-marques-of-all-charges/

Ha habido otras victorias significativas para los defensores y defensoras de los derechos humanos, como la liberación en abril de Tadjadine Mahamat Babouri, conocido como Mahadine, detenido en septiembre de 2016 y sometido a tortura en prisión por publicar en Internet críticas a la presunta mala gestión de fondos públicos por parte del gobierno de Chad. Entretanto, gracias a la presión internacional quedó en libertad el dibujante y activista de Guinea Ecuatorial Ramón Esono Ebalé, que llevaba seis meses en la prisión de Malabo.

En Sudán, el profesor Matar Younis quedó en libertad en julio tras pasar más de tres meses en prisión por criticar las prácticas inhumanas del gobierno en Darfur. En Ruanda, Victoire Ingabire, lideresa de la oposición encarcelada, fue indultada por el presidente en septiembre. No obstante, en ambos países se sigue deteniendo a oponentes o supuestos oponentes políticos.

Personas corrientes: valentía extraordinaria

Con todo, la mejor noticia de todas es la extraordinaria valentía mostrada por personas corrientes en toda África, entre las que figuran incontables y valientes defensoras de los derechos humanos, que son ejemplo de resiliencia ante la represión. Mujeres como Wanjeri Nderu, que encabeza una campaña contra las ejecuciones extrajudiciales en Kenia; Nonhle Mbuthuma, activista de los derechos a la tierra en Sudáfrica, que sigue trabajando en favor de su comunidad a pesar de haber sido maltratada por la policía en una manifestación en septiembre; y Aisha Yesufu y Obiageli “Oby” Ezekwesili, de Nigeria, cofundadoras del movimiento #BringBackOurGirls, detenidas en enero durante una sentada en la capital, Abuya.

No cabe duda de que son tiempos difíciles para los defensores y defensoras de los derechos humanos en el África subsahariana, y en todo el mundo. Aunque su labor sigue siendo peligrosa, también ha demostrado su efectividad. Este año ha quedado de manifiesto que los gobiernos africanos responden a la presión pública. Incluso en un contexto cada vez más hostil, los defensores y defensoras de los derechos humanos del continente, con su valentía, dedicación y abnegación, están manteniendo los derechos humanos en un lugar destacado de la agenda regional. En el 70 aniversario de la Declaración Universal, es imperativo que reconozcamos sus victorias, su resiliencia y su coraje.