Somalia: Las autoridades y la comunidad internacional desatienden a miles de personas desplazadas por el clima. Nuevo informe

Las autoridades somalíes y la comunidad internacional han fracasado repetidamente a la hora de proteger a la población de las comunidades afectadas por la sequía en el sur de Somalia, dejándola expuesta a violaciones de sus derechos a la alimentación, el agua, la familia, la salud y la vida; así lo afirma Amnistía Internacional en un nuevo informe.

En No rain, no food, no animals: The human rights impact of drought and displacement in Somalia, la organización documenta que la sequía asociada al cambio climático, sumada al conflicto y la marginación, obligó a miles de personas a reubicarse en campos para personas internamente desplazadas, primero en el sur de Somalia y después en Kenia —en el campo de Dadaab— entre 2020 y 2023. Durante esos arduos desplazamientos, las autoridades somalíes no les proporcionaron ayuda humanitaria, incluidos servicios médicos y alimentación.

Somalia está en primera línea del cambio climático inducido por la acción humana. Dado que Somalia es el séptimo país del mundo más vulnerable al clima, sus autoridades, con el apoyo de la comunidad internacional, deben abordar con urgencia la marginación de las comunidades del sur del país gravemente afectadas por el calentamiento global, cuya causa principal es la quema de combustibles fósiles.

Tigere Chagutah, director regional de Amnistía Internacional para África Oriental y Austral

“Somalia está en primera línea del cambio climático inducido por la acción humana. Dado que Somalia es el séptimo país del mundo más vulnerable al clima, sus autoridades, con el apoyo de la comunidad internacional, deben abordar con urgencia la marginación de las comunidades del sur del país gravemente afectadas por el calentamiento global, cuya causa principal es la quema de combustibles fósiles”, ha manifestado Tigere Chagutah, director regional de Amnistía Internacional para África Oriental y Austral.

“La contribución de Somalia al calentamiento global es insignificante, y sin embargo su población está sufriendo las peores consecuencias de la crisis climática mientras se enfrenta a una situación prolongada de conflicto y pobreza. Los países de ingresos altos, en particular los que tienen mayor responsabilidad en el cambio climático, deben tomar medidas y cumplir con su obligación de ayudar a Somalia a adaptarse a los efectos del cambio climático.”

El informe se basa en entrevistas realizadas a 177 personas residentes en el campo para personas refugiadas de Dadaab entre septiembre de 2024 y marzo de 2025. Además, Amnistía entrevistó a proveedores de servicios de emergencia, personal de ayuda humanitaria, representantes gubernamentales y especialistas en cambio climático que trabajaban en Somalia o tenían conocimientos y experiencia de la vulnerabilidad del país a la sequía y el cambio climático.

“Todo se secó”

La sequía pertinaz en el sur de Somalia desde 2022, agravada por el cambio climático inducido por la acción humana, se ha combinado con otros factores, entre ellos el conflicto prolongado, para causar desplazamientos masivos. Al secarse las fuentes de agua, la población se ha visto obligada a consumir agua contaminada, lo que ha favorecido la propagación de enfermedades de transmisión hídrica como el cólera. La gente tenía que desplazarse hasta 1.000 kilómetros para recibir tratamiento debido a la escasez de centros de salud en la región.

También debido a la sequía, el precio de los alimentos se disparó un 160% respecto a los niveles anteriores a 2020 en toda Somalia. Esto, sumado al agotamiento de las reservas alimentarias, la sequía de las tierras de cultivo y la reducción de los ingresos, hizo que no hubiera comida disponible y accesible, lo que causó desnutrición e inseguridad alimentaria generalizadas y, como consecuencia, más desplazamiento de población. Finalmente, la sequía fue declarada catástrofe nacional en noviembre de 2021.

A pesar de esta crisis de salud creciente, Somalia no ha cumplido su obligación de garantizar los derechos humanos de las personas afectadas por la sequía al no elevar al 15% la partida presupuestaria de salud —actualmente fijada en menos del 5% del gasto público total— como establece la Declaración de Abuya, en la que los países de la Unión Africana se comprometen a incrementar su presupuesto nacional en materia de salud.

La escasez de recursos y el conflicto en curso no sirven de excusa para incumplir las obligaciones internacionales y no acometer la acción gubernamental necesaria; Somalia cometió un error al cruzarse de brazos. Al declarar la sequía como catástrofe nacional, las autoridades debieron asegurarse de que disponían de recursos suficientes para proteger a la población afectada por la sequía, incluso solicitando ayuda internacional extraordinaria”, ha dicho Tigere Chagutah.

Fadumo*, una mujer de 53 años con ocho hijos de Xabaalo Barbar (distrito de Baydhabo), contó a Amnistía que, tras años de lluvias irregulares y sequía, abandonó su granja y se trasladó a un campo para personas internamente desplazadas de la capital, Mogadiscio, porque no tenía comida ni agua. La única agua disponible, sucia y salobre, procedía de un pozo situado a 24 horas andando o en carro tirado por burros. Al no encontrar trabajo en Mogadiscio, se mudó a Dadaab.

Amnistía concluyó que las autoridades somalíes no evitaban la separación familiar ni el abandono de niños y niñas o personas mayores y con problemas médicos durante el desplazamiento inducido por la sequía.

Bile*, un agricultor de 33 años con ocho hijos de Fargarow (Jilib), contaba que sus progenitores habían muerto cuando él tuvo que mudarse a Dadaab:

“Cuando vino la sequía, todo se secó. Yo tenía ocho hijos, mi esposa y mis padres, que eran ancianos y dependían de mí. Así que, cuando vino la sequía, no tardamos en agotar la comida que teníamos almacenada. Decidí mudarme con mis hijos y mi esposa en 2023. Mis padres, sin embargo, sucumbieron al hambre tras dejarlos en Jilib ya que yo era su único sostén.”

Debido a la ausencia de sistemas de alerta temprana, las inundaciones también destruyeron graneros subterráneos, lo que causó aún mayor inseguridad alimentaria durante la sequía.

Cuando vino la sequía, todo se secó. Yo tenía ocho hijos, mi esposa y mis padres, que eran ancianos y dependían de mí. Así que, cuando vino la sequía, no tardamos en agotar la comida que teníamos almacenada. Decidí mudarme con mis hijos y mi esposa en 2023. Mis padres, sin embargo, sucumbieron al hambre tras dejarlos en Jilib ya que yo era su único sostén.

Bile*, agricultor somalí

“Las autoridades somalíes deben adoptar con urgencia políticas de resiliencia frente al cambio climático que también aborden las pérdidas y daños resultantes que hemos observado en las comunidades más vulnerables del sur y el centro de Somalia”, ha dicho Tigere Chagutah.

Desplazamientos múltiples

Muchas personas internamente desplazadas dijeron que habían tenido que desplazarse más de una vez, primero a campos o asentamientos informales en el sur de Somalia, donde había algunos servicios públicos disponibles y presencia de varias ONG. Sin embargo, dado que muchos de estos sitios se encuentran en zonas de alta vulnerabilidad climática, hubo más desplazamientos debido a la sequía o las inundaciones.

Mientras el número de personas internamente desplazadas en el sur de Somalia se disparaba, los actores humanitarios carecían de recursos adecuados para abordar sus necesidades, lo que obligó a la gente a trasladarse a Dadaab.

El viaje a Dadaab, en la frontera de Somalia con Kenia, es largo y penoso. Dependiendo del medio de transporte, puede durar entre dos días y seis semanas. Quienes tenían recursos podían alquilar un vehículo o comprar un billete. Sin embargo, los precios del transporte son exorbitantes y no están al alcance de muchos, y algunas familias han contado a Amnistía Internacional que tuvieron que vender enseres domésticos, ganado, cosecha e incluso tierras para pagar los billetes.

Al declarar la sequía como catástrofe nacional, las autoridades debieron asegurarse de que disponían de recursos suficientes para proteger a la población afectada por la sequía, incluso solicitando ayuda internacional extraordinaria.

Tigere Chagutah

Prácticamente no había servicios de organizaciones humanitarias y departamentos gubernamentales a lo largo de las rutas de transporte, y la escasa asistencia disponible parecía concentrarse en los asentamientos y campos para personas internamente desplazadas y no en los corredores de transporte. Y ello pese a que Somalia, en virtud de su propia Constitución y del derecho internacional —incluida la Convención de Kampala—, tiene la obligación de proteger a las personas desplazadas por el cambio climático.

Abdullahi, quien viajó de Saakow (Somalia) a Dadaab (Kenia), contó:

“Cuando llegamos a Dhobley, unas personas solidarias recogieron en su vehículo a 15 mujeres, niños y niñas y los llevaron a Dadaab. Los hombres continuamos a pie con los carros tirados por burros. Transportábamos sorgo [un tipo de cereal] y agua para los niños y niñas, pero llegamos muy desnutridos porque lo que llevábamos sólo duró unos días”.