En África Occidental, cuando comience el nuevo curso escolar, faltarán muchas niñas porque las habrán casado durante las vacaciones.
El matrimonio precoz puede ser tanto la causa como la consecuencia de la falta de acceso de las niñas a la educación. Pueden abandonar los estudios porque las obligan a casarse, o verse obligadas a casarse porque no tienen la oportunidad de asistir a la escuela.
Según UNICEF, África Occidental y Central es la región del mundo donde hay más matrimonios precoces. En ella, 4 de cada 10 niñas se casan antes de los 18 años.
Absétou* (Costa de Marfil), Aubierge (Benín) y Bibata (Burkina Faso) soñaban con seguir estudiando. Nos cuentan su historia de resistencia, activismo y resiliencia.
“Desde el momento en que me negué a casarme empezaron a pegarme todos los días.”

Absétou*, de Costa de Marfil, se resistió al matrimonio que su padre intentó obligarla a contraer cuando no era más que una adolescente. Ahora tiene 29 años y quiere casarse con el hombre que ella elija.
“Cuando tenía 14 años, mi padre quiso casarme con un primo treintañero. Comenzó a hacer preparativos para la boda a mis espaldas. Me di cuenta de que ya había comprado la tela para los vestidos de la ceremonia.”
“Yo me negué a seguir adelante con la boda y le dije a mi padre que quería continuar estudiando. Conocía mis derechos: nos habían hablado de ellos en la escuela. A los 14 años ya tenía pensado ser comadrona. Desde el momento en que me negué a casarme, mi padre comenzó a enviar a gente que me interceptaba de camino a la escuela, me pegaba y me llevaba por la fuerza de vuelta a casa. Todos los días me pegaban, y a veces no me daban nada que comer.”
“Al inicio del siguiente curso, mi padre no pagó las tasas escolares. Mi madre, que estaba desesperada, decía que no podía permitirse ayudarme. En nuestra familia la madre no tiene voz ni voto. Yo sufría y lloraba todos los días.”
Mi padre ya no puede interponerse en mi camino.
Absétou*, sobreviviente de matrimonio precoz y forzado
“Fui a ver a mi profesor de inglés para explicarle la situación, y él me puso en contacto con la gente de Amnistía. Les pedí ayuda y fueron a ver a mi padre, que se negó a recibirlos. Al final, mi padre me expulsó de casa. Gracias al apoyo de Amnistía y del Ministerio de Educación pude asistir a la escuela secundaria y, tras acabar los exámenes, me fui a vivir con una tutora y me formé como comadrona.”
“Todavía hoy mi relación con mi padre sigue sin ser buena. Cuando voy a visitarlo nos saludamos, pero nada más. Voy a elegir con quién me caso y a organizar mi propia boda; eso es lo que quiero, y mi padre ya no puede interponerse en mi camino.”
“Mi hermana pequeña también se negó al matrimonio que nuestro padre intentaba imponerle a la fuerza, y cuando él la echó de casa como a mí, vino a vivir conmigo. Monté un pequeño negocio para pagarle la escuela. Mi padre ya no le dirige la palabra.”
“Ya llevo tres años trabajando como comadrona titulada, y estoy orgullosa de mi profesión. En mi trabajo veo a mujeres que han sido víctimas de violencia. A algunas las han obligado a casarse, a otras las han sometido a mutilación genital femenina. Me cuentan sus problemas. Les dedico tiempo, las escucho y las aconsejo. A veces lloro cuando pienso en ellas y en lo que he pasado yo.”
“El matrimonio temprano no es algo bueno. Tenemos que sensibilizar a los padres y madres y preguntarles a las niñas qué quieren para su futuro. Yo las animo a que luchen por sí mismas.”
*No es su nombre real
“Decidí hacer campaña en favor del derecho a la educación.”

Aubierge, de 22 años, estudia empresariales en Parakou (norte de Benín) y desde los 15 años hace campaña en favor del derecho a la educación. Nombrada “Estrella de los Derechos Humanos” por Amnistía Internacional Benín en 2024, dirige sesiones de sensibilización en su comunidad.
“Cuando tenía 14 años, mis padres comenzaron a hablar de casarme. No me dijeron directamente que iban a dejar de pagarme la escuela, pero me di cuenta de que no podía esperar nada de ellos y que tenía que trabajar si quería continuar con mis estudios. Empecé con pequeños trabajos, como vender jabón líquido y telas, para pagar mi material escolar.”
“Dejé de pedirles nada a mis padres, que vieron que estaba decidida y ya no hablaron más de casarme. Mis hermanas también lucharon para poder estudiar.”
Una vez casadas, muchas niñas sufren abusos a manos de sus esposos.
Aubierge, activista de Benín
“Así son las cosas en nuestra comunidad. Con frecuencia he oído a padres y madres decir a sus hijas de 12, 13 o 14 años que ya no podían seguir estudiando y tenían que casarse. Les pasó a muchas de mis compañeras de clase. Una vez casadas, muchas sufrieron abusos a manos de sus esposos. Mis primas también se casaron jóvenes y actualmente algunas lo están pasando muy mal. Eran demasiado pequeñas cuando se casaron, no sabían nada del matrimonio… Algunas no pudieron quedarse con sus maridos; ahora trabajan en la agricultura, tienen pequeños negocios y hasta mendigan para llegar a fin de mes.”
“Ante esto, me dije que no podía quedarme de brazos cruzados sin hacer nada. Decidí hacer campaña en favor del derecho a la educación. No quería pasar por ello yo también y deseaba que dejara de ocurrir.”
“Sensibilizar a los progenitores de los efectos nocivos del matrimonio precoz no es nada fácil. A veces se toman a mal lo que les decimos. Es como si les estuviéramos quitando la comida de la boca o arrebatándoles sus privilegios. Suelen decir que los hijos vienen al mundo para ayudar a sus padres. Para ellos, el deber de una niña es irse a vivir con un hombre y encargarse de mantener a sus padres, así que cuando intentamos sensibilizarlos es como si pusiéramos todo eso en duda.”
“He luchado mucho para llegar adonde estoy. Aunque es muy difícil, voy a seguir adelante. Hablo en favor de los niños y las niñas vulnerables.”
“No dejaré que vuelva a ocurrir.”

Creyendo que podría seguir estudiando, Bibata se casó a los 22 años y se fue de su país, Burkina Faso, para vivir en Costa de Marfil con su esposo. Ahora tiene 27 años y ha tenido que volver a su país de origen.
“Cuando estaba en secundaria, mis padres me dijeron que no podían pagarme más los estudios. Un joven me dijo que me los pagaría si accedía a casarme con él. Acepté su propuesta porque me permitía volver a la escuela, y eso era muy importante para mí.”
“Cuando me fui con mi esposo a Costa de Marfil, me llevé todos mis libros de texto. Pero una vez allí, jamás volvió a mencionar el tema de mis estudios. Me di cuenta de que me había mentido.”
“No me cuidaba, ni siquiera cuando estuve enferma. Pasé dos años siendo ama de casa y por las noches no podía dormir porque me dolían mucho las piernas. Estaba muy enferma, adelgacé mucho […] Decidí irme antes de perder allí la vida.”
“No tenía dinero para regresar a Burkina Faso, pero una de mis excompañeras de clase, que vivía en Aviyán, me ayudó y por fin pude volver a casa de mis padres.”
“Ahora sé que en una relación debe haber comunicación y sinceridad desde el primer momento, y que cada persona debe comprender las expectativas de la otra. Puede que mi marido haya tenido problemas, pero no habló de ellos y me hizo pagar las consecuencias. Después de todo lo que he pasado no voy a dejar que eso vuelva a suceder.”
“Aún no he podido retomar mis estudios. Por ahora ayudo a mis padres en el campo. Me gustaría que a las mujeres se las ayudara a crear negocios para que puedan tener una entrada de dinero. Cuando las mujeres trabajan, salen adelante, incluso sin la ayuda de sus maridos. Las mujeres tienen que tomar las riendas de la situación.”
Amnistía Internacional trabaja con organizaciones asociadas y comunidades para terminar con el matrimonio precoz y forzado en África Occidental. A través de un programa de educación en derechos humanos implementado desde 2017 en Burkina Faso, Senegal y Sierra Leona, la organización trabaja para combatir la violencia de género, incluida la mutilación genital femenina y el matrimonio precoz y forzado. En Benín y Costa de Marfil, la organización de derechos humanos hace campaña para promover los derechos de las niñas y desarrolla actividades educativas y de sensibilización sobre el matrimonio precoz y forzado a nivel comunitario.


