La tercera Conferencia de la ONU contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia de 2001 fue un punto de inflexión para millones de personas en todo el mundo. Siete mil personas en representación de gobiernos y de la sociedad civil de 170 países se reunieron en Durban, Sudáfrica. Liderada por países del Sur Global, la Conferencia de Durban cuestionó la idea de que los derechos humanos son un concepto occidental, reconoció las raíces históricas de las formas contemporáneas de racismo y pidió a los Estados que reparasen las consecuencias duraderas del colonialismo y la esclavitud. Si bien EE. UU. e Israel se retiraron de la Conferencia, se adoptaron la Declaración y el Programa de Acción de Durban, que se convirtieron en documentos fundamentales para la lucha mundial contra el racismo. Pero, con el racismo aún muy presente, hablamos con activistas sobre sus luchas y esperanzas.
Me llamo Adnan Barq. Tengo 25 años y soy una persona palestina de la Ciudad Vieja de Jerusalén. Soy periodista y también hago películas.
La Conferencia de Durban se estaba celebrando cuando yo tenía un año. Resulta fascinante ver cuántas personas se unieron en aquel entonces para intentar dar forma a la justicia en el mundo, pero, sin ser demasiado pesimista, veo que las cosas están empeorando. Esto está sucediendo en todas partes, no solo en Palestina.
Negándome a normalizar la injusticia
Me impliqué en el activismo cuando estaba en la universidad, por negarme a normalizar la ocupación. Veo cómo mi pueblo sobrevive al verse obligado a normalizar las prácticas israelíes de injusticia, apartheid y colonialismo, pero yo simplemente no podría hacerlo.
Estudié en la Universidad de Belén, por lo que siempre tenía que cruzar un puesto de control para ir y volver a Jerusalén. Esa fue mi mayor exposición al sistema físico de opresión de la ocupación israelí, aunque también lo experimenté de niño, cuando los colonos israelíes querían apoderarse de la mezquita de Al-Aqsa.
Como persona adulta, me di cuenta de que poder hablar inglés era un privilegio y una herramienta, por lo que tenía la responsabilidad de enviar un mensaje al mundo sobre Palestina, de denunciar la ocupación. Eso fue en 2020.
Apartheid, perfilado racial y alteridad
El apartheid israelí es sofisticado. Los soldados israelíes en los muros de Jerusalén están entrenados para aplicar perfiles raciales a las personas. Cada vez que ven a una persona palestina, la sacan a rastras de la calle entre cientos de colonos blancos, la llevan al muro y le realizan un registro corporal completo, aunque su documento de identidad indique que su casa está en esa calle, que vive ahí.
Pienso que las fuerzas de ocupación israelíes pretenden crear un entorno coercitivo que nos haga querer irnos porque no pueden desarraigarnos fácilmente. Pero todas estas prácticas, el rechazar nuestra existencia hace que queramos gritar más fuerte.
Racismo sistémico y resistencia
Ojalá el problema fuera solo el Gobierno para que pudiéramos luchar por el cambio. Pero el genocidio, el llamamiento a borrar a las personas palestinas, está ahora plenamente integrado en el discurso público. Esto es el racismo sistémico. Viene de todas partes.
El mero hecho de existir es una lucha en sí misma. El hecho de que yo vaya caminando de mi casa a una escuela, de mi casa a una cafetería con amigos, es en realidad resistir a la ocupación con mi mera existencia. No quiero aceptarlo, pero tampoco quiero pasarme toda la vida luchando. Es agotador.
El poder de las redes sociales
Como palestinos, estamos destinadas a ser como abogados de nuestra causa. Sentí la necesidad de mostrar al mundo cómo vive mi pueblo y las redes sociales eran una buena herramienta para ello. El hecho de que nuestra causa es universal. Las personas que acosan a mis amistades son de Florida, de Noruega, de Londres, de Alemania. Las personas que me paran en los puestos de control son como personas judías españolas al azar que simplemente viven en Israel.
Cuando la violencia se intensificó en 2021, tuve que implicarme plenamente en el activismo. Tuve la oportunidad de viajar a Bélgica y a otros países y me reuní con muchas personas parlamentarias para explicarles por lo que estamos pasando.
Intento que lo que muestro sea lo más real posible, mostrando lo que estamos sufriendo pero también que tengo una vida plena. Tengo familia, amistades y también voy a fiestas, estudiamos, disfrutamos de actividades básicas y al mismo tiempo podemos hablar de por qué y cómo nos resistimos a la ocupación. Mostrar que hay muchas facetas en nuestras vidas como personas palestinas es muy importante para mí y forma parte de la lucha.
El futuro
Es difícil comprender el dolor que causan la alteridad y el perfilado racial a menos que lo vivas. Lo mejor que podemos hacer es unirnos y seguir denunciando todos estos sistemas que están construidos para victimizarnos.
Tenemos que organizarnos, reunirnos, planificar y buscar soluciones, y no confiar en eslóganes vacíos que solo sirven para una pegatina. Necesitamos más que eso.
En esta era, tenemos el privilegio de tener acceso a otras personas digitalmente, pero este tipo de conexión no es suficiente; debemos convertirla en algo real. Las redes sociales son una herramienta importante, pero no son el resultado final.
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