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Vida para 4.000 kenianos condenados a muerte

El lunes 3 de agosto se conmutó en Kenia por cadena perpetua la sentencia de muerte de más de 4.000 presos que esperaban ser ejecutados. Según fuentes periodísticas, se trata de la mayor conmutación de penas de la historia. En Kenia no se ha ejecutado a ninguna persona desde hace 22 años.

En una declaración emitida por la radio nacional, la Kenya Broadcasting Corporation, el presidente keniano, Mwai Kibaki, ha manifestado: “La prolongada permanencia en el pabellón de la muerte en espera de ejecución ocasiona una agonía y sufrimiento mental injustificables, traumas psicológicos y ansiedad, y puede decirse que constituye trato inhumano.”

Al tiempo que ha ordenado a los órganos gubernamentales pertinentes que realicen un estudio sobre si la pena de muerte tiene alguna repercusión real en el combate contra la delincuencia, el presidente ha aclarado que la decisión de conmutar las sentencias de muerte no quiere decir que se haya abolido la pena capital en el país, que sigue en vigor como pena aplicable en virtud de la legislación keniana.

La pena de muerte se sigue imponiendo en Kenia a las personas declaradas culpables de robo a mano armada o asesinato.

Piers Bannister, especialista de Amnistía Internacional en la pena de muerte, ha declarado: “Se trata de un paso adelante en materia de derechos humanos en Kenia. Estamos convencidos de que el estudio que el presidente ha ordenado que se lleve a cabo concluirá que la pena de muerte carece de cualquier tipo de efecto disuasorio, que constituye una factor de embrutecimiento de la sociedad y que con frecuencia se impone a personas inocentes.

"Ha llegado la hora de que Kenia se una a la mayoría de los países del mundo que ya lo han hecho y proceda a abolir totalmente la pena capital," concluye Piers Bannister.

Desde 1988 no se tenía noticia de una conmutación de sentencias de magnitud semejante. Ese año se conmutaron en Pakistán 2.000 sentencias. En 2003, Kenia había conmutado 223 sentencias de muerte.

En marzo de 2005, el ministro de Justicia y Asuntos Constitucionales declaró ante la Comisión de Derechos Humanos que el gobierno de Kenia estaba plenamente comprometido con la abolición de la pena de muerte. Sin embargo, en agosto de 2007, el Parlamento del país rechazó una moción por la que se pretendía abolir la pena capital.

Los 92 establecimientos penitenciaros existentes en Kenia se construyeron para albergar una población reclusa de unas 17.000 personas. En la actualidad, el número de presos que acogen es de unos 48.000. Se trata de uno de los sistemas penitenciarios menos dotado de recursos y con mayor grado de hacinamiento del mundo.