Si nos unimos, podemos acabar con la pena de muerte en cualquier parte

La pena de muerte es una violación del derecho a la vida y el exponente máximo de pena cruel, inhumana y degradante. Amnistía Internacional se opone a la pena de muerte en todos los casos sin excepción, independientemente de quién sea la persona acusada, de la naturaleza del delito y de la culpabilidad o la inocencia. Todos los métodos de ejecución son inhumanos e inaceptables. Abogamos por la abolición total de la pena de muerte.

Investigaciones de todo el mundo demuestran que la pena de muerte no previene la delincuencia más que cualquier otra forma de castigo. Con demasiada frecuencia, se usa como arma de control del Estado, concebida para ampliar los poderes ilimitados de las autoridades y castigar la disidencia. La pena de muerte también puede usarse en falacias narrativas sobre seguridad pública para catalogar a grupos específicos como amenazas peligrosas que deben ser reprimidas con toda la fuerza del Estado. No protege a nadie y su uso plantea aún más riesgos para los derechos y la seguridad de las personas.

Pero todavía hay esperanza. En 1977, cuando Amnistía Internacional inició su trabajo de campaña sobre este tema, sólo 16 países habían abolido la pena de muerte. Ese número es ahora 113. Sólo en el último decenio, 14 países han asumido su compromiso de derechos humanos aboliendo totalmente la pena de muerte y muchos más siguen ese camino.

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Por qué se debe abolir la pena de muerte

  • Es una violación de derechos humanos
  • Se usa como herramienta para castigar la disidencia, infundir miedo y ejercer el control
  • Es discriminatoria, pues afecta de manera desproporcionada a grupos minoritarios y personas de entornos socioeconómicos desfavorecidos

La pena de muerte es una violación de derechos humanos y con frecuencia su uso contraviene el derecho internacional

La pena de muerte constituye una violación de derechos humanos y, en particular, del derecho a la vida y del derecho a no sufrir tortura y tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes. Estos derechos, entre otros, están protegidos por la Declaración Universal de Derechos Humanos y otros tratados internacionales.

Además, a lo largo del tiempo, la comunidad internacional ha ido adoptando diversos instrumentos que prohíben el empleo de la pena de muerte, entre ellos los siguientes:

La pena de muerte se usa como instrumento de miedo y control

En algunos países, la pena de muerte se ha usado para infundir miedo y aplastar la disidencia. Los gobiernos ejecutan a sus opositores políticos y a otras voces críticas en nombre de la seguridad. La pena de muerte también se ha utilizado como respuesta a amenazas reales o supuestas para la seguridad pública, en muchos casos contra grupos marginados. Esto crea un clima de miedo en el que las personas temen alzar la voz o cuestionar los abusos de poder, a menudo en contextos de represión más amplia contra los derechos humanos.

A menudo estas prácticas autoritarias se basan en sistemas opacos que empañan la transparencia y la rendición de cuentas. Los juicios pueden ser injustos y apresurados, celebrarse en secreto o basarse en “confesiones” extraídas bajo tortura u otros malos tratos. Estas prácticas desprecian las salvaguardias internacionales que restringen el uso de la pena de muerte, menoscaban el Estado de derecho y permiten que los gobiernos empleen la pena capital como arma de control.

Crea un efecto intimidatorio que desincentiva la participación de la sociedad civil y erosiona las libertades fundamentales.

La pena de muerte es discriminatoria

El peso de la pena de muerte recae desproporcionadamente sobre personas de entornos socioeconómicos desfavorecidos y grupos minoritarios.

Con frecuencia, las personas con menos recursos económicos no pueden costearse una representación letrada eficaz, lo que las hace más vulnerables a sentencias condenatorias erróneas. Las minorías raciales, étnicas y religiosas también se enfrentan a prejuicios sistémicos en el sistema de justicia penal.

Un grupo de personas sostiene un gran pancarta amarilla con el logo de Amnistía que pide poner fin a las ejecuciones.
Una persona sostiene un gran pancarta amarilla que pide poner fin a las ejecuciones.

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¿Cómo se usa la pena de muerte en el mundo?

En 2024, los países que llevaron a cabo el mayor número de ejecuciones fueron China, Irán, Arabia Saudí, Irak y Yemen, por este orden.

China siguió siendo el mayor ejecutor mundial, aunque se desconoce la verdadera magnitud del empleo de la pena de muerte en ese país, al estar clasificados los datos relacionados con ella como secreto de Estado; la cifra oficial de al menos 1.518 ejecuciones no incluye las miles de ejecuciones que se cree que tuvieron lugar en China.

Excluyendo a China, el 87% de todas las ejecuciones que se dieron a conocer tuvieron lugar en tan sólo dos países: Irán y Arabia Saudí.

¿Qué países usan la pena de muerte?

Cada año, Amnistía Internacional publica un informe en el que se detalla el uso de la pena de muerte durante el año anterior. En 2025, los países que llevaron a cabo el mayor número de ejecuciones fueron China, Irán, Arabia Saudí, Yemen y Estados Unidos, por este orden.

China siguió siendo el país que llevó a cabo el mayor número de ejecuciones, aunque se desconoce la verdadera magnitud del uso de la pena de muerte en ese país al estar sus cifras clasificadas como secreto de Estado. La cifra global de al menos 2.707 excluye los miles de ejecuciones que se cree que tuvieron lugar en China.

Simpatizante de Amnistía Internacional con un cartel que dice “Derecho a la vida” y el logotipo de la organización en la esquina

Visión global: condenas a muerte y ejecuciones de 2010 a 2025

*Este mapa muestra la ubicación general de fronteras y jurisdicciones y no debe interpretarse como el punto de vista de Amnistía Internacional con respecto a territorios en disputa.

**Los nombres de los países indicados reflejan la nomenclatura a fecha de abril de 2025.

¿Qué tipos de método de ejecución se emplean?

Los métodos de ejecución varían de un país a otro. Todos los métodos son intrínsecamente crueles y degradantes. Algunos métodos causan sufrimiento prolongado y personas expertas de la ONU han concluido que violan la prohibición absoluta de la tortura. En algunos casos, las ejecuciones se llevan a cabo en secreto, lo que impide una supervisión independiente.

Son varios los métodos de ejecución que se emplean en los distintos países, entre ellos:

  • Decapitación
  • Ahorcamiento
  • Inyección letal
  • Arma de fuego
  • Asfixia con gas nitrógeno

La continuidad de su uso demuestra por qué la pena de muerte no puede conciliarse con los principios de derechos humanos.

Insignias con el texto Acabemos con la pena de muerte encima de una mesa durante una manifestación
Insignias con el texto “Acabemos con la pena de muerte” encima de una mesa durante una manifestación con el Comité de Acción Abolicionista frente al edificio de la Corte Suprema de Estados Unidos el 2 de julio de 2024 en Washington, DC.

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Uso de la pena de muerte para delitos no letales

Todo uso de la pena de muerte es una violación de derechos humanos. Pero su uso para delitos distintos del homicidio intencional es especialmente atroz y está estrictamente prohibido por el derecho internacional.

Hay un aumento preocupante del uso de la pena de muerte para delitos relacionados con las drogas. Un total de 30 países siguen reteniendo el uso de la pena de muerte para estos delitos, en el marco de la denominada “guerra contra las drogas”. En los últimos años, aproximadamente el 40% de las ejecuciones registradas por Amnistía Internacional fueron por delitos relacionados con las drogas.

Un grupo de personas sostiene un gran pancarta amarilla que pide poner fin a las ejecuciones.
Activistas de Amnistía Internacional con una pancarta en solidaridad con Pannir Selvam, ciudadano malasio en espera de ejecución por tráfico de drogas, en el exterior de la embajada de Singapur en Kuala Lumpur, Malasia, el 6 de mayo de 2025.

Uso de la pena de muerte contra niños y niñas

A pesar de que el derecho internacional de los derechos humanos prohíbe aplicar la pena de muerte a personas que eran menores de 18 años en el momento del delito, hay países que siguen recurriendo a la pena capital en estas situaciones.

Desde 2016, Amnistía Internacional ha documentado al menos 50 ejecuciones de personas menores de 18 años en cuatro países: Arabia Saudí, Irán, Somalia y Sudán del Sur.

En Irán, las ejecuciones de personas menores de 18 años en el momento del presunto delito duplican con creces la suma de esas ejecuciones en los restantes tres países. Al término de 2025, Irán había ejecutado al menos a 39 menores de edad desde 2016.

¿Qué hace Amnistía Internacional para lograr la abolición de la pena de muerte?

Amnistía Internacional lleva más de 45 años haciendo campaña en todo el mundo por la abolición de la pena de muerte.

Amnistía hace un seguimiento del uso que los Estados hacen de esta forma, la más extrema, de castigo cruel, inhumano y degradante con el fin de señalar públicamente a los países que siguen aplicándolo y hacer que rindan cuentas por ello. La organización publica un informe anual con las cifras correspondientes y las tendencias de cada país. El último informe de Amnistía Internacional, titulado Condenas a muerte y ejecuciones 2025, fue publicado en mayo de 2026.

El trabajo de la organización en contra de la pena de muerte adopta múltiples formas, entre ellas, proyectos específicos basados en trabajo de incidencia y de campaña en las regiones del África Subsahariana, Asia y Oceanía, las Américas, Europa y Asia Central y Oriente Medio y el Norte de África; el refuerzo de normas nacionales e internacionales en contra del uso de la pena capital, respaldando, por ejemplo, la adopción por parte de la Asamblea General de la ONU de resoluciones sobre una moratoria de la pena de muerte; y ejercer presión en nombre de las personas que se enfrentan a una ejecución inminente. También respaldamos las acciones y el trabajo del movimiento abolicionista a escala nacional, regional y global.

Cuando Amnistía Internacional comenzó ese trabajo en 1977, sólo 16 países habían abolido totalmente la pena de muerte. Hoy día la cifra asciende a 113, más de la mitad de los países del mundo. El número de países abolicionistas en la ley o en la práctica es superior a dos tercios del total.

Tres activistas con chalecos amarillos de Amnistía Internacional sostienen carteles en contra de la pena de muerte con consignas en francés.
Activistas de Amnistía Internacional sostienen carteles en contra de la pena de muerte.

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