“Zanuta nunca deja de estar presente en mis pensamientos”: La historia de desplazamiento y lucha de Abu Suleiman

Abu Suleiman es jefe del Consejo Local de Zanuta, un pueblo en las colinas del sur de Hebrón, en la zona sur de la Cisjordania ocupada. Él, junto con las 250 personas que residían en Zanuta, fue obligado a desplazarse y abandonar el pueblo hace tres años a consecuencia de la campaña de limpieza étnica emprendida por Israel contra las comunidades beduinas y de pastoreo palestinas en el Área C.


Zanuta, mi pueblo, nunca, jamás, deja de estar presente en mis pensamientos. Ahora vivo en Al-Dhahiriya, a tiro de piedra de Zanuta. Pero entre Zanuta y yo están los colonos, controles, puestos de avanzada y soldados israelíes, reforzados por la falta de voluntad [de las autoridades] de cumplir una orden judicial. Cada vez que salgo de la casa en la que vivo ahora, miro hacia Zanuta. Está justo ahí, delante de mí. Apenas pasa una semana sin que sueñe con mi pueblo.

Vivíamos en Zanuta, como nuestros padres y abuelos. De repente un día, en 2020, apareció un colono y empezó a decirnos: “Esta tierra es mía”.

Nacimos en esta zona, así que todas nuestras experiencias, buenas y malas, tuvieron lugar aquí. Aquí están nuestros recuerdos. Nuestros medios de vida, nuestras ovejas, nuestra tierra, nuestras cosechas, nuestros cultivos. El trabajo agotador con el rebaño de ovejas, conducirlo grandes distancias, aguantar bajo la lluvia. Todo está en Zanuta. Vivíamos aquí a pesar de las duras condiciones. Ahora añoro incluso las penalidades de nuestra vida aquí y las cosas que me molestaban.

Antes de que nos desplazaran, en Zanuta no había servicios, ni carreteras adecuadas ni electricidad. Sólo teníamos la electricidad que obteníamos de unos paneles solares proporcionados por una ONG local. Era una vida muy básica. Sin embargo, pese a todo, vivíamos en nuestra tierra, en nuestras casas. Quizá eran barracas y tiendas, pero vivíamos una vida sencilla, hermosa y digna, con paz de espíritu, en nuestra propia tierra, en nuestro propio pueblo.

El ejército israelí no hace nada

Tratamos de quedarnos pero, al final, todo el mundo llega a su límite. La gente teme por su vida, por sus hijos, por su sustento y por sus rebaños. Es natural.

Los colonos israelíes llegaron a Zanuta en 2020. Ocuparon los pastos, acosaron a la gente, se apoderaron de los pozos y las fuentes de agua, intimidaron a la población residente e incluso atacaron al ganado. En 2021 establecieron un puesto de avanzada ilegal, conocido como Granja Meitarim, a tan sólo un kilómetro de distancia. Estos abusos ya existían antes del 7 de octubre de 2023 pero, desde ese día, la violencia de los colonos respaldados por el Estado se ha intensificado dramáticamente y la campaña se ha vuelto mucho más agresiva en toda Cisjordania, especialmente en el Área C, incluidos Zanuta y Masafer Yatta.

Los residentes de Zanuta no nos quedamos callados. Emprendimos acciones legales y obtuvimos sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Israel que ordenaban al ejército y la policía que facilitaran nuestro regreso y nos protegieran frente a la violencia de los colonos. Sin embargo, el ejército israelí no ha cumplido la resolución del tribunal.

Intentamos regresar, pero sin éxito.

El principal obstáculo que impide a la gente regresar es el puesto de avanzada de pastoreo de Meitarim: la mayoría de los ataques contra nosotros proceden de allí pero, en lugar de impedir los ataques, el ejército israelí no hace nada.

Una pesada carga

Zanuta no se nos va del pensamiento, ni de día ni de noche. Es nuestra tierra y nuestro hogar. No hemos atacado a nadie. Somos gente corriente que vive de nuestros rebaños, con nuestro sustento, nuestros hogares y nuestro sencillo modo de vida. No dejamos voluntariamente nuestras tierras, como hay quien cree. El dolor del desplazamiento y la expulsión es una pesada carga. Es como si, después de todo, nos estuvieran castigando por algo que no fue culpa nuestra.

Nuestros hijos eran felices. Jugaban y corrían libremente con las ovejas en las tierras y campos abiertos de Zanuta. Tenían una escuela y una guardería. Pero ahora viven en un entorno diferente en Al-Dhahiriya. Quizá las casas sean más grandes y haya más servicios, pero es diferente del lugar de donde vinieron, y les ha afectado psicológicamente. Por no mencionar la profunda afectación y el miedo que han pasado al ver a los colonos empuñando armas y conduciendo por la zona. Aún tienen pesadillas.

Mi madre, de 73 años, como muchas otras mujeres mayores de Zanuta, estalla en lágrimas cuando recuerda el pueblo.

Nuestras familias, que vivían decentemente en Zanuta, se han quedado sin oportunidades de empleo y sin espacio para mantener a su ganado. Ahora la gente tiene que alquilar tierras, comprar vallas de metal y pagar costes adicionales. Las familias han tenido que vender ovejas para comprar comida, tanto para ellas como para sus animales.

Parece que ya nadie nos escucha. Desde que nos desplazaron, muy pocas personas nos han ofrecido ayuda. Mi primo, casado y padre de seis hijos, trabajaba y mantenía a su familia, y también poseía ovejas. Desde el desplazamiento ha caído en una fuerte depresión y toma medicación. Ha dejado por completo de trabajar. Apenas habla. Uno de sus hijos trabaja de conductor, pero hay muy poco trabajo. La familia lucha por mantenerse.

Ayuda a garantizar que se cumplen las resoluciones del tribunal

Nuestra petición es sencilla. Ya se han dictado resoluciones judiciales en el caso de Zanuta. Pedimos al mundo que presione a Israel para que respete y cumpla las resoluciones de sus propios tribunales. Esa es nuestra principal reclamación: regresar a casa, y conseguir que se rindan cuentas por todas las injusticias que hemos sufrido.

Las comunidades del Área C, que constituye aproximadamente el 60% de Cisjordania, merecen una atención y protección internacionales sostenidas.

Pedimos a las personas de conciencia, las personas de buena voluntad de todo el mundo, que nos apoyen; a los medios de comunicación, que vengan e informen de nuestra situación; y, a las delegaciones diplomáticas, que visiten la zona y mantengan una presencia sobre el terreno. Un aumento de la atención y la presión sobre el gobierno israelí puede ayudar a conseguir que se cumplan las resoluciones judiciales.

Me imagino caminando por el pueblo. Recuerdo dónde estaban las casas, dónde llevábamos a las ovejas, nuestras tierras, cómo criábamos al ganado, dónde conducíamos el tractor, dónde estaban los pozos. Llevo conmigo cada detalle. El pueblo sólo me abandona cuando duermo y, cuando lo hago, sueño con él.

En un informe publicado recientemente, Amnistía Internacional demostró que la campaña de limpieza étnica no es cosa de colonos “descontrolados”, sino parte integrante de una política estatal organizada.

Actúa para exigir a las autoridades israelíes que garanticen de inmediato el regreso seguro de las personas residentes en Zanuta a sus tierras.

Firma nuestra petición para que se ponga fin a la limpieza étnica de Israel en Cisjordania