“Aquí, cada pequeña embarcación, cada pescador… es un acto de resistencia”

Conoce a Alexandre Anderson, defensor del agua de Brasil

Para Alexandre Anderson de Souza y otras personas dedicadas a la pesca artesanal, la bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, Brasil, es una fuente de sustento, identidad y cultura.

Sin embargo, la contaminación procedente de múltiples fuentes, como la industria del petróleo y el gas, los desechos industriales y las aguas residuales no tratadas, ha convertido la bahía en una zona de sacrificio. Los pescadores y pescadoras artesanales se enfrentan a agua contaminada, disminución de las reservas pesqueras, erosión de los manglares, zonas de pesca cada vez más pequeñas y rutas cada vez más peligrosas, mientras que quienes contaminan se lucran sin pagar por la degradación medioambiental que provocan.

Alexandre fue cofundador de la Asociación de Hombres y Mujeres del Mar (Associação Homens e Mulheres do Mar, AHOMAR), una red de personas dedicadas a la pesca artesanal que lleva casi 20 años defendiendo la bahía y su forma de vida tradicional frente al impacto de la infraestructura petrolera y gasística. Varios defensores y defensoras de los derechos ambientales contaron a Amnistía Internacional que temían por su seguridad y que algunos sufrían intimidación y hostigamiento.

Entre ellos se encuentra Alexandre, que ha recibido amenazas reiteradas y ha sobrevivido a varios atentados contra su vida. Esto es lo que nos ha contado:

Me llamo Alexandre Anderson. Tengo 54 años, soy pescador y llevo viviendo y trabajando en la bahía de Guanabara desde 1997.

La pesca artesanal no es sólo un medio de subsistencia. Es nuestra cultura, una forma de vida.

En la década de 1990, nos dimos cuenta de que algo estaba cambiando ya en la bahía de Guanabara. Nuestros ancianos decían que, cuando empezó a funcionar la primera refinería, la bahía sufrió mucho. Había mucho petróleo por todas partes porque la refinería estaba junto a dos ríos y los utilizaba para verter ilegalmente en ellos aguas residuales.

Yo no soy el pescador de más edad de la región, pero los ancianos dicen que aquí la pesca solía ser abundante, y luego desapareció. No fue un fenómeno natural; fue algo provocado por el hombre, un fenómeno industrial. El petróleo no es sinónimo de riqueza, ni de crecimiento, es sinónimo de destrucción.

“Nadie nos advirtió”

Recuerdo que solía navegar en una embarcación rudimentaria […] construida siempre por nosotros. Con la desaparición de la pesca, tuvimos que adentrarnos más en el mar, y tuve que comprar un motor para la embarcación. La pesca no hacía más que alejarse, porque la costa estaba cada vez más contaminada.

Quienes vivían de ella tuvieron que abandonar la región o cambiar de profesión. Hay quien dice que esto es racismo ambiental. Otra gente dice que esta es una “zona de sacrificio”. No ha habido ninguna comunicación pública […] ninguna consulta en nuestra comunidad. Nadie nos advirtió. Cuando supimos acerca de la industria, la infraestructura ya se estaba construyendo en medio del mar, o en medio de una playa. (Con la presencia creciente de la industria) vino la violencia, violencia física, incluso violencia personal contra líderes y lideresas. Por desgracia, al amanecer del 18 de enero del año 2000 hubo un gran vertido (de petróleo) en el agua, causado por un oleoducto. Toda esta zona se contaminó, y tuvimos que abandonar la pesca artesanal. Tuvimos que abandonar todo lo que conocíamos —cultura, religión, tradiciones—, e incluso el lugar donde habíamos crecido, donde habíamos nacido.

“Tenemos éxito en lo que hacemos porque trabajamos con la verdad”

Nos rebelamos contra todo lo que estaba sucediendo y empezamos a indagar qué acciones podíamos emprender. En 2003 empezamos a buscar respuestas como grupo, y fundamos la Asociación de Hombres y Mujeres del Mar (Associação Homens e Mulheres do Mar, AHOMAR).

Poco después, en 2009, gracias a nuestros esfuerzos de monitoreo, conseguimos expulsar dos emplazamientos petroleros que estaban ocupando ilegalmente nuestro espacio y contaminando nuestra región. Tenemos éxito en lo que hacemos porque trabajamos con la verdad y no trabajamos solos. Nos apoyan muchas organizaciones muy conocidas, como Amnistía Internacional, e incluso hemos contado con personas que nos han acompañado como observadoras a estos lugares.

En 2009 perdimos a un tesorero, y a nuestro fundador lo mataron a tiros. En 2012 tuvimos otras dos muertes de pescadores artesanales que vigilaban la bahía. Pero somos resilientes; la historia nos recordará como un grupo heroico y de resistencia, mientras que a los gigantes petroleros los recordará como destructores y contaminadores.

… La historia nos recordará como un grupo heroico y de resistencia,
[…] mientras que a los gigantes petroleros los recordará como destructores y contaminadores..

Alexandre Anderson

Los homicidios tuvieron lugar tras amenazas constantes contra Alexandre Anderson de Souza y otros miembros de AHOMAR. Dichas amenazas están relacionadas con las denuncias presentadas por la Asociación contra la construcción de un gasoducto en la bahía, y contra los daños medioambientales que amenazan la forma de vida de quienes se dedican a la pesca artesanal.

El 22 de mayo de 2009, el tesorero de AHOMAR, Paulo César dos Santos Souza, fue golpeado y asesinado de un disparo en la cabeza delante de su esposa y sus hijos; al año siguiente, Márcio Amaro, miembro fundador de la Asociación, fue asesinado también a tiros en su casa.

Los dos casos siguen sin resolver.

“Somos resilientes, pero nosotros no pedimos esto”

Aquí, cada pequeña embarcación, cada pescador artesanal que valientemente sigue madrugando o que vuelve tarde del mar, es un acto de resistencia. Mientras haya embarcaciones como éstas, no podrán controlar la bahía de Guanabara. Proteger las zonas de pesca artesanal supone garantizar que los ríos y los mares sigan siendo fuente de vida y dignidad, no sólo de lucro.

La bahía de Guanabara lo representa todo. Es nuestro medio de vida y nuestra lucha contra las grandes empresas. A veces no nos queda espacio para pescar, es algo que siempre les decimos. No queremos dinero, sólo lo que es nuestro. Lo único que queremos es pescar en la bahía de Guanabara, es nuestro derecho y nos lo están arrebatando.

Somos resilientes, pero nosotros no pedimos esto. Tenemos que resistir, o moriremos. Hemos transformado nuestras lágrimas en lucha. Esta revuelta, esta tristeza que forma parte de nuestra historia, la hemos transformado en acción.

Hemos transformado nuestras lágrimas en lucha.

Esta revuelta, esta tristeza que forma parte de nuestra historia, la hemos transformado en acción.

Alexandre Anderson

La lucha en la bahía de Guanabara es el reflejo de una realidad que se observa en todo el mundo: los proyectos de combustibles fósiles y otros proyectos extractivos benefician a unos pocos a costa de las personas y los grupos que están cerca de ellos. Pero también cuenta una historia de poder comunitario: personas dedicadas a la pesca artesanal que lideran la lucha por la justicia ambiental y climática.

Sus historias son indelebles.

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