Conoce a Antonia Burke, que defiende los derechos de los pueblos indígenas en Australia
Antonia Burke lleva más de diez años viajando por Australia y escuchando a las personas de los pueblos indígenas hablar sobre las consecuencias que han tenido en sus vidas las decisiones del gobierno. Lleva años escuchando historias de opresión, injusticia y trauma intergeneracional. Como mujer indígena de los pueblos Yanyuwa y Garrwa del Territorio del Norte de Australia, conoce por experiencia cómo las políticas gubernamentales pueden condicionar las vidas. Este conocimiento adquirió nuevos tintes de urgencia cuando Antonia vio la magnitud de las actividades extractivas de gas y petróleo en los mares de Arafura y de Timor, unas aguas que son la base de comunidades, culturas y vida marina en Australia, Timor Oriental, Papúa Nueva Guinea e Indonesia. Los pueblos indígenas de Australia llaman a estas aguas “Territorio Marino”, una fuente de identidad que encierra historias y senderos de cantos (songlines), canciones tradicionales que han servido de orientación a estos pueblos durante generaciones.
Como fundadora y directora de Sea of Nations, Antonia trabaja con pueblos indígenas y comunidades costeras para que quienes toman las decisiones se responsabilicen de garantizar que se lleva a cabo una consulta significativa y que existe consentimiento antes de tomar decisiones que afecten a sus territorios. Aquí nos cuenta su experiencia:
Me llamo Antonia Burke. Soy una mujer indígena del Territorio del Norte. Soy hija de una mujer cuya vida entera estuvo marcada negativamente por decisiones del gobierno. Opresión, dominio, control que provocaron un trauma intergeneracional y causaron mucho dolor y desempoderamiento a mi familia directa.
El hecho de haber crecido sabiendo lo que pasó y cómo pasó hizo que siempre quisiera alzar la voz y hacer algo al respecto. Me creó un profundo sentimiento de responsabilidad. Y esa responsabilidad fue precisamente la que me llevó a buscar la verdad y alzar la voz.
Trabajar con comunidades indígenas de toda Australia y escucharlas me hizo ver claramente que, cuanto más enfermos están la tierra o el territorio, el agua, el aire y el medioambiente, más enfermas están las personas. Y cuanto más sano esté el medioambiente, más sana estará la población.
“Teníamos la sensación de estar viviendo una nueva oleada de colonización.”
En 2022, en el despacho de la ministra federal de Recursos del gobierno australiano vi un mapa en la pared, en el cual se apreciaba cómo todo el Mar de Arafura y el Mar de Timor, así como la costa oeste de Australia hacia el sur habían sido vendidos a entidades, en su mayor parte internacionales, para su explotación con actividades de extracción de petróleo y gas. Tuve que presentarme delante de mi comunidad y mostrarle cuáles habían sido los planes del gobierno, algo que la sumió en una negatividad, en un sentimiento familiar de control, dominio y opresión gubernamental. La gente volvía a sentirse desempoderada. Teníamos la sensación de estar viviendo una nueva oleada de colonización.
Durante más de 60 años, el gobierno federal australiano ha perforado los mares de Arafura y Timor en prospecciones de petróleo y gas sin decir nada a quienes viven en la costa. Únicamente ha consultado a empresas pesqueras, empresas de transportes y operadores turísticos. Se ha ignorado durante más de 60 años a todas y cada una de las comunidades costeras en las que viven personas indígenas y cuya economía, alimentación y patrimonio cultural dependen del mar.
Con arreglo a las leyes y normas que rigen en Australia, se suponía que tenían que consultar a cualquier comunidad costera que pudiera verse afectada por las actividades de perforación. Era un requisito que ya figuraba en la ley. Sencillamente no lo hicieron.
Por tanto, mi comunidad y sus ancianos y ancianas tuvimos que llevar ante los tribunales a nuestro propio organismo regulador gubernamental para decirle que tenía que cumplir sus propias leyes.
“Hagámoslo sumando fuerzas.”
No han consultado a comunidades de Timor Oriental, Indonesia y Papúa Nueva Guinea, Papúa Occidental y Australia. Comunidades costeras de los cuatro países estaban siendo ignoradas por todos los habitantes de la costa, así que Sea of Nations se puso en pie y dijo: “Hagámoslo sumando fuerzas. Todos deberíamos tener derecho a decir no, y, como mínimo, derecho a que se nos consulte sobre lo que los gobiernos están planeando hacer en el mar.”
Sólo en los mares de Arafura y Timor, en aguas australianas, se han perforado 758 pozos en el océano sin consultar a las comunidades de la costa. Se han vendido 51 concesiones para extracción de combustibles fósiles.
Por este motivo, nuestro hogar en las islas Tiví es el lugar más vulnerable del Mar de Timor.
todo lo que ocurre en el mar, lo notamos nosotros primero. Somos la comunidad que primero se ve afectada. Estamos en primera línea.
Somos los primeros que notamos todo lo que pasa en el mar.
Antonia Burke
Somos la comunidad que primero se ve afectada.
Estamos en primera línea.
“Está en juego nuestra propia existencia.”
Y no sólo eso: el gobierno federal y el gobierno del Territorio del Norte aprobaron la construcción de un gaseoducto por una empresa de petróleo y gas a tan sólo cinco kilómetros de la costa de las islas Tiví sin decir nada a sus habitantes.
Está en juego la propia existencia de la población de Tiví.
El cambio climático ya está erosionando el litoral de las islas Tiví. A lo que se opone Sea of Nations es a que la industria de los combustibles fósiles continúe con la industrialización de los mares de Arafura y Timor. A eso es a lo que nos oponemos. No los queremos allí.
Estamos luchando por el derecho de todos los habitantes de Australia a decir no. Y para que las naciones insulares ocupen un lugar central en la toma de decisiones cuando se trata del mar en el que vivimos.
Hoy, Sea of Nations ha logrado que los líderes de las comunidades costeras se unan para luchar y asegurarse de que estos cuatro gobiernos cumplen el derecho internacional.
Estamos haciendo el trabajo que deberían hacer nuestros gobiernos. Esa sensación de responsabilidad es como intentar vivir la vida siendo simplemente un ser humano normal pero con la presión añadida de tener que hacer el trabajo de nuestros gobiernos.
Mi esperanza para el futuro es que las ballenas se sientan seguras al nadar por estas aguas con sus crías y tengan suficiente alimento; que las tortugas puedan desovar, volver al agua y nadar hasta la siguiente playa sin preocuparse por la industrialización; que la gente que vive en el litoral pueda mantener su estado salvaje.
Mi esperanza para el futuro es que se aprueben leyes transfronterizas para nuestros cuatro países que comparten los mares de Arafura y Timor, que los gobiernos dejen de hacer lo que están haciendo por un momento y se fijen realmente en el impacto que tiene, encuentren otra solución que no sea el desarrollo de proyectos de combustibles fósiles en los mares, y lleven a cabo la transición a energías renovables.
Creo firmemente que vamos a conseguir nuestro sueño de mantener mares saludables, comunidades costeras pujantes y culturas vigorosas, y que unirnos nos ha hecho mucho más fuertes.
Creo firmemente que vamos a conseguir nuestro sueño de mantener mares saludables, comunidades costeras prósperas y culturas sólidas, y que unirnos nos ha hecho mucho más fuertes.
Antonia Burke
Antonia cree que proteger el Territorio Marino significa garantizar que las generaciones futuras hereden un medioambiente limpio, saludable y sostenible, una cultura sólida y el derecho a decidir lo que sucede en los lugares a los que consideran su hogar.
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