Haití: Las mujeres que sostienen lo que el Estado ha abandonado 

Entrevista con Tina Nadine Anilus, fundadora del REFKAD por Paloma Meurinne, voluntaria para el equipo Caribe en la Oficina Regional para las Américas de Amnistía Internacional 

Tina Nadine Anilus lleva más de quince años construyendo lo que el Estado haitiano no ha podido, o no ha querido, garantizar: un espacio seguro, digno y accesiblepara mujeres y las niñas. 

Cada 25 de julio, el Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora nos recuerda que las mujeres negras no solo sobreviven a las crisis que las rodean. También son quienes sostienen la vida en medio de ellas. 

En Haití, Tina Nadine Anilus lleva más de quince años haciendo exactamente eso. Fundadora del REFKAD (Rezo Fanm Kapab d’Ayiti), ha construido espacios de protección, escucha y acompañamiento para mujeres y niñas en uno de los contextos humanitarios más complejos del continente. 

En esta conversación reflexiona sobre la resistencia, el liderazgo de las mujeres haitianas y lo que el mundo todavía no entiende sobre Haití. 

¿Cuándo entendiste que las mujeres haitianas ya no podían esperar al Estado? 

Después del terremoto de 2010 quedó claro que las mujeres y las niñas necesitaban mucho más que promesas. Necesitaban un lugar seguro donde pudieran sentirse protegidas, escuchadas y acompañadas. 

Por eso fundé el REFKAD el 25 de noviembre de ese mismo año. Lo que comenzó como un compromiso personal se convirtió en un sueño colectivo construido junto a la comunidad. Hoy somos una red de más de 30 organizaciones y hemos acompañado a más de 30 mil personas. 

Nunca pensé únicamente en crear una organización. Pensé en construir un espacio donde las mujeres supieran que no estaban solas. 

¿Cómo se ve la resistencia de una mujer haitiana hoy? 

Muchas personas imaginan la resistencia como una gran protesta o un discurso. Pero, en Haití, muchas veces resistir significa algo mucho más cotidiano. 

Es abrir la puerta a una mujer que no tiene dónde dormir. Es escuchar a una sobreviviente cuando nadie más quiere hacerlo. Es ayudar a una niña a volver a la escuela. Es sostener una comunidad cuando las instituciones han desaparecido. 

«La resiliencia haitiana no es un eslogan. Es el precio de la ausencia del Estado, y la prueba de una nación que resiste y que lucha». — Tina Nadine Anilus 

Sueles decir que Haití no es un país en quiebra, sino un país traicionado. ¿Por qué? 

Porque detrás de cada imagen de violencia hay un pueblo que sigue de pie. 

Cuando el mundo habla de Haití casi siempre habla de desastres, de pobreza o de violencia. Muy pocas veces habla de las personas que todos los días mantienen vivo este país. 

«Haití no es un país en quiebra. Haití es un país traicionado». — Tina Nadine Anilus 

¿Qué es lo que el mundo sigue sin entender sobre Haití? 

Que se habla de Haití sin las haitianas. 

Las organizaciones locales hemos sostenido este país durante cada crisis. Sin embargo, demasiadas veces la ayuda internacional llega sin escucharnos o sin confiar en quienes ya estamos haciendo el trabajo. 

La mayor muestra de respeto sería fortalecer a las organizaciones haitianas y permitirnos liderar las respuestas. 

Pedimos coherencia del mundo. 

Has dicho que los cuerpos de las mujeres se han convertido en un territorio de guerra. ¿Qué significa eso? 

Que la violencia sexual dejó de ser una consecuencia del conflicto para convertirse en una herramienta del conflicto. 

Las pandillas utilizan las agresiones sexuales para sembrar terror, desplazar comunidades y controlar territorios. 

Cuando el cuerpo de una mujer se convierte en un mensaje de poder, toda la sociedad queda herida. 

¿Qué ocurre cuando una mujer llega al REFKAD? 

Lo primero que hacemos es escucharla. 

Después vienen la atención médica, el acompañamiento jurídico, el apoyo psicológico y, cuando es necesario, un lugar seguro donde quedarse. 

Nuestro lema en creole resume todo lo que hacemos: 

N ap Tandew, Nou kwè w, An n Pale pou sa chanje. 

«Te escuchamos, te creemos. Hablemos para que esto cambie.» 

Muchas mujeres nos dicen que es la primera vez que alguien les cree. Y a veces ese es el primer paso para reconstruir una vida. 

También decidiste participar en política. ¿Qué aprendiste de esa experiencia? 

En 2015 me presenté como candidata a diputada para la comuna de Carrefour en Puerto Príncipe. Fue una campaña marcada por la violencia. Uno de mis simpatizantes fue atacado con un arma blanca por colocar una fotografía mía y, el día de la elección, jóvenes que me apoyaban fueron golpeados y expulsados de los centros de votación. 

Podría haber renunciado. 

En cambio, confirmé algo que ya sabía: las mujeres negras haitianas tenemos derecho a ocupar los espacios donde se toman las decisiones que afectan nuestras vidas. 

Si hoy pudieras sentarte frente a quienes toman las decisiones sobre Haití, ¿qué les dirías? 

Que dejen de pensar en Haití únicamente cuando aparece en los titulares. 

Que escuchen a las organizaciones locales antes de diseñar soluciones para nuestro país. 

Que confíen en las mujeres haitianas. 

Nosotras somos más que  beneficiarias de ayuda humanitaria. Somos quienes llevamos años sosteniendo este país. 

¿Cómo imaginas el futuro que quieres construir? 

Sueño con una Casa de las Mujeres. 

Un lugar donde una sobreviviente pueda encontrar bajo un mismo techo alojamiento, atención médica, acompañamiento jurídico, apoyo psicológico, formación y un espacio seguro para sus hijos e hijas. 

Pero, sobre todo, sueño con un Haití donde las mujeres no tengan que elegir entre el miedo y la huida. 

Donde la justicia no sea un privilegio. 

Y donde nuestras voces formen parte de todas las decisiones que afectan nuestras vidas. 

Para terminar, ¿qué significa para ti el Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora? 

Es un recordatorio de que las mujeres negras más que  afectadas por las crisis, somos quienes sostienen la vida en medio de ellas. 

Organizamos. 

Cuidamos. 

Reconstruimos. 

Permanecemos. 

Yo sigo en Carrefour haciendo lo mismo que he hecho durante más de quince años: luchar para que otras mujeres puedan vivir con dignidad. 


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