La búsqueda de los “fantasmas” de México: “Lo peor es no saber qué ocurrió”

El dormitorio está impecable, intacto, como si los relojes se hubieran detenido una tarde de enero de 2009. Los estantes inmaculados albergan una colección de DVD y CD de grupos musicales famosos en otros tiempos. Fotografías de la graduación e instantáneas de vacaciones de un joven siguen decorando la pared principal.

María Guadalupe Fernández Martínez, o Lupita, como la llama todo el mundo, entra en el dormitorio y se sienta en la cama, conteniendo a duras penas las lágrimas.

“Hace seis años y tres meses”, dice, mientras recorre la habitación con una mirada llena de desesperación.

Recuerda aquel día como si el tiempo no hubiera pasado. El 26 de enero de 2009, una llamada fuerte y apremiante en su puerta le trajo la noticia que ningún padre o madre quiere oír.

Su único hijo, José Antonio Robledo Fernández, de 32 años, había sido brutalmente secuestrado por un grupo de hombres armados en la ciudad de Monclova, situada a 1.000 kilómetros al norte de la capital de México, donde trabajaba como ingeniero, ayudando a construir la mayor planta de tratamiento de acero de América Latina.

José Antonio se dirigía a una tienda cuando los hombres se acercaron a él y entraron en su vehículo por la fuerza.

Su novia, Verónica, estaba hablando con él por teléfono mientras el secuestro tenía lugar.

“Danos las llaves y entra”, oyó gritar a los hombres mientras golpeaban salvajemente a José Antonio. Entonces la comunicación se perdió súbitamente.

Al enterarse de la aterradora noticia, Lupita y su esposo, José, prepararon inmediatamente una maleta y recorrieron los 1.000 kilómetros que separan Ciudad de México de Monclova para buscar a su hijo.

“Sólo puse ropa para un par de días. Nunca imaginé que iba a demorar más encontrarlo”, dijo.

Sólo puse ropa para un par de días. Nunca imaginé que iba a demorar más encontrarlo.
María Guadalupe Fernández Martínez
María Guadalupe Fernández Martínez, madre de José Antonio Robledo Fernández, desaparecido en México en 2009.

“Tiempo y dinero”

La pareja visitó con desesperación hospitales y comisarías de policía y recorrió la ciudad con la esperanza de encontrar pistas sobre el paradero de José Antonio.

Cuando denunciaron el incidente a la policía, les dijeron que no se preocuparan, que todo era “cuestión de tiempo y dinero”. Creían que José Antonio había sido secuestrado y que la gente que lo tenía en su poder no tardaría en pedir un rescate.

El caso de José Antonio no era sorprendente en un país donde cada año cientos de personas quedan en paradero desconocido o desaparecen sin dejar rastro cada año.

Esperaron, pero la llamada no llegó.

 “Nos dijeron que regresáramos a casa y esperásemos noticias allí. Las autoridades locales [de Monclova] dijeron que probablemente habían elegido a José Antonio porque las placas de matrícula de su auto eran de Ciudad de México, lo que le hacía sospechoso para la población local.”

Tras unos días de frenética búsqueda, un guardia de seguridad de la empresa para la que trabajaba José Antonio llevó a la pareja a una reunión con miembros de una banda delictiva local que decían tener información sobre su paradero. Los miembros de la banda les advirtieron que no hablaran con las autoridades sobre su hijo.

Lupita y su esposo quedaron tan aterrorizados tras la reunión que decidieron proseguir su lucha desde Ciudad de México.

“Nos dijeron que no habláramos con nadie. Nunca imaginamos que tendríamos que enfrentarnos a gente de la delincuencia organizada”, explica Lupita, todavía traumatizada.

Búsqueda de justicia

Cuando regresaron a casa sin su hijo, Lupita y su esposo no tardaron en darse cuenta de que no eran los únicos.

Según cifras oficiales, más de 25.000 personas han desaparecido o están en paradero desconocido en México desde 2006, muchas de ellas sometidas a desaparición forzada a manos de las autoridades, solas o en complicidad con bandas delictivas.

Según cifras oficiales, más de 25.000 personas han desaparecido o están en paradero desconocido en México desde 2006, muchas de ellas sometidas a desaparición forzada a manos de las autoridades, solas o en complicidad con bandas delictivas.
Amnistía Internacional

Organizaciones de derechos humanos, incluida Amnistía Internacional, han denunciado la colosal inacción de las autoridades mexicanas a la hora de buscar a quienes han desaparecido y poner a disposición de la justicia a los responsables.

Frustrada por la ausencia de investigación efectiva sobre la desaparición de su hijo, Lupita decidió muy pronto tomar el asunto en sus manos y seguir cualquier pista que pudiera encontrar. En México las autoridades suelen negarse a registrar las denuncias de desaparición o se demoran meses incluso para abrir una investigación.

Localizó los registros telefónicos y los archivos del GPS que indicaban la ubicación del vehículo y el teléfono celular de José Antonio en el momento en que fue secuestrado. Entregó estas pruebas a las autoridades.

“Todas las esperanzas de encontrar a mi hijo se desvanecieron rápidamente, y entonces decidí hacer algo. Seguimos sin saber qué le ocurrió a mi hijo”, dice Lupita.

Como para agravar una situación ya desesperada, hace dos años las autoridades comunicaron a Lupita que su hijo había muerto pero que no tenían ningún cuerpo que lo demostrara. Su única prueba era el testimonio de un presunto testigo presencial dijo haber visto cómo lo mataban. Lo cierto es que sigue sin conocerse el paradero de José Antonio.

Los familiares de José Antonio Robledo Fernández llevan más de seis años buscándolo desesperadamente.

“Decirnos esto fue una forma de tortura porque siempre se tiene esperanza. Esperaba encontrar a José Antonio en una unidad psiquiátrica, o descubrir que se lo habían llevado como esclavo a trabajar en una fábrica. Algunas familias han podido encontrar a sus seres queridos, no hay pruebas que indiquen que lo mataron, y no confío en la búsqueda oficial, así que no vamos a dejar de buscar”, dice Lupita.

“Lo peor es no saber qué le sucedió. Nunca me olvidaré de él, pero las cosas serían diferentes si al menos tuviera un lugar donde presentarle mis respetos. Como madre de alguien que ha desaparecido, no vivo, sólo sobrevivo.”

 

“Lo peor es no saber qué le sucedió. Nunca me olvidaré de él, pero las cosas serían diferentes si al menos tuviera un lugar donde presentarle mis respetos. Como madre de alguien que ha desaparecido, no vivo, sólo sobrevivo.
María Guadalupe Fernández Martínez

 

Los otros desaparecidos

El mundo se horrorizó al conocer la noticia de la desaparición forzada de 43 estudiantes en la ciudad de Iguala, estado de Guerrero, el pasado mes de septiembre. En las semanas siguientes, expertos forenses descubrieron más de media docena de fosas comunes con los restos de decenas de personas.

Ninguno de ellos pertenecía a los estudiantes, pero los horripilantes descubrimientos suscitaron la apremiante pregunta: ¿de quién son los restos?

Mientras veía a los expertos forenses excavar en cada una de las tumbas en su pantalla de televisión, Lupita esperaba llena de desesperación, preguntándose si alguno de aquellos restos pertenecería a su hijo.

“Cada vez que me enteraba de que se llevaba a cabo una nueva búsqueda, tenía la esperanza de que encontraran a José Antonio. Esto no es vivir. Lo único que hago es buscarlo, no tengo ya vida”, explica.

“Las personas que han perdido a un ser querido están tan desesperadas que han iniciado búsquedas por su cuenta.”

Lupita se unió a una organización de familiares de personas desaparecidas. Juntos, buscan a sus seres queridos.

“Te sientes muy aislado pues muchas personas dejan de hablarte porque piensan que las desapariciones son contagiosas. Pero también hay buena gente que está dispuesta a ayudar.”

“No supimos lo que estaba ocurriendo en México hasta que nos ocurrió a nosotros. Nunca supe que la situación aquí era tan peligrosa. Sólo me enteré de que la gente desaparecía cuando le ocurrió a [mi hijo].”

“No abandonaremos nunca. Siempre buscaremos a mi hijo, siempre lucharemos por la justicia y para que esto no vuelva a ocurrir.”

No abandonaremos nunca. Siempre buscaremos a mi hijo, siempre lucharemos por la justicia y para que esto no vuelva a ocurrir.
María Guadalupe Fernández Martínez

“Las desapariciones en México tienen proporciones trágicas. Ante una crisis de derechos humanos tan grave, ha llegado la hora de que las autoridades intensifiquen sus esfuerzos para encontrar a las personas desaparecidas, poner en marcha investigaciones urgentes sobre todos los casos y llevar a los responsables ante la justicia”, ha afirmado Erika Guevara-Rosas, directora del Programa Regional para América de Amnistía Internacional.

Este artículo se publicó originalmente en International Business Times

Más información:
Mexico: Six months of frustration and failure in search for missing Ayotzinapa students (noticia, 26 de marzo de 2015)