Colaboración transfronteriza: Jóvenes de Noruega y de Oriente Medio y el norte de África usan la educación en derechos humanos para promover la libertad de expresión

Esta semana se pone en marcha el Laboratorio de Activismo Juvenil de Beirut con un taller de cinco días en esta ciudad organizado por activistas jóvenes de Noruega y de la región de Oriente Medio y el norte de África (MENA). El Laboratorio tiene una meta: movilizar a jóvenes de Noruega y MENA para promover la libertad de expresión y otros derechos humanos, y emprender acciones al respecto. En la siguiente entrevista, el grupo central nos cuenta más sobre el laboratorio, la importancia de la educación en derechos humanos y sus éxitos más importantes.

Te presentamos al grupo central: Grethe Kristine Olsen, 24 años, activista joven, Amnistía Noruega; Joumana Talhouk, 23 años, activista joven, Amnistía Beirut; Lise Sundelin, 24 años, activista joven, Amnistía Noruega; Meryem Khayat, 22 años, miembro del Consejo Administrativo y del Comité Ejecutivo de AI Marruecos.

¿Cómo se conocieron ustedes? ¿Qué los reunió?
Todas las personas integrantes del grupo central fuimos elegidas para este proyecto con base en nuestros diversos orígenes como activistas, y nuestras aptitudes combinadas son bastante impresionantes. Nos conocimos en una reunión del comité preparatorio celebrada en Oslo en junio. Era un laboratorio juvenil de cinco días pensado para reunir a activistas jóvenes de Noruega y la región de MENA con el fin de desarrollar y organizar una conferencia internacional de derechos humanos sobre un tema concreto. Nosotras cuatro más Fatima, de Kuwait, que tuvo un gran papel en la preparación del trabajo, fuimos elegidas por nuestras respectivas Secciones u Oficinas Regionales, y tuvimos la gran oportunidad de conocernos en el curso del laboratorio juvenil. Además de trabajar juntas sobre algo que nos importa —los derechos humanos y la libertad de expresión—, tuvimos la oportunidad de participar en actividades sociales que reforzaron realmente nuestro vínculo. Después de la reunión de Oslo hemos tenido reuniones periódicas en línea para desarrollar el programa de trabajo y preparar el Laboratorio de Beirut.

El grupo central frente a la sede de Amnistía Internacional Noruega durante la reunión del comité preparatorio. ©Particular

¿Qué despertó su interés por los derechos humanos y cómo se implicaron en la educación en derechos humanos de Amnistía?

Meryem: Desde muy joven me tomaba las violaciones de derechos humanos y la injusticia como algo personal. Nunca estaba satisfecha por el número creciente de violaciones y humillaciones en mi país. Durante mi segundo semestre en la Universidad, me enteré de que había un grupo juvenil de Amnistía Internacional en el campus, así que decidí entrar. Un semestre después, era la presidenta de ese club y miembro del Consejo Administrativo de Amnistía Marruecos. Aprendí sobre educación en derechos humanos a través de los proyectos en los que trabaja mi Sección (los Colegios amigos de los derechos humanos, por ejemplo), pero los y las activistas de mi grupo local ya usábamos normalmente la educación en nuestros talleres en la Universidad incluso antes de conocer la Academia de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional. Después de usar esta increíble plataforma, aprendí más sobre EDH y me di cuenta de su importancia en mi comunidad.

Joumana: Viviendo en Líbano es difícil no encontrarse con la injusticia. Hay servicios muy básicos, como el agua, la electricidad y el transporte, que el gobierno suministra de forma deficiente, y eso va unido a unas normas sociales agresivas y unas estructuras jurídicas que discriminan a las personas migrantes y refugiadas, a las mujeres y a la comunidad LGBTQ. Es un entorno muy duro para vivir y yo no podía aceptar sin más esta realidad. Siempre sentí la responsabilidad personal de hacer algo sobre las circunstancias de mi país. Esto me convirtió en una activista política y, a través de la red de activistas de Líbano, descubrí el programa de educación en derechos humanos de Amnistía y participé en un taller en Beirut. Desde entonces trabajo con Amnistía.

Lise: Durante mi primer año en la Facultad de Derecho estuve buscando una organización que fuera realmente diferente. Tenía un montón de opciones, pero Amnistía me llamó la atención de verdad.

Grethe: Me involucré con Amnistía y los derechos humanos cuando empecé a estudiar Derecho en la Universidad de Oslo en 2014 y comencé a actuar en el grupo estudiantil de Amnistía de allí. Mi participación en la educación en derechos humanos de Amnistía comenzó cuando empecé a ofrecerme voluntaria para hacer presentaciones para estudiantes de secundaria sobre la campaña nacional contra las violaciones (“Nei er nei”) de Amnistía Internacional Noruega. La violencia de género, incluida la violación y la violencia sexual, sigue siendo un gran problema en Noruega que tratamos de atajar.

La activista joven Lise Sundelin, de Amnistía Internacional Noruega. ©Particular

¿Cuál es la importancia de la educación en derechos humanos?

La educación en derechos humanos es esencial para aprender sobre tus derechos humanos, cómo puedes reclamarlos y exigir cuentas a los gobiernos.

¿Pueden contarnos más sobre el Laboratorio, cuál es la meta, cómo se creó y qué pueden esperar obtener los y las participantes?
Nuestra meta es movilizar a jóvenes de Noruega y MENA para promover la libertad de expresión y otros derechos humanos, y emprender acciones al respecto. El programa de trabajo está pensado para equipar a los y las participantes con las herramientas necesarias para alcanzar esa meta. Las sesiones que hemos elegido son muy interactivas, no habrá casi ninguna “clase” tradicional. Esperamos que al final del laboratorio joven, los y las participantes tengan una comprensión más completa de la libertad de expresión y sus complejidades en diferentes contextos, y que hayan adquirido aptitudes que los empoderen para emprender acciones y promover este derecho humano fundamental.

¿Qué esperan lograr con este Laboratorio, qué resultados esperan?

Esperamos que las personas participantes comprendan mejor los derechos humanos y especialmente la libertad de expresión, se familiaricen con diferentes formas de activismo, sean conscientes de los retos que afrontan la juventud y el activismo de derechos humanos, y aprendan buenas prácticas de diferentes contextos. Los y las participantes también desarrollarán aptitudes de facilitación y organización basadas en métodos y técnicas participativos y orientados a la acción, y elaborarán planes de acción concretos. También esperamos que las personas participantes sigan en contacto después del Laboratorio.

Ustedes trabajan en el ámbito internacional. ¿Cómo creen que ha condicionado esto su comprensión de los derechos humanos y el impacto de estos en la dimensión global?

Al trabajar en el ámbito internacional como activistas jóvenes, conocemos la situación de los derechos humanos en otros países con diferentes contextos. Tenemos la oportunidad de saber que no somos las únicas personas que exigen justicia, sino que hay gente en todo el mundo haciendo lo mismo que nosotros y nosotras, quizá con diferentes herramientas y usando métodos diferentes de los que podemos beneficiarnos. Además, es importante compartir y abrirnos a otras personas mientras trabajamos sobre cuestiones de derechos humanos porque nos motiva más para esforzarnos en ser activistas. También nos da esperanza.

El grupo central durante la reunión del comité preparatorio en Noruega. ©Particular

¿Qué consejo darían a quienes deseen actuar y defender los derechos humanos?

Meryem: El primer consejo que siempre me viene a la mente cuando alguien me pregunta eso, sobre todo en mi contexto, es que nunca debemos subestimarnos como jóvenes. También es importante unirse a un grupo de personas que comparten nuestros mismos intereses cuando queremos actuar sobre un asunto concreto.

¿Cuál ha sido el mayor éxito o logro que han vivido como activistas?

Meryem: El mero hecho de que muchos miembros del alumnado y del profesorado de mi universidad sepan que existimos y que queremos que se nos escuche es un gran logro para mí. En abril de 2018, cuando era la presidenta del grupo, organizamos un día de Palestina en la Universidad. Fue un gran éxito. Durante la sesión plenaria, la sala estaba llena de estudiantes, profesorado y personal hasta el punto de que había gente sentada en el suelo. Todas las personas presentes firmaron la petición a favor de Ahed Tamimi, la activista palestina de 16 años que fue detenida, encarcelada y condenada a ocho años de prisión. Algunos y algunas estudiantes entraron en Amnistía enseguida, tras el éxito de ese día. Recibimos muchos mensajes en los que nos preguntaban sobre eventos futuros y cómo podían unirse al grupo.

Joumana: Mis mayores éxitos como activista han sido logros colectivos. Cuando estaba todavía en la Universidad, me eligieron presidenta del Club Laico de la Universidad Americana de Beirut, que es el mayor grupo político estudiantil independiente de Líbano y existe y crece desde hace ya 10 años. Esta es sin duda una de mis mejores experiencias como activista, porque a través del Club hemos podido influir a toda una generación de estudiantes universitarios y propagar valores de democracia, justicia social, feminismo, defensa del medio ambiente y antirracismo. Esto es especialmente importante porque se hace en un contexto en el que los espacios de libre expresión son limitados y están dominados por los partidos políticos sectarios que gobiernan en Líbano. El Club Laico de la Universidad Americana de Beirut es un ejemplo de grupo que ha podido romper este dominio y cuestionar el statu quo.

Lise: La liberación de Phyoe Phyoe Aung en abril de 2016. Mi grupo, Amnesty Student Tromsø, había trabajado mucho en esa campaña concreta por la libertad de los y las estudiantes pacíficos de Myanmar. Estábamos a punto de celebrar una nueva manifestación cuando supimos que la habían puesto en libertad. Todavía siento alegría cuando hablo de ello.

Grethe: Uno de mis mayores logros como activista fue la organización de un concierto de solidaridad con las personas refugiadas sirias frente al Parlamento noruego antes de las elecciones municipales de 2015. En aquel momento, Amnistía Internacional Noruega y otras 10 organizaciones noruegas estaban tratando de presionar al gobierno y a los ayuntamientos para que acogieran a más personas refugiadas de Siria en régimen de reasentamiento. El concierto obtuvo mucha atención en los medios de comunicación y pudimos recoger muchas firmas para la petición.

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