Así es como me torturaron para que “confesara” en Egipto

De Omar Mohammed Ali

Omar Mohammed Ali y dos amigos suyos fueron secuestrados en la calle, en Egipto, el año pasado. Lo torturaron para que hiciera una “confesión” grabada en vídeo y ahora está condenado a cadena perpetua. Mientras su familia presenta una apelación, nos cuenta cómo los agentes de los servicios de inteligencia militar lo llevaron al límite.

En cuanto entre en el edificio de los servicios de inteligencia militar, lo agentes me rodearon y comenzaron a golpearme. Me tuvieron esposado con las manos a la espalda hasta que oí la oración del amanecer; era el amanecer del miércoles. El agente que estaba al mando no hacía más que preguntarme cosas de mi vida personal desde que nací. Me golpearon otra vez, y entonces me dijo: “Ahora te voy a dejar y volveré por la mañana”.

Estuve allí sentado hasta la tarde, cuando alguien preguntó por mí. Otro agente comenzó a golpearme con un palo grueso; me lo ponía en los genitales y me golpeaba en la cabeza. También me golpeaba las piernas y las manos con un cable fino. Comenzó a golpearme más cuando se enteró de que mi padre había muerto en Rabaa, y dijo a otros agentes de rango inferior que había en la sala que me desnudaran. Me quitaron toda la ropa, incluso los calzoncillos.

Omar Mohammed Ali. © Particular

Me sentaron en una silla y, con las manos atadas a la espalda, me colgaron de ellas de una barra de hierro. Entonces quitaron la silla, y quede con todo el cuerpo colgando en el aire. En esa postura, me golpearon con un palo y con un cable. También dejaban que me pusiera de pie sobre la silla y la quitaban luego de golpe.

Después me aplicaron descargas eléctricas en los genitales. Me golpearon en la espalda con un trapo ardiendo, que me produjo quemaduras, y luego siguieron aplicándome descargas eléctricas. Comencé a gritar cada vez más, y el agente les dijo: “Ya vale. Es lo que necesitamos. Ahora, bajadlo.” Me pusieron en el suelo en forma de cruz. Comenzaron a sentarse sobre mis manos y mis piernas y continuaron con las descargas eléctricas en los genitales durante alrededor de una hora.

Después, el agente dijo a sus subordinados: “Dejad que se vista.” No podía mover el brazo, así que me vistieron ellos y me llevaron a una sala. Un tipo comenzó a golpearme con un cable en la cabeza y el abdomen. Me quedé así en la sala, y de vez en cuando entraba alguien y me golpeaba. Esta situación continuó hasta la oración del amanecer. Luego me dejaron dormir hasta el día siguiente.

Omar Mohammed Ali. © Particular

El jueves me dieron un trozo de queso y una barra de paz y me dejaron esposado y con los ojos vendados hasta el martes siguiente. Ese día me subieron a un microbús que, en dos minutos, me llevó a un edificio donde me entregaron dos papeles para que los memorizara. Me dijeron que me colocara delante de la cámara y dijera lo que había escrito en ellos, que era mi “confesión”. Grabaron el vídeo y me llevaron otra vez a la celda, donde estuve hasta el viernes.

La “confesión” en vídeo de Omar se utilizó como prueba contra él en el juicio a que fue sometido a posteriormente, pese a que el fiscal militar y un agente de los servicios de inteligencia le dijeron que sabían que era inocente. Uno de ellos incluso llegó a decir: “Sé que te han acusado falsamente”. En mayo de este año fue condenado a cadena perpetua junto con otras 12 personas, en una causa en la que se impuso la pena de muerte a otras 8. Las condenas se impusieron tras un juicio manifiestamente injusto ante un tribunal militar egipcio y estuvieron basadas en más “confesiones” hechas bajo tortura. Amnistía pide que todos los condenados sean juzgados de nuevo y con garantías y que se investiguen de manera independiente las denuncias de tortura.