Fermina Stevens: “Queremos proteger nuestras tierras indígenas de Nevada frente a los peligrosos efectos de la minería de litio”.

Fermina Stevens, de 57 años, es miembro de la tribu Te-Moak del pueblo Western Shoshone. Nació y creció en Elko, Nevada, Estados Unidos. El deslumbrante paisaje de cordilleras y valles del estado de Nevada ha estado habitado por pueblos indígenas durante miles de años. Como directora ejecutiva del Proyecto de Defensa del pueblo Western Shoshone, Fermina trabaja para defender sus tierras ancestrales frente a los efectos negativos de la minería, que comenzó hace más de 200 años.

En este artículo explica a Amnistía Internacional por qué la extracción de litio supone una amenaza para la comunidad y cómo se ha convertido en un símbolo del modo en que el gobierno de Estados Unidos continúa haciendo caso omiso de los derechos del pueblo Western Shoshone, pese a la existencia de un tratado de 1863 que reconoce el vasto territorio de la comunidad.


El noreste de Nevada ha sido históricamente una zona minera de oro. Yo era niña en la década de 1980, cuando observé por primera vez un auge de la minería de oro en Elko. Las minas de oro están a una distancia de entre 30 y 50 kilómetros de aquí. Desde entonces, mucha gente ha llegado a la ciudad, que ha experimentado un crecimiento.

Antes del auge minero ni siquiera había un Walmart, por ejemplo. Ha venido mucha gente para trabajar en las minas que tal vez no comparte los valores de nuestra comunidad. Resulta difícil hacerles entender que la minería tiene efectos nocivos cuando no quieren ni oír hablar del tema porque sienten que cuestionar la minería pone en riesgo su empleo y representa una amenaza para su sustento.

A lo largo de los años ha habido bastante hostilidad por parte de personas no indígenas. Como se trata de una localidad pequeña, una tampoco quiere agitar demasiado las aguas. Pero, al mismo tiempo, lo quieran o no, tenemos que expresar nuestra inquietud por los efectos negativos de la minería, porque es la realidad en la que vivimos.

El auge del litio es relativamente reciente; hasta hace apenas cinco años no habíamos oído hablar de los minerales críticos y de la extracción de litio. Hay una mina de litio activa en el centro de Nevada. Pero hay otros dos proyectos de minas de litio más cerca de Elko —a unos 150 kilómetros de la ciudad— que posiblemente comiencen a operar en los próximos dos años.

Sobre esas minas y su situación sabemos más bien poco, pero prevemos que ocuparán una gran parte de nuestras tierras ancestrales.

Destruirán nuestros árboles

Cuando las mineras se instalan, empiezan por talar muchos árboles. Muchos de ellos son pinos piñoneros, que tradicionalmente han sido una fuente de alimentación muy valiosa. Durante los últimos milenios, los piñones han sido la base de nuestra subsistencia.

El consumo de agua es siempre un motivo de preocupación. La minería de litio requiere mucha más agua que la minería de oro y eso nos inquieta, especialmente porque hay sequía y estamos en el estado más árido del país.

Lo que nos preocupa es el efecto acumulativo de estos proyectos mineros, porque el estado de Nevada está literalmente plagado de minas de oro, no solo actuales, sino también antiguas. Sabemos que existe una gran cantidad de contaminación en el suelo y el agua. En Nevada la minería comenzó alrededor de la década de 1840; eso significa que la actividad minera se remonta a hace casi 200 años. Su continuación va a tener consecuencias. La minería de litio agrava lo que ya se ha hecho en el pasado.

Proteger el territorio del pueblo Shoshone

El Proyecto de Defensa del pueblo Western Shoshone fue fundado por dos ancianas western shoshone, Carrie y Mary Dann. Ellas impugnaron la obligación de pagar un permiso para pastorear su ganado en tierras que el Tratado de Paz y Amistad de Ruby Valley de 1863 reconoce como nuestras.

Este tratado, firmado por jefes tribales y el gobierno federal de Estados Unidos, reconoce el territorio western shoshone. Aunque otorgó determinados derechos y privilegios al gobierno estadounidense —como el derecho a realizar actividades de exploración minera—, no le cedió ninguna tierra y nuestra comunidad no renunció a su soberanía sobre este territorio.

Estas tierras son nuestras, le pese a quien le pese. Estamos tratando de proteger el territorio y sus recursos para las generaciones futuras.

Fermina Stevens

Antes de que se cumplieran diez años de la firma del tratado, uno de los jefes firmantes originales viajó a Washington D. C. porque sabía que Estados Unidos no estaba cumpliendo su parte del acuerdo.

No se nos consulta sobre nuestras tierras

El Proyecto de Defensa sigue intentando que el gobierno de Estados Unidos respete este tratado y nuestros derechos sobre las tierras. Llevamos nuestro caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Comité de la ONU para la Eliminación de la Discriminación Racial y ambos determinaron que el gobierno de Estados Unidos estaba vulnerando los derechos humanos del pueblo western shoshone.

Un ejemplo de ello es la inacción del gobierno federal a la hora de llevar a cabo consultas adecuadas sobre las actividades mineras. El gobierno de Estados Unidos tiene la obligación de consultar a las tribus en reconocimiento de nuestra soberanía sobre este territorio. Sin embargo, incumple su parte del acuerdo cuando delega la realización de estas consultas en empresas privadas o permite que éstas lo sustituyan en el proceso de consulta.

Estas tierras son nuestras, le pese a quien le pese. Estamos tratando de proteger el territorio y sus recursos para las generaciones futuras. Pensamos a 40, 60 u 80 años vista. ¿Podremos siquiera seguir practicando nuestra espiritualidad debido a la contaminación que está afectando a nuestra tierra y al agua?

Una Tierra compartida y una humanidad compartida

Para mí, la humanidad significa que todas las personas estamos relacionadas de alguna manera, bajo una forma u otra. Puede que no estemos unidas por la sangre, pero sí por un vínculo de afinidad, no solo dentro de nuestras familias o comunidades, sino también con la Tierra. Para mí, la humanidad consiste en compartir aquello que todas las personas tenemos en común: la Madre Tierra y lo que ella nos brinda.

Como seres humanos, necesitamos unirnos y abrir nuestras mentes y nuestros corazones a lo que es real. En medio de todo el caos y la confusión política del momento actual, lo único verdaderamente real es la Tierra.

Y es ahí donde necesitamos encontrar una base común.

Amnistía Internacional ha publicado el informe “We’re here to protect Mother Earth: Indigenous Rights and Nevada’s Lithium Boom” (“Estamos aquí para proteger a la Madre Tierra”: Los derechos de los pueblos indígenas y el auge del litio en Nevada), que se centra en tres proyectos de minería de litio a gran escala en Nevada y sus consecuencias para los pueblos indígenas.

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