¿Funciona mi teléfono con trabajo infantil?

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© Amnesty International y Afrewatch

Entra en cualquier tienda de teléfonos de gama alta y encontrarás todas las características del mercado de tecnología de lujo: superficies brillantes, líneas depuradas, pantallas impecables.

Nada que ver con el polvo tóxico que inhalan los niños y niñas al extraer el cobalto que hace funcionar las baterías de las que dependen nuestros teléfonos y otros dispositivos electrónicos portátiles.

Estos niños y niñas mineros, algunos de tan sólo siete años, viven en la República Democrática del Congo (RDC), en el centro de África. Puesto que más de la mitad del cobalto del mundo procede de la RDC, que una quinta parte la extraen mineros artesanales (o informales), y que en el sur del país, donde se extrae el cobalto, trabajan unos 40.000 niños y niñas, es muy posible que nuestro teléfono contenga trabajo infantil.

Sin embargo, los fabricantes de teléfonos —marcas globales entre las que se encuentran Apple o Samsung— se niegan a decirnos si sus cadenas de suministro de cobalto están empañadas por el trabajo infantil. Tienen el deber de hacerlo, de comprobar y abordar esta cuestión en sus cadenas de suministro, y dar así ejemplo al resto del sector.

Todos estamos de acuerdo en que nuestros teléfonos son imprescindibles, pero no podemos prescindir de los derechos de los hombres, mujeres, niños y niñas cuyo trabajo los hace funcionar.

Dany, de 15 años, minero de cobalto en la RDC
Hay mucho polvo, es muy fácil acatarrarse, y nos duele todo.
© Amnesty International y Afrewatch
Mathy, que se vio obligada a entrar en la minería a los nueve años, cuando su padre perdió su empleo
Sólo podía comer cuando tenía dinero suficiente.

Las cifras

+ 50 %

del cobalto del mundo procede de la RDC

20 %

del cobalto de la RDC procede de minas artesanales

40.000

niños y niñas mineros trabajan en el sur de la RDC

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¿Han sido extraídos por niños los materiales de tu teléfono?

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Niños examinando piedras en busca de cobalto. © Amnesty International y Afrewatch
Mineros artesanales muestran puñados de cobalto (izda.) y de cobre (dcha.) que han encontrado rebuscando entre las piedras descartadas en los emplazamientos mineros. © Amnesty International y Afrewatch

Niños y niñas mineros

UNICEF calcula que unos 40.000 niños y niñas trabajan como mineros artesanales en el sur de la RDC, muchos de ellos extrayendo cobalto. Algunos mineros artesanales utilizan cinceles y otras herramientas de mano para cavar agujeros de decenas de metros de profundidad, a menudo sin permiso de ningún tipo. Otros suben a mano hasta la superficie piedras ricas en cobalto. Aunque conocimos a un niño que había bajado a los pozos, la mayoría de los niños y niñas mineros trabajan en la superficie, examinando los escombros y las piedras en busca de fragmentos de mineral que luego clasifican y lavan.

Ya bajen a los agujeros —que no están apuntalados y corren peligro de derrumbarse— o se dediquen a clasificar y buscar entre las piedras descartadas, los peligros son numerosos.

Trabajé en las minas porque mis padres no podían pagar mi comida y mi ropa. Papá está desempleado, y mamá vende carbón.
Arthur, de 13 años, que trabajó como minero de los 9 a los 11 años

Muchos de los niños y niñas con los que hablamos nos dijeron que enferman con frecuencia. La inhalación de polvo de cobalto puede causar fibrosis pulmonar, una enfermedad potencialmente mortal. El contacto del cobalto con la piel puede causar dermatitis, un sarpullido crónico. Sin embargo, ni los niños y niñas ni los demás mineros tienen máscaras ni guantes con los que protegerse.

Los niños y niñas nos dijeron que soportaban largas jornadas —de hasta 12 horas diarias— de trabajo en las minas, levantando enormes cargas de entre 20 y 40 kg por uno o dos dólares estadounidenses por jornada. Muchos no tenían nada que comer en todo el día. Paul, de 14 años, que empezó en la minería a los 12 y hacía trabajo subterráneo, nos contó que a menudo “pasaba 24 horas allí abajo, en los túneles. Llegaba por la mañana y me marchaba a la mañana siguiente”.

Vulnerables y víctimas de explotación

Muchos de los niños y niñas trabajan para poder ir a la escuela. Aunque, por ley, la educación primaria es gratuita y obligatoria en la RDC, la falta de financiación por parte del Estado provoca que las escuelas cobren a los padres para cubrir costes como el salario de los docentes y los libros. Estos costes oscilan entre los 10 y los 30 dólares estadounidenses al mes: más de lo que la mayoría puede permitirse.

De los niños y niñas con los que hablamos, los que iban a la escuela trabajaban 10 o 12 horas durante el fin de semana y las vacaciones escolares, y trabajaban también antes y después de la jornada escolar.

Varios niños y niñas habían sido golpeados o habían presenciado cómo eran golpeados otros por guardias de seguridad cuando entraban en tierras pertenecientes a otras empresas mineras. A los niños que recogían, clasificaban, lavaban, trituraban y transportaban los minerales los comerciantes les pagaban por saco. Al no tener manera de saber el peso del saco o la calidad del cobalto que habían recogido, los niños tenían que aceptar lo que los comerciantes quisieran pagarles, y quedaban así expuestos a la explotación. 

La participación de niños y niñas en la minería está ampliamente reconocida como una de las peores formas de trabajo infantil. Los gobiernos tienen el deber legal no sólo de impedirla, sino de eliminarla por completo. Y los fabricantes de productos tienen el deber de comprobar si hay trabajo infantil en sus cadenas de suministro, abordarlo cuando lo descubran, corregirlo y hacer públicas las medidas que han tomado.

Loïc, 13 años
Vendía a negociantes que tenían balanzas. Pero otros no tenían [...] y se limitaban a calcular el peso: nos pagaban menos que a los adultos.

La respuesta oficial hasta el momento

Antes de publicar nuestro informe, This is what we die for, recibimos una serie de respuestas de las empresas que citábamos. Sin embargo, algunas empresas negaron el vínculo. Desde su publicación, la Zhejiang Huayou Cobalt Company , uno de los mayores fabricantes del mundo de productos de cobalto, con sede en China, ha advertido de que está investigando nuestras conclusiones y preparando un sistema de diligencia debida. Algunas de las otras marcas globales citadas en nuestro informe también nos dijeron que están examinando nuestras conclusiones. Samsung SDI reconoció públicamente lo que se decía en el informe y declaró que están analizando nuestras denuncias y que publicará un informe en su sitio web a finales de año. Apple publicó una lista de todos sus fundidores de cobalto, de acuerdo con las normas internacionales. Sony le siguió poco después, y publicó por primera vez detalles de su cadena de suministro de cobalto. Alarmados por el diluvio de mensajes que recibían, Samsung y Huawei respondieron individualmente a cada persona que les escribió; Samsung prometió investigar las acusaciones de Amnistía y publicar un informe sobre sus hallazgos. En agosto de 2017, el gobierno de la RDC admitió por primera vez que en las minas de cobalto trabajan niños y niñas. En su nueva estrategia sobre trabajo infantil se ha comprometido a acabar con el trabajo infantil en el sector minero para el año 2025.

© Amnesty International y Afrewatch