Desafiando la prohibición total del aborto en El Salvador

De Shiromi Pinto London,
Morena Herrera, activista de la Agrupación Ciudadana para la Despenalizacion del Aborto, El Salvador © Amnesty International

Aquí la ex-combatiente por la libertad, feminista acérrima y activista defensora de derechos sexuales y derechos reproductivos, nos cuenta por qué la prohibición del aborto en El Salvador tiene que acabarse.

“Yo era una guerrillera. He sido activista para el cambio social desde que era joven”, dice Morena Herrera. Cuando la guerra civil terminó en 1992 y se firmaron los Acuerdos de Paz, ella sabía que su lucha estaba lejos de terminar.

“Esos acuerdos dejaron grandes vacíos cuando se trata de los derechos de las mujeres”, dice ella. “Me di cuenta de que tenía que luchar de otra manera. Los derechos de las mujeres son derechos humanos y tienen que ser una prioridad”.

Desde el 2009 Morena ha estado luchando de otra forma a través de la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto Terapéutico, Ético y Eugenésico, un grupo que encabeza actualmente.

Entre las mujeres que ella ha defendido, es tristemente conocido el caso de Beatriz, quien casi murió porque se le negó la interrupción de un embarazo que amenazaba su vida y con un feto anencefálico: y el caso de las 17 mujeres , incluida Guadalupe, que actualmente están apelando contra condenas por “delitos” relacionados con el embarazo y complicaciones obstétricas.

Todas estas mujeres han visto sus vidas devastadas por la brutal prohibición del aborto en El Salvador.

Ácidos y ganchos

No siempre fue así. Antes de 1997, el aborto estaba permitido en tres casos excepcionales: si la vida de la mujer estaba en riesgo, en caso de violación, y en caso de anormalidad fetal.

“En aquellos días,” dice Morena “las mujeres tenían abortos a escondidas pero no se les perseguía ni procesaba. Algunas mujeres recurrían a los ácidos y ganchos para abortar, porque el aborto todavía era ilegal fuera de esas excepciones. Pero cuando las cosas iban mal, podían ir al hospital y recibían tratamiento sin el temor a ser detenidas”.

Pero después de 1997, cuando se modificó el Código Penal de El Salvador, el aborto fue prohibido por completo y fue creciendo una cultura incriminadora contra las mujeres.

“Hoy en día, las mujeres que acuden al hospital con sangrado después de un aborto son acusadas de inmediato”, dice Morena. “Incluso sin una investigación de los hechos, se les acusa y procesa. En algunos casos, la acusación de aborto luego se cambia a homicidio agravado. Y las sentencias son draconianas, van desde 30 a 50 años de cárcel”.

Decisiones imposibles

En este contexto, Morena admite que el trabajo que realiza con la Agrupación Ciudadana es difícil.

“Un día recibí una llamada de teléfono. Una estudiante había estado sangrando en el baño de la escuela “, recuerda. “Le dije a una colega que la llevara a un hospital privado. Había sido violada fuera de la universidad [y quedó embarazada], pero no se lo había dicho a nadie. Consiguió pastillas hechas con soda caústica. Las pastillas destruyeron las paredes de sus arterias – pero seguía embarazada. Para nosotros, el dilema es: ¿preferimos ver a esta persona muerta o en la cárcel? Esta es nuestra realidad cotidiana. Es desgarrador”.

El embarazo no deseado es una realidad angustiosa para demasiadas mujeres y niñas en El Salvador. Como Morena señala, el 36% de los partos hospitalarios en el país son de niñas de 9 a 18 años. Sin una educación sexual adecuada, el acceso limitado a los métodos anticonceptivos y la prohibición total del aborto, las jóvenes se quedan sin salida – aparte de los abortos clandestinos (“35.000 al año”) o el suicidio (que representan el 57% de las muertes de adolescentes embarazadas).

“Soy madre de cuatro hijas, tres de las cuales son de diferentes padres,” dice ella. “Conozco personalmente la angustia sentida cuando se tiene un embarazo no deseado. Sólo hice una elección consciente con mi cuarta hija. Todos los niños y niñas deberían de nacer de esta manera”.

Desafíos

Morena y sus colegas no sólo se enfrentan a desafíos legales, sino también sociales.

“La gente dice que estamos cometiendo un delito [mediante la sensibilización, el apoyo a las mujeres y abogando en su nombre] y respondemos diciendo que estamos luchando para cambiar una ley injusta. Esto no puede ser ilegal. No lo aceptamos”, dice.

“Hemos recibido amenazas y ha habido notas en la prensa y en la televisión que han sido muy estigmatizantes”.

Aquí es donde Amnistía Internacional puede desempeñar un papel positivo. “Cuando Amnistía vino a El Salvador y lanzó su informe , eso nos dio un poco de tranquilidad. ¡No estamos locas! Tenemos apoyo. Lo más importante es que Amnistía hable con otros gobiernos y les pida que pongan presión en El Salvador ya que nuestras voces a veces no son escuchadas – esto nos ayudaría mucho. ”

Éxitos

Entre tantos contratiempos, siempre hay éxitos. Morena recuerda la primera mujer que la Agrupación ayudó a liberar.

“Ella era una madre de tres hijos que había sido condenada a 30 años de cárcel”, recuerda Morena. “Nos enteramos del caso en un artículo en el New York Times y empezamos a investigar. Tengo el mismo apellido que ella, así que podía entrar en la cárcel como si fuese una familiar. Me contó lo que le había pasado. Se examinaron los expedientes de los casos y con la ayuda de médicos forenses de Argentina, Guatemala y España logramos demostrar que hubo un error en su juicio. Pasamos cuatro años haciendo campaña por su liberación”.

Cuando finalmente la liberaron, Morena estaba en éxtasis. “Pasé tres días sonriendo,” dice ella. “Fue muy satisfactorio. Y después de un tiempo ella también comenzó a defender los derechos de otras mujeres.”

Hoy, Morena puede añadir a Guadalupe a esa lista.

Únete a Mi Cuerpo Mis Derechos, la campaña global de Amnistía para defender los derechos sexuales y reproductivos. Firma nuestra petición para poner fin a la prohibición total del aborto en El Salvador. Muchas gracias a todas y a todos los que tomaron acciónpor Guadalupe! Y continuaremos en la lucha por las otras 16 y todas las mujeres y niñas en El Salvador.