¿Un gran paso hacia la abolición de la pena de muerte en Zimbabue?

De Cousin Zilala, Executive Director of Amnesty International Zimbabwe

“Habiendo estado yo mismo en espera de ejecución y habiéndome salvado por un ‘tecnicismo relativo a la edad’, creo que nuestro sistema de justicia debe librarse de esta disposición odiosa y execrable."


Emmerson Mnangagwa, ministro de Justicia y Asuntos Jurídicos y Parlamentarios de Zimbabue, en los Jardines de Harare, 10 de octubre de 2013

Me alegró muchísimo que el nuevo ministro de Justicia y Asuntos Jurídicos y Parlamentarios de Zimbabue, Emmerson Mnangagwa, accediera a intervenir en nuestro acto del Día Mundial contra la Pena de Muerte, celebrado el 10 de octubre. Ésta es una de las fechas más importantes de nuestro calendario anual de campaña y, este año, los activistas de Amnistía Internacional realizaron una marcha muy animada por la capital, Harare, que terminó en los Jardines de Harare, donde se había congregado la prensa local.

Contra la pena de muerte
El acto, “Decimos no a la pena de muerte”, tenía por objeto generar un amplio debate sobre la seguridad pública y la pena de muerte; por eso me puse todavía más contento cuando el ministro condenó con firmeza la pena capital en su intervención.

Quizás sus palabras no deberían haberme sorprendido. En la década de 1960, durante la guerra de liberación contra el gobierno de la minoría blanca en lo que entonces era Rodesia, Emmerson Mnangagwa, que había participado en la lucha por la liberación, fue encarcelado por actividades “terroristas”. Lo condenaron a muerte y se libró de la soga únicamente porque en aquel momento tenía menos de 21 años.

Los actos del 10 de octubre eran la continuación de un periodo muy emocionante de nuestra campaña por la abolición de la pena de muerte, durante el cual el personal y los activistas de Amnistía Internacional Zimbabue han vivido muchos altibajos.

Una oportunidad de oro
A principios de 2013 entraba en la recta final el proceso de elaboración de la Constitución. Cuando empezó el proceso en 2009, lo vimos como una oportunidad de oro para poner fin a la lacra de la pena capital intensificando nuestro trabajo en este ámbito. Organizamos numerosas actividades de campaña, desde instalar enormes carteles en Harare que declaraban que había llegado el momento de abolir la pena de muerte hasta captar apoyos entre miembros de partidos de todo el espectro político.

A medida que la campaña cobraba impulso, la posibilidad de poner fin a la pena capital se hizo un hueco firme en la agenda política, y nos sentimos muy optimistas al ver el gran apoyo que existe en Zimbabue a la abolición.

Nombramiento de un verdugo
Sin embargo, en febrero de este año nos horrorizaron las noticias de que se había designado a un verdugo. El puesto estaba vacante desde la última ejecución, en 2005. Temimos que esta medida significase un paso atrás en nuestra campaña, pero el ministro de Justicia aclaró posteriormente que el nombramiento era un “requisito jurídico”, no una señal de que se reanudarían las ejecuciones. Pese a ello, nos sigue preocupado el destino de las 89 personas que están actualmente en espera de ejecución en Zimbabue.

La nueva Constitución, promulgada en mayo, trajo buenas y malas noticias. Me desanimó ver que se mantenía la pena de muerte, pero al menos se había reducido el ámbito de aplicación. Los delitos punibles con la muerte han quedado limitados a uno: asesinato “cometido en circunstancias agravantes”, y se ha prohibido la pena de muerte preceptiva. Las mujeres ya no pueden ser condenadas a muerte, ni tampoco los hombres que tuvieran menos de 21 años en el momento de la comisión del delito o los hombres mayores de 70. No era la eliminación total de la pena de muerte que esperábamos y que habíamos defendido, pero suponía un avance y una cierta recompensa por nuestro denodado trabajo.

Una posibilidad real de abolición
El discurso que Emmerson Mnangagwa pronunció el 10 de octubre nos ha dado renovadas esperanzas de que podemos alcanzar nuestro objetivo. Creemos que existe una posibilidad real de que, en un futuro no muy lejano, celebremos la abolición de la pena de muerte en Zimbabue. Sin duda intensificaremos nuestro trabajo para asegurarnos de que esto ocurra, de modo que nuestro país proteja el derecho de toda persona a la vida.