Las víctimas ocultas de la represión: cómo pueden activistas y periodistas protegerse del trauma secundario

De Rossalyn Warren

Desde hace mucho tiempo, la protesta pacífica ha sido una manera utilizada por la gente corriente para alzarse contra el odio, la injusticia y la corrupción. Estas polémicas cuestiones —y los tipos de represión que se utilizan— pueden cambiar con el tiempo, pero la violencia en sí sigue siendo una constante.

Las amplias represiones de las protestas ejercidas en las últimas semanas en Sudán, Zimbabue y Venezuela son un recordatorio de la violencia a la que se enfrenta la población cuando se atreve a alzar la voz. Los gobiernos siguen desplegando un arsenal de herramientas para reprimir la disidencia: desde porras hasta trozos de tubería, pasando por gas lacrimógeno e incluso munición real. Mientras el número de muertes en estos países va en aumento, también crecen la rabia y el miedo de quienes se manifiestan.

Pero la violencia no se limita al escenario de la protesta.

Las imágenes explícitas y vídeos de palizas, actos de acoso y homicidios inundan las redes sociales, a menudo publicadas por las propias personas que protestan. En Facebook y Twitter, especialmente, cada vez es más frecuente que la gente se desplace por su muro y vea un vídeo de un manifestante recibiendo una paliza, o haga clic en una etiqueta y vea una foto de un cadáver.

Esto sucede especialmente cuando eres activista de derechos humanos o periodista, en particular si trabajas en noticias de última hora o investigaciones a través de fuentes de acceso público, donde parte de tu trabajo consiste en seguir los conflictos y las crisis según se van desarrollando. Es probable que busques activamente imágenes explícitas publicadas en YouTube, Twitter y Facebook, en lugar de intentar evitarlas.

El Equipo de Respuesta a las Crisis de Amnistía Internacional conoce muy bien esta situación. Parte de nuestro trabajo de investigación en el mundo incluye recopilar, preservar y verificar raros testimonios en redes sociales que muestran delitos graves y abusos contra los derechos humanos.

El visionado de imágenes de violencia y trauma puede cobrarse su precio. En respuesta a la reciente oleada de homicidios cometidos durante protestas, el Evidence Lab (laboratorio de pruebas) del Equipo de Respuesta a las Crisis ha reunido consejos sobre cómo protegerte mejor cuando trabajas en este entorno.

Identificar el problema

Para empezar, es importante comprender que estás en peligro. En este caso, como estarás viendo contenido explícito y violento de forma indirecta, en lugar de presenciarlo de primera mano, el trauma se denomina trauma secundario o trauma vicario.

Tal como explica Sam Dubberley, asesor especial del Evidence Lab y director del Cuerpo de Verificación Digital de Amnistía Internacional, en este informe sobre trauma secundario: “Si te expones a experiencias angustiosas, aunque no estés físicamente presente, tu cerebro tiene la capacidad de experimentar síntomas de angustia similares a los que experimentarías si hubieras estado allí. Nuestros cerebros están preparados para tomar medidas con el fin de protegernos frente a lo que perciben como amenazas a nuestra seguridad. Cuando vemos algo inesperado, el cerebro lo evalúa para decidir si estamos a salvo y seguros o si tenemos que reaccionar rápidamente”.

Las señales habituales de trauma vicario incluyen sensaciones persistentes de rabia, ira y tristeza. En algunos casos más extremos, la exposición intensa a ese contenido puede generar ansiedad, estrés, agotamiento y trastorno de estrés post-traumático.

 

Si te expones a experiencias angustiosas, aunque no estés físicamente presente, tu cerebro tiene la capacidad de experimentar síntomas de angustia similares a los que experimentarías si hubieras estado allí.
Dubberley, asesor especial del Evidence Lab y director del Cuerpo de Verificación Digital de Amnistía Internacional

 

Identificar tus propias señales personales de advertencia

Las imágenes de violencia y muerte son perturbadoras y dañinas. Pero una cosa que puede ayudar a mitigar ese daño es reconocer verbalmente la tarea que estás realizando, y no tomar un atajo para ocultar tus emociones. También debes identificar el tipo específico de contenido que tiene más probabilidades de alterarte, y luego tomar medidas para evitarlo siempre que sea posible.

Por ejemplo, es posible que las imágenes más perturbadoras no muestren directamente la muerte: pueden ser otras imágenes relacionadas con ella, como un vídeo de los desconsolados familiares, las que desencadenen la respuesta más emotiva.

Otro elemento a tener en cuenta es si tienes una relación personal con la región. Por ejemplo, si eres yemení y estás verificando imágenes procedentes de ese país, tu origen y tu familiaridad con partes de las imágenes pueden intensificar el trauma. “Puedes tener una reacción sólo por ver algo que te recuerda a alguien que conoces”, dice Sam Dubberley.

Quizá no sea posible evitar los contenidos de tu país; no obstante, al identificar este elemento como un factor que puede causar un trauma adicional, puedes prepararte mejor para tomar precauciones.

Uso de técnicas y consejos en las redes sociales

En YouTube, Twitter y Facebook, hay cosas que puedes hacer ya mismo para ayudar a aliviar posibles desencadenantes de trauma mientras verificas contenidos:

  • Desactiva la reproducción automática: Esto puede hacerse manualmente en las tres plataformas. De esa manera, no te pillará por sorpresa un vídeo, y podrás esperar a estar en el lugar adecuado para empezar a verlo.
  • Si sólo necesitas ver una parte de una foto o un vídeo para verificarlo, puedes probar algo tan sencillo como tapar el resto de la pantalla con un papel o con la mano para no ver imágenes perturbadoras que no necesitas para tu trabajo.
  • Silencia el volumen si el audio no es fundamental en ese vídeo en particular: El audio, especialmente los gritos de dolor que se escuchan en grabaciones de bombardeos o de actos violentos durante protestas, puede intensificar la angustia.
  • Desactiva la descarga automática en WhatsApp para que los vídeos o fotos que te envíen en esta aplicación no se guarden automáticamente en tu teléfono: Abre WhatsApp, en el menú de la esquina superior derecha selecciona “Ajustes”, y luego selecciona “Datos y almacenamiento”. En este menú, en el apartado de “Descarga automática”, desactiva todas las opciones.

Tómate un descanso

Siempre que puedas, intenta limitar el tiempo que pasas manejando imágenes explícitas, y tómate descansos periódicos. Haz cuanto puedas para estar más alerta y observar mejor las reacciones de tu cuerpo y tu mente ante las imágenes explícitas, y detectar cualquier señal de estrés. Si tienes problemas para dormir o cambios de humor, o si te sientes mal, considera si tu trabajo está afectando a tu bienestar físico y mental. Sigue una rutina y márcate bloques de tiempo.

Intenta mantener siempre un equilibrio saludable entre trabajo y vida. Si crees que puede ayudarte hablar con alguien sobre las imágenes traumáticas con las que trabajas de forma habitual, busca apoyo en tus colegas y amistades. Puesto que ya trabajas en este ámbito, puede resultar útil probar sesiones periódicas de terapia incluso antes de notar señales de estrés.

Recuerda la importancia de desconectar y centrarte en otra cosa de vez en cuando. Tu trabajo es importante, pero tu bienestar también lo es.

Ábrete y habla

El trabajo con imágenes explícitas tiene el potencial de causar una gran angustia mental. Una manera práctica de garantizar que tu bienestar es una prioridad consiste en hablar sobre ello con colegas que comprendan la naturaleza de tu trabajo y que puedan hablar desde su propia experiencia personal.

Además, puede resultar útil hablar también del impacto emocional con amistades y familiares. Pero, en lugar de bombardearlos, quizá sea mejor preparar la conversación y preguntarles primero si pueden y quieren oír hablar de un tema difícil.

Hablar abiertamente sobre el estrés no es una señal de debilidad. Todos tenemos la responsabilidad de ser honrados con nosotros mismos y con los demás sobre el precio que puede tener este trabajo. Al hablarlo, podemos cambiar actitudes y ayudar a otras personas que quizá necesiten también apoyo.