Pakistán: Asma Jahangir deja un potente legado de derechos humanos

Asma Jahangir ha sido una valiente defensora de los derechos humanos y deja un potente legado en este campo; así lo ha manifestado Amnistía Internacional hoy, expresando su pesar por la repentina muerte de la abogada paquistaní de derechos humanos de 66 años el domingo en Lahore.

“Durante décadas, Asma luchó con valentía en favor de las personas más desfavorecidas de Pakistán, a menudo corriendo un gran riesgo personal. Defendió las causas de mujeres, niños y niñas, trabajadores cautivos, minorías religiosas, periodistas, personas desaparecidas, y tantas otras. Siempre que vio una injusticia se enfrentó a ella”, ha afirmado Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional.

Asma Jahangir empezó a liderar protestas en su etapa escolar. A los 18 años luchó por la liberación de su padre, Malik Ghulam Jilani, detenido arbitrariamente por el régimen militar del general Yahya Khan, y su lucha desembocó en una sentencia histórica del Tribunal Supremo.

Durante décadas, Asma luchó con valentía en favor de las personas más desfavorecidas de Pakistán, a menudo corriendo un gran riesgo personal. Defendió las causas de mujeres, niños y niñas, trabajadores cautivos, minorías religiosas, periodistas, personas desaparecidas, y tantas otras. Siempre que vio una injusticia se enfrentó a ella.
Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional

Abogada de profesión, Asma Jahangir y su hermana, Hina Jilani, establecieron el primer despacho jurídico de mujeres abogadas de Pakistán en Lahore. Entres sus clientes hubo cristianos condenados a muerte por cargos de blasfemia, trabajadores cautivos que habían huido del opresivo dominio de terratenientes feudales y mujeres que sufrían la violencia en el hogar.

Asma Jahangir estuvo entre las dirigentes del Foro de Acción de Mujeres que se enfrentaron a la Ordenanza Hudud del general Zia ul Haq porque discriminaba a las mujeres. En 1983, Asma Jahangir y otras manifestantes del Foro sufrieron feroces actos de violencia a manos de la policía. Fue detenida por primera vez.

Pionera de los derechos humanos en Pakistán, Asma Jahangir fue también cofundadora de la Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, ONG de derechos humanos independiente a toda costa que presidió varios años.

En 1995, frente a las violentas amenazas de grupos parapoliciales, Asma Jahangir y Hina Jilani defendieron con éxito a dos adolescentes cristianos, Salamat Masih y Rehmat Masih, en sus recursos de apelación contra las condenas de muerte impuestas por blasfemia.

Asma Jahangir y los acusados recibieron amenazas de violencia durante todo el proceso. En un momento dado, soportó los gritos de una multitud enfurecida. Su automóvil sufrió destrozos cuando intentaba abandonar la sede del tribunal. Preocupada por su seguridad, envió a sus hijas al extranjero para que continuaran allí sus estudios. Como dijo entonces a Amnistía Internacional: “Han hecho todo lo posible por intimidarme, incluso amenazar a mis dos hijas. He tenido que enviarlas fuera del país. A veces, el precio que tienes que pagar por aquello en lo que crees es insoportable.”

El apoyo de la membresía de Amnistía Internacional le dio fuerzas en esos momentos difíciles. “Las acciones de los miembros de Amnistía Internacional me hicieron sentir más segura y más valiente”, dijo. En 1995, Asma Jahangir fue la segunda persona en el mundo galardonada con el Premio Martin Ennals para los Defensores de los Derechos Humanos, el primero de otros muchos premios internacionales que recibiría a lo largo de su vida.

Cuatro años más tarde, en 1999, un hombre armado irrumpió en el despacho jurídico de Asma Jahangir y su hermana y mató a disparos a Samia Imran, mujer que sufría abusos en el ámbito familiar y había acudido al despacho a solicitar ayuda en el proceso de divorcio de su esposo. Una de las balas estuvo a punto de alcanzar a Hina Jilani.

La repentina muerte de Asma es una gran pérdida, no sólo para Pakistán o Asia Meridional, sino para el movimiento de los derechos humanos en general. Deja un potente legado que todos debemos honrar dando voz a las personas que no están siendo escuchadas.
Salil Shetty

En 2007, Asma Jahangir fue sometida a arresto domiciliario por el general Pervez Musharraf cuando éste impuso el estado de excepción, suspendió la Constitución y detuvo arbitrariamente a cientos de personas, entre ellas jueces, políticos de la oposición y defensores de los derechos humanos.

En 2010 se convirtió en la primera mujer elegida para presidir la Asociación de Abogados del Tribunal Supremo de Pakistán, tras superar una campaña caracterizada por burdos ataques en los medios de comunicación contra ella y su familia por parte de rivales y críticos.

Una de las luchas más decididas de Asma Jahangir ha sido contra la práctica cruel e ilegal de la desaparición forzada, Un asunto al que se refirió en su último discurso público, pronunciado sólo tres días antes de su muerte, con motivo de la “Larga Marcha Pastún” organizada en Islamabad. En los últimos meses se ha observado un agudo incremento en el número de desapariciones forzadas en todo Pakistán, que se han extendido de las zonas de conflicto hasta el corazón de las principales ciudades.

La labor de Asma Jahangir en defensa de los derechos humanos fue mucho más allá de Pakistán. Fue relatora especial de la ONU en tres ocasiones: sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias, sobre la libertad de religión o de creencias y, la más reciente, sobre Irán. En el momento de su muerte, Asma Jahangir formaba parte, además, del Grupo Asesor Regional de Amnistía Internacional para Asia y Oceanía.

“La repentina muerte de Asma es una gran pérdida, no sólo para Pakistán o Asia Meridional, sino para el movimiento de los derechos humanos en general. Deja un potente legado que todos debemos honrar dando voz a las personas que no están siendo escuchadas”, ha afirmado Salil Shetty.