“Resulté herida cuando pasaba por una zona de guerra. Ahora propugno un blindaje corporal adecuado para mujeres” – Natalia Lishchyshena, veterana de guerra ucraniana sobre la lucha por el reconocimiento y el cambio

Natalia Lishchyshena es una veterana de la guerra entre Rusia y Ucrania que ahora trabaja como especialista, apoyando a personal militar y veteranos para abordar asuntos jurídicos y sociales, después de resultar herida por el blindaje corporal que llevaba de camino a una zona de guerra.

Pese a sufrir constantes reveses, Natalia se ha convertido en la primera mujer en Ucrania en acreditar los daños que puede causar el blindaje corporal convencional, diseñado para hombres, al cuerpo de las mujeres, tras recibir el reconocimiento oficial de la comisión médica. En esta historia, comparte por qué deben adaptarse los equipos de protección para las mujeres en las fuerzas armadas.

Soñaba con ser abogada. A los 38 años, comencé a estudiar derecho. Más adelante me presenté como voluntaria para el servicio militar. Mi esposo apoyó mi decisión. En 2021, firmé un contrato con la 80 Brigada de Asalto Aéreo. Tenía 40 años. No creía que fuera a estallar una guerra en gran escala. Pero el 24 de febrero de 2022, a las 4 de la madrugada, nos despertó una alarma: las primeras explosiones, tropas aerotransportadas, confusión. No entendíamos quiénes eran los nuestros y quiénes eran el enemigo. Al comenzar la invasión en gran escala nos encontrábamos en el sur, en la región de Mykolaiv.

Nuestro mando nos dijo: “En el ejército no hay mujeres, sólo hay militares”.

En el ejército desempeñé diferentes tareas asignadas por el mando: logística, suministro y otras funciones. No puedo decir que hay igualdad de género en el ejército, aunque más de 70.000 mujeres sirven actualmente en las Fuerzas Armadas de Ucrania. En el centro de instrucción, durante la preparación, nuestro mando nos dijo: “En el ejército no hay mujeres, sólo hay militares. Nadie las va a ayudar. Sabían a dónde iban. Sólo se puede confiar en una misma.”

En cuanto al equipo, no hubo uniformes adecuados para mujeres soldados hasta 2024. Ahora se proporcionan uniformes, pero sigue sin haber un blindaje corporal adaptado a la anatomía femenina.

Lesiones, diagnóstico y consecuencias

Un día, cuando viajábamos por una zona de guerra, hubo una alerta de ataque aéreo. Siguiendo el protocolo de seguridad, nos tiramos al suelo. En ese momento resulté herida por mi blindaje corporal. Tenía un gran hematoma en un pecho, pero no le presté atención.

Después me puse enferma, tenía una tos fuerte, y me enviaron al hospital. Después de un largo tratamiento, tuve que pasar por una comisión médica para confirmar mi capacidad para seguir prestando servicio. En un examen de mamas me diagnosticaron papilomas intraductales de mama. No es cáncer, pero en muchos casos puede llegar a ser maligno. Oficialmente, es una afección precancerosa. El médico me explicó que no había tratamiento y recomendó cirugía.

Me sometí a varias intervenciones quirúrgicas debido a complicaciones. Como resultado, me extirparon totalmente las glándulas mamarias. Antes de la operación, el médico habló con mi esposo y le explicó las consecuencias. Mi esposo dijo que su prioridad era que siguiera viva. Después de la cirugía y el tratamiento, tuve que luchar para conseguir la condición de discapacidad.

Paso a paso, logré que se hiciera justicia

Al principio, la comisión médica se negó a concederme la condición de discapacidad, aunque se había reconocido oficialmente la relación de mi enfermedad con el servicio militar, ya que la lesión había sido causada por el blindaje corporal convencional. Un médico llegó a decir que la decisión de extirparme los pechos había sido mía y que no había razones médicas para hacerlo. Fue indignante. Pero paso a paso, logré que se hiciera justicia. Aquel médico ya no trabaja allí.

Ahora tengo una discapacidad permanente. Sigue habiendo limitaciones. No puedo estar al sol durante mucho tiempo, levantar los brazos, ni trabajar demasiado. También necesito exámenes médicos y seguimiento sanitario constantes.

Ahora Natalia usa su titulación en derecho para ayudar a personas veteranas, familias de militares caídos y desaparecidos. También ayuda a personas veteranas a reintegrarse en la vida diaria a través de un programa llamado TRIBE, dirigido por Amnistía Internacional Ucrania y Amnistía Internacional Dinamarca.

Quiero cambios reales, no sólo sobre el papel

Sin embargo, no podía quedarme en casa lamentándome durante más tiempo. Después de unos meses de rehabilitación, volví a trabajar y me convertí en especialista en apoyo a personas veteranas en mi comunidad.

Uso mi titulación en derecho para ayudar a personas veteranas, familias de militares caídos y desaparecidos. Esto incluye restituir documentos perdidos, comunicarse con unidades militares y tramitar pagos legales. Quiero ayudar a la gente porque yo también he pasado por esto. Entiendo los desafíos a los que hoy se enfrentan personas veteranas y militares en activo. Muchas de estas personas simplemente no saben cómo hacer frente a la burocracia.

Además de mi trabajo como especialista, también ayudo a personas a reintegrarse en la vida diaria a través de un programa llamado TRIBE, dirigido por Amnistía Internacional Ucrania y Amnistía Internacional Dinamarca. TRIBE ayuda a personas veteranas a construir una comunidad de apoyo y aprender a defender sus derechos, y ayuda a subsanar la brecha entre civiles y personas con experiencia en combate.

Uso mi titulación en derecho para ayudar a personas veteranas, familias de militares caídos y desaparecidos

Comparto mi experiencia con participantes en proyectos, especialmente sobre asuntos jurídicos. También ofrezco consultas individuales, entre otras cosas sobre asuntos como la obtención de la condición de discapacidad. Escribo columnas para medios de comunicación, hablo públicamente y defiendo los derechos de las mujeres en las fuerzas armadas y unas condiciones adecuadas y apoyo después de su baja en el ejército.

Seguir avanzado

En este momento, abogo por blindajes corporales adecuados para las mujeres y por un programa estatal de implantes de mamas. Gracias a mi trabajo de incidencia, que se prolongó durante al menos cuatro meses, en abril de 2026 se aprobó un programa estatal de cirugía reconstructiva y endoprótesis de mamas para mujeres militares y veteranas. Actualmente se espera su lanzamiento oficial. Según los profesionales de la medicina, por cada 10 mujeres de las fuerzas armadas que acuden a someterse a exámenes generales, nueve tienen problemas. Es una estadística muy triste. Pero, por el momento, a mis amigas les digo, sobre todo a las militares: “Chicas, háganse exámenes periódicos. Incluso puede que no noten que han resultado heridas.”

Ahora que mi historia se ha hecho pública, el asunto ha alcanzado nivel de Estado y es un proceso en marcha en el Ministerio de Asuntos de Veteranos y el Ministerio de Salud.

Para mí, lo más importante es que haya cambios reales, no sólo palabras vacías sobre el papel.