Apretaremos los dientes y aguantaremos

Miro a las madres de los demás procesados y me digo: "Este es mi hermano y estoy muy preocupada. ¿Qué sentirá una madre cuando juzgan a su hijo?".

Entrevista con Ksenia Kosenko, hermana de Mikhail Kosenko, uno de los tres presos de conciencia rusos incluidos en la campaña global de Amnistía Escribe por los derechos.

Las cartas importan
Mikhail dice que ya ha recibido muchas cartas de apoyo y que tratará de responder a todas las personas que le han escrito. Las cartas son muy importantes para él.

Me habló de una carta del Reino Unido en la que, de forma no muy correcta, pero sí muy diligente, alguien había escrito varias frases de apoyo en ruso, y por fin sonrió un poco. Las cartas que recibe suelen venir con líneas tachadas por un censor.

La primera vez que le visité en prisión me fui llorando. Pero la última vez que le vi [el 1 de noviembre], me sonrió desde la cabina de cristal con el receptor de teléfono en la mano. Eso significa que está bien. Fue estupendo oír su voz.

Le hablé de las acciones de Amnistía Internacional realizadas en diciembre en todo el mundo para apoyar a los detenidos de Bolotnaya. Suspiró y dijo: "Sé que tenemos apoyo, pero es muy difícil sentirlo en este vacío de información. Y lo necesito muchísimo".

Deprimido, no peligroso
Mikhail era un niño muy callado, muy diligente. Nuestro padre le enseñó a jugar al ajedrez y Mikhail ganaba siempre. Sigue siendo un buen jugador. Cuando era niño yo le cuidaba. Y resulta que ahora estoy haciendo lo mismo.

Era uno de los mejores alumnos de su clase, pero al terminar la escuela quiso ser como los demás e hizo el servicio militar [obligatorio]. Intentamos disuadirlo, pero hizo la maleta y se fue al ejército.

El servicio militar le cambió la vida. Fueron años difíciles. Las novatadas [palizas y humillaciones de los reclutas nuevos a manos de los soldados más veteranos] eran habituales. Quizá porque era un poco más culto que el resto, resistió. Le dieron palizas y lo acosaron, y al cabo de un año lo licenciaron por invalidez.

Empezó a estudiar historia en la universidad, pero luego no pudimos seguir pagándolo. Fueron años muy difíciles, de hambre. Poco a poco, empezó a manifestarse su enfermedad.

No era peligroso: estaba deprimido y empezó a mostrarse menos comunicativo. Esto bastó para que le diagnosticaran un trastorno mental y lo clasificaran como persona con discapacidad. Pero siempre supo cuidarse, tenía intereses y aficiones. Nunca tuvo peleas ni discusiones graves. Es una persona inteligente y bien informada.

Detenido en la plaza Bolotnaya
Fue a la plaza Bolotnaya porque pensaba que los resultados de las elecciones estaban amañados. No conocía a nadie allí. No es un activista de la sociedad civil. La policía detuvo a gente indiscriminadamente, por gritar consignas o por oponerse a que la policía pegara a los manifestantes. Cuando algunas personas empezaron una pelea con un policía, Misha [apodo de Mikhail] se quedó simplemente allí, intentando protegerse.

Lo llevaron a la comisaría y le hicieron una foto. Cuando se decidió abrir una causa penal por "disturbios masivos" en la plaza Bolotnaya, empezaron a comparar sus fotos con los vídeos. Tenían una foto, encontraron un vídeo, y los interpretaron de determinada manera. Y se acabó: los cargos estaban listos.

El 7 de junio vinieron y lo detuvieron de nuevo. Sólo me dejaron verle una vez en dos meses tras su detención, después de que unos “expertos” en psiquiatría lo declarasen “mentalmente incapacitado” y me nombraran su representante legal.

No le permitieron asistir al funeral de su madre
Nuestra madre tenía problemas graves de corazón y estaba claro que iba a morir pronto. Pensé que mi hermano tenía derecho a saberlo. Pero me devolvieron la carta con un sello del censor. Volví a escribir, pero me devolvieron la carta una vez más.

Cuando nuestra madre murió, nuestros abogados solicitaron al tribunal que excarcelaran a Mikhail para que asistiera al funeral de su madre. El diario Novaya Gazeta estaba dispuesto a responder de él y a facilitar el transporte. Aplacé el funeral y envié un telegrama al director del centro de prisión preventiva, pero se negaron.

Misha se enteró por las noticias de la televisión que nuestra madre había muerto y que no le habían permitido ir a su funeral. Esa misma semana teníamos una vista judicial. Yo estaba muy asustada. Misha tenía unas enormes ojeras y una gran tristeza en los ojos.

Tomé mi silla, la puse junto a la jaula donde lo tenían, y aunque no estaba permitido, empecé a hablar con él. Me preguntó por el funeral y se calmó un poco. Sólo entonces pude respirar. No tiene apoyo psicológico en prisión.

Reclusión indefinida en un hospital psiquiátrico
Todo el caso estaba amañado, lo de que Misha es peligroso para sí mismo y para la sociedad [y fuera enviado para ser sometido a tratamiento psiquiátrico indefinido]. Era claramente una orden de arriba y se cumplió a toda prisa.

Sabemos muy poco de lo que ocurre en un hospital psiquiátrico; es como un Estado dentro del Estado. Mikhail me dijo que a alguien de su pabellón le habían puesto una inyección y se puso tan mal que los guardias de la prisión ni siquiera pudieron sacarlo de su celda cuando recibió una visita. Tiene miedo de que empiecen a usar medicamentos muy fuertes y lo conviertan en un vegetal.

Ahora está esperando que se tramite su apelación. Le preocupan las otras 12 personas procesadas en el caso Bolotnaya. Me dijo: “Aguantaré este estúpido tratamiento, no hay problema. Pero sería muy feliz si excarcelaran a los demás”. Hay cierta sensación de fraternidad entre los encausados.

Vuestro apoyo es muy importante para nosotros, en la forma que sea: acciones, material informativo, campañas de sensibilización, para que la gente sepa lo que está pasando. La verdad es que sería imposible pasar por todo esto sin vuestro apoyo. Tengo la sensación de que las autoridades sí prestan atención a las opiniones que expresan las organizaciones y las personas normales, a los artículos que se publican en los medios de comunicación extranjeros.

Para Año Nuevo deseo a todos fuerza, resistencia y buena salud; que aprieten los dientes y aguanten esto y sigan luchando por sus seres queridos en esta situación totalmente injusta.

Actúen en favor de Mikhail Kosenko y las demás personas incluidas en el llamamiento de Escribe por los derechos, la campaña insignia anual de Amnistía y el mayor evento por los derechos humanos del mundo. Este año durará hasta el 17 de diciembre y se espera que reúna más de dos millones de acciones individuales en todo el mundo.

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