Sudáfrica debe aprovechar esta oportunidad para ejercer un liderazgo mundial basado en principios

Agnès Callamard, secretaria general de Amnistía Internacional

Sudáfrica viene desempeñando un papel destacado en los esfuerzos internacionales para prevenir, detener y castigar el genocidio israelí contra la población palestina de Gaza. Ahora, cuando la nación se prepara para acoger la primera cumbre de dirigentes del G20 que se celebra en suelo africano, tiene una oportunidad importante para aumentar esa presión y cubrir el alarmante vacío que ha aparecido en el orden internacional.

Mientras las superpotencias debilitan el multilateralismo mediante la inacción y el doble rasero o atacan activamente el sistema de justicia internacional, miramos a Estados como Sudáfrica esperando que ejerzan un liderazgo basado en principios y abanderen una visión global que defienda y proteja universalmente los derechos humanos.

La complicidad de la comunidad internacional con el genocidio israelí retransmitido en directo o su inacción son vergonzosas e indefendibles. El fracaso colectivo de los líderes mundiales para poner fin a los crímenes de derecho internacional cometidos por Israel empañará su reputación ante las generaciones venideras. Lamentablemente, esta no ha sido la primera vez. Con demasiada frecuencia han permitido que se pisotee el derecho internacional, traicionando el legado del consenso global que dijo “nunca más” a los horrores del Holocausto y de la II Guerra Mundial.

Es especialmente desconcertante ver a quienes crearon el orden basado en normas atacar con tanta virulencia los valores, principios e instituciones que lo sustentan: desde la invasión rusa de Ucrania hasta el apoyo militar estadounidense a Israel y sus vergonzosas sanciones contra la Corte Penal Internacional (CPI), la relatora especial de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado y las ONG palestinas Al Haq, Centro Al Mezan para los Derechos Humanos y el Centro Palestino de Derechos Humanos.

La cumbre del G20 en Johannesburgo se celebra después de que, en 2023, la Unión Africana se convirtiera en miembro permanente, lo que permite al grupo y a sus miembros una mayor influencia en la escena internacional. En medio del vacío de liderazgo mundial y del enfoque “Estados Unidos primero” a la política exterior de la administración Trump, el gobierno del presidente Cyril Ramaphosa debe aprovechar esta oportunidad para revitalizar el multilateralismo y forjar un nuevo orden verdaderamente comprometido con la defensa del derecho internacional y de la igualdad.

Sudáfrica ha dado un gran ejemplo y ha mostrado un liderazgo muy necesario en la protección de los derechos de la población palestina con medidas como la demanda que presentó contra Israel en virtud de la Convención sobre el Genocidio ante la Corte Internacional de Justicia en diciembre de 2023 y la cofundación del Grupo de La Haya, coalición de naciones decididas a exigir cuentas a Israel, incluso a través de la Corte Penal Internacional. Este es un comienzo alentador, pero la gravedad de la situación en todo el mundo, donde se ha apartado el derecho internacional en favor del principio de que el “poder es el derecho”, hace que Sudáfrica deba ayudar a ampliar el espacio forjando alianzas internacionales mayores y más fuertes para presionar a los Estados poderosos y a sus representantes regionales para que respeten el derecho internacional.

Para ser un defensor creíble en el ámbito global, Sudáfrica debe mostrar una mayor coherencia en su propio historial de derechos humanos.

Sudáfrica debe usar toda su influencia para obligar a las autoridades israelíes a que levanten su bloqueo ilegal de 18 años y permitan el acceso sin trabas a la ayuda humanitaria a la población civil de toda la Franja de Gaza. Todas las partes deben respetar el cese de hostilidades y garantizar el derecho internacional y el respeto a los derechos humanos. Sudáfrica, como otros Estados, debe presionar a Israel para que ponga fin a su ocupación ilegal del territorio palestino y desmantele su cruel sistema de apartheid contra la población palestina.

En otros lugares, Sudáfrica debe usar su influencia sobre Rusia y presionar para que ésta ponga fin a sus crímenes y violaciones de derechos humanos en Ucrania, y aumentar su trabajo de incidencia internacional en torno a los conflictos ignorados de Sudán y la República Democrática del Congo. Debe ejercer todo su peso diplomático a favor de las iniciativas regionales e internacionales de rendición de cuentas y garantizar que la Unión Africana presiona con carácter urgente a los gobiernos y fuerzas de Sudán y de la RDC como las Fuerzas de Apoyo Rápido y el Movimiento 23 de Marzo para que pongan fin a sus abusos contra los derechos humanos.

El mundo también afronta una desigualdad económica creciente tanto dentro de los países como entre éstos. Gran parte de esto es parte del legado continuo del colonialismo y la injusticia racial contra los que la propia Sudáfrica sigue luchando, y es agravado por desigualdades nuevas y perpetuadas impulsadas por la respuesta al cambio climático provocado por el ser humano. Los países africanos, incluida Sudáfrica, son fundamentales para el avance de un Tratado Fiscal de la ONU que sustituya el vigente, dominado por la OCDE, a fin de garantizar un sistema fiscal global más justo y abordar los miles de millones que se pierden cada año debido al abuso fiscal. Aun así, queda mucho por hacer, incluido un proceso y un tratado similares sobre la deuda para hacer frente a las cantidades insostenibles que adeudan países de bajos ingresos y que están mermando su capacidad para garantizar a su ciudadanía un disfrute mejor y más resistente al clima de los derechos económicos y sociales. Con sus 80 años de antigüedad, el sistema financiero de Bretton Woods es claramente inadecuado para su propósito y sigue dominado por países de ingresos elevados que establecen las normas con consecuencias a menudo catastróficas para las naciones de bajos ingresos. Como voz poderosa para el Sur Global, Sudáfrica debe asegurarse de que el G20 no sigue olvidando estas cuestiones vitales sino que toma el toro por los cuernos y presiona a favor de una reforma radical.

Dicho esto, para ser un adalid creíble en el ámbito global, Sudáfrica debe mostrar una mayor coherencia en su propio historial de derechos humanos. La administración Ramaphosa debe abordar cuestiones nacionales como la preocupación creciente por la corrupción y la impunidad, y el acceso a servicios esenciales como el agua, el saneamiento y una vivienda adecuada. Debe reafirmar su compromiso con la Corte Penal Internacional, a la que ha amenazado abandonar. Y debe garantizar que no exhibe el doble rasero que está destruyendo los valores universales y la credibilidad del derecho internacional denunciando las violaciones cometidas por sus aliados y usando su influencia para asegurarse de que se pone fin y remedio a estos abusos.

Desde Gaza hasta Sudán, RDC, Ucrania y Myanmar, pasando por las crisis planetarias del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación, el mundo reclama a gritos un liderazgo global basado en principios que contribuya a que se haga justicia y a la estabilidad y la rendición de cuentas. Sudáfrica debe prestar atención a estos llamamientos, encabezar o apoyar una acción internacional basada en principios, colectiva y robusta, y dar un paso adelante por la humanidad.


Este artículo fue publicado por primera vez en The Daily Maverick.