Por qué el Convenio de Estambul salva vidas

El Convenio de Estambul se creó para ayudar a prevenir y combatir la violencia contra las mujeres y la violencia de género en el ámbito familiar. Es el modelo de referencia y puede salvar las vidas de millones de mujeres y niñas.

La violencia contra las mujeres en Europa, incluida la violencia de género en el ámbito familiar, está muy extendida. Una de cada cinco mujeres en la Unión Europea han sufrido alguna forma de violencia física y/o violencia sexual a manos de su pareja actual o de una pareja anterior desde los 15 años.

Los confinamientos durante la pandemia de COVID-19 han agravado la exposición de las mujeres y niñas a parejas y familiares maltratadores y han sacado a la luz las deficiencias de las respuestas de los Estados a esta situación.

El Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, también llamado Convenio de Estambul, es un tratado pionero que ofrece a los Estados una hoja de ruta clara sobre cómo pueden y deben trabajar por una región libre de violencia de género.

Irónicamente, Turquía, primer país que firmó el Convenio el 11 de mayo de 2011, ha decidido ahora retirarse del tratado, con consecuencias desastrosas para millones de mujeres y niñas y para las organizaciones que prestan un apoyo fundamental a las supervivientes de violencia sexual y violencia de género en el ámbito familiar.

El Convenio de Estambul puede salvar vidas. Estas son las razones:

1. Es el “modelo de referencia” para prevenir y combatir la violencia contra las mujeres y la violencia de género en el ámbito familiar.

Manifestación por una mejor aplicación del Convenio de Estambul. © AFP via Getty Images

El Convenio de Estambul es el tratado internacional más ambicioso concebido específicamente para combatir la violencia contra las mujeres y la violencia de género en el ámbito familiar. Establece unas normas mínimas para los gobiernos de Europa en lo relativo a prevención, protección y enjuiciamiento de la violencia contra las mujeres y la violencia de género en el ámbito familiar.

El convenio incluye la obligación de los Estados de establecer servicios de protección y apoyo para responder a la violencia contra las mujeres, tales como:

  • un numero suficiente de refugios
  • centros de ayuda de emergencia para víctimas de violación
  • líneas de asistencia telefónica accesibles 24 horas al día, 7 días por semana
  • apoyo psicológico y atención médica para supervivientes de violencia.

El Convenio también pide a las autoridades que garanticen la educación en materia de igualdad de género, sexualidad y relaciones saludables.

El Convenio de Estambul es un instrumento jurídicamente vinculante (los Estados partes tienen la obligación de cumplir sus disposiciones). A nivel global, es el tercer tratado regional que aborda la violencia contra las mujeres, y el más completo, después de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará), adoptada en 1994, y el Protocolo a la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos relativo a los Derechos de la Mujer en África (Protocolo de Maputo), adoptado en 2003.

2. Ofrece protección a todas las mujeres y niñas sin discriminación

Mujeres y activistas LGBTQ protestan en Estambul por la retirada de Turquía del Convenio de Estambul. © NurPhoto via Getty Images

Un elemento fundamental del Convenio de Estambul es la obligación que impone a los Estados de aplicar sus disposiciones sin discriminación por cualquier motivo para garantizar que no se excluye a nadie.

Las personas lesbianas, bisexuales, trans e intersexuales que se enfrentan a prejuicios y hostilidad profundamente arraigados en toda Europa tienen, por tanto, derecho a protección y reparación en virtud de este tratado, así como toda persona que sea objeto de violencia de género en el ámbito familiar.

Es significativo que el Convenio de Estambul contenga disposiciones específicas para mujeres y niñas refugiadas y migrantes. Por ejemplo, introduce la posibilidad de conceder a las mujeres migrantes supervivientes de violencia de género en el ámbito familiar un permiso de residencia autónomo cuando su situación en cuanto a residencia dependa de la de su pareja maltratadora.

También pide a los gobiernos que reconozcan la violencia de género contra las mujeres como una forma de persecución en el sentido de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y como criterio a tener en cuenta cuando las mujeres y niñas solicitan protección internacional en Europa.

 

3. Se centra en desmontar prejuicios y estereotipos

Manifestante con una pancarta durante la manifestación contra la retirada de Turquía del Convenio de Estambul, en Kadikoy (Estambul). © 2021 SOPA Images

La violencia contra las mujeres está profundamente arraigada en las desiguales relaciones de poder entre mujeres y hombres en las sociedades. Además, los prejuicios, los estereotipos de género y las prácticas tradicionales nocivas perpetúan la idea de que las mujeres son inferiores a los hombres. Todo ello se ve agravado en el caso de muchas mujeres que sufren discriminación interseccional, por ejemplo, por motivos de raza, etnia, casta, clase, edad, discapacidad, identidad de género, orientación sexual, religión, estado civil u otras características.

Contra estas creencias nocivas, el Convenio de Estambul envía un mensaje claro: no hay excusas para la violencia y los abusos.

Los gobiernos deben adoptar medidas de prevención para cambiar las actitudes y acabar con las normas de género determinadas por estereotipos nocivos y los modelos culturales discriminatorios que a su vez pueden dar lugar a que individuos y sociedades toleren o acepten la violencia contra las mujeres.

El Convenio se inspira en la definición de violencia contra las mujeres como la violencia dirigida contra las mujeres por ser mujeres o que afecta de modo desproporcionado a las mujeres. Aunque con menos frecuencia, los hombres también sufren algunas formas de violencia en el ámbito familiar, y el Convenio alienta a los gobiernos a reconocer esta violencia y aplicar sus disposiciones a todas las víctimas de violencia en el ámbito familiar con independencia de su género o identidad de género.

 

4. Es un instrumento de derechos humanos ampliamente aceptado

Mapa en el que se indican los Estados que han firmado o ratificado el Convenio de Estambul sobre la prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica.

La redacción del Convenio de Estambul fue posible gracias a la visión compartida por muchos Estados y la sociedad civil de que la violencia contra las mujeres es un problema generalizado en Europa y que un conjunto de medidas armonizadas garantizaría que las personas supervivientes en cualquier lugar pudieran beneficiarse del mismo nivel de protección. El Convenio establece disposiciones adicionales que van más allá de los marcos nacionales y proporcionan un nivel adicional de protección.

Amnistía Internacional fue una de las muchas organizaciones que participaron en la elaboración del tratado, que se abrió a la forma el 11 de marzo de 2011. Entró en vigor el 1 de agosto de 2014.

En contra de lo que a veces se percibe, una gran mayoría de Estados del Consejo de Europa han respaldado el Convenio. Ha sido firmado por más de 40 Estados europeos y por la Unión Europea en su conjunto y ratificado por 34 de ellos. Sólo en 2018, el Convenio entró en vigor en nueve países (Croacia, Chipre, Alemania, Estonia, Grecia, Islandia, Luxemburgo, Macedonia del Norte y Suiza) y en 2019 Irlanda también ratificó el tratado.

 

5. No hay ningún elemento controvertido en el Convenio de Estambul

Protesta en Dinamarca para pedir leyes sobre la violación basadas en el consentimiento. © Jonas Persson

El Convenio de Estambul no contiene ninguna “agenda oculta”; su única finalidad es prevenir la violencia contra las mujeres y las niñas y la violencia de género en el ámbito familiar y luchar contra estas prácticas.

Sin embargo, las campañas de desinformación sobre el término “género” y las afirmaciones falsas de ciertos gobiernos y grupos de interés, que sostienen que el Convenio menoscaba la noción de “familia tradicional”, están contribuyendo a que algunos países no ratifiquen el Convenio.

Por ejemplo, los parlamentos de Eslovaquia y Hungría han rechazado iniciativas para ratificar el Convenio, y en Bulgaria, el Tribunal Constitucional del país ha fallado que el Convenio no es compatible con su Constitución.

En marzo de 2021, Turquía, primer país que firmó y ratificó el Convenio, anunció su retirada del tratado, también aduciendo que se utilizaba para “normalizar la homosexualidad”, lo cual es “incompatible con los valores sociales y familiares de Turquía”. Si las autoridades turcas no revocan esta decisión, entrará en vigor el 1 de julio de 2021. Paradójicamente, Turquía fue un firme defensor del Convenio en el momento de abrirse a la firma y desempeñó un papel decisivo a la hora de movilizar a otros Estados europeos para que procedieran a su firma.

Este paso sin precedentes de Turquía sigue a amenazas semejantes en Polonia, donde está pendientes de resolución una solicitud del primer ministro al Tribunal Constitucional para que evalúe la constitucionalidad del tratado y un proyecto de ley en el Parlamento que pide al presidente que retire a Polonia del Convenio de Estambul y cree un nuevo convenio sobre los “derechos de la familia”.

El Convenio se está convirtiendo en una herramienta en manos de grupos de interés para difundir desinformación y demonizar la igualdad de género y los derechos de las mujeres y de las personas LGBTI.

En contra de lo que afirman los gobiernos de estos países, la verdadera amenaza para los “valores familiares”, que, desde luego, son muy valorados por innumerables personas LGBTI, es la que representan los autores de violencia de género y violencia en el ámbito familiar.

En 2019, la Comisión de Venecia, un órgano consultivo del Consejo de Europa, emitió a petición del ministro de Justicia de Armenia una dictamen en el que evalúa las repercusiones constitucionales de la ratificación y ofrece un análisis de gran utilidad para refutar muchas ideas erróneas en relación con el tratado.

 

6. Es un instrumento que salva vidas y está generando cambios

Mujeres con mascarillas protectoras durante una protesta contra feminicidios recientes y violencia contra las mujeres en Estambul (Turquía) el 5 de agosto de 2020. © NurPhoto via Getty Images

Grupos de mujeres y sus aliados en muchos países han llevado a cabo con éxito campañas contra la violencia contra las mujeres haciendo uso del Convenio de Estambul como referente. Resulta irónico que en los países donde se está difundiendo desinformación sobre el Convenio —incluidos Turquía y Polonia— la gente se haya unido para luchar por el tratado, prevenir la violencia contra las mujeres y hacer campaña por la igualdad de género.

En consecuencia, tienen lugar cambios. Por ejemplo, en Finlandia el Estado entendió, gracias al Convenio de Estambul, que la financiación de refugios para supervivientes de violencia de género en el ámbito familiar era responsabilidad del Estado y se garantizaron más servicios y apoyo. Finlandia y otros países como Albania, Serbia y Montenegro han creado líneas de asistencia telefónica nacionales coincidiendo con la entrada en vigor del Convenio.

Además, en los últimos años, Islandia, Suecia, Grecia, Croacia, Malta y Dinamarca han reformado sus leyes para garantizar que la violación se define como sexo sin consentimiento, tal como exige el Convenio. En Suecia, la ley ha dado lugar hasta ahora a un aumento considerable de las sentencias condenatorias y, en menor escala, de los enjuiciamientos.

La realidad es que ningún país está libre de violencia contra las mujeres y que aún queda un largo camino que recorrer para lograr cambios duraderos. Pero los gobiernos que firman y ratifican el Convenio están aplicando medidas para poner fin a esta situación y enviando al mundo el mensaje firme de que hay voluntad política de proteger los derechos de las mujeres y salvar vidas.