Liliane Umubyeyi, sobre la importancia de la justicia restaurativa
Liliane Umubyeyi ayudó a fundar African Futures Lab en un intento de reescribir el discurso en torno a las personas africanas y afrodescendientes y conseguir que reciban la justicia restaurativa que merecen.
Ahora, en un momento en el que los movimientos contrarios a los derechos se normalizan cada vez más y la violencia racial en el mundo se acelera, quiere recordar a la población que hay un movimiento de personas que combaten para oponerse a esta situación, pedir reparaciones y hacer que quienes ocupan el poder rindan cuentas de sus actos.
La política siempre ha formado parte de mi vida.
Recuerdo que, cuando era niña en Ruanda, había un clima político violento, en el periodo previo al genocidio ruandés de 1994 contra los tutsis. Cuando cumplí 10 años, tuvimos que huir a causa del genocidio.
Viajamos a Kenia, luego a Camerún (donde aprendí francés) y finalmente nos asentamos en Bélgica, donde éramos población refugiada africana negra.
Después de estudiar Derecho, cursar un doctorado y trabajar para diferentes organizaciones de derechos humanos, incluida la ONU, empecé a darme cuenta de la desconexión entre los derechos humanos y la justicia racial. Veía el impacto del colonialismo en el sentido de cómo resolvían los problemas las organizaciones para las que trabajaba: cuando se trataba de diseñar el funcionamiento de los sistemas políticos y legales, su pensamiento era eurocéntrico.
Cambiar el discurso: de la caridad a la rendición de cuentas
Quería cambiar las cosas, pero sabía que en una gran organización sería imposible. Junto con una amiga, fundamos African Futures Lab y, aunque no me proponía ser activista, de alguna manera me convertí en una.
Nuestro objetivo era cambiar la cultura de impunidad respecto a las injusticias raciales que afectan a las personas africanas y afrodescendientes, así como el discurso en torno al desarrollo de sus sociedades.
Desde la segunda mitad del siglo XIX, se nos vio como gente a la que había que salvar y apoyar, y se culpaba a las personas inmigrantes africanas y afrodescendientes en el Norte Global de los problemas socioeconómicos de estos países. Sin embargo, esto no habría sucedido si nuestros cuerpos y nuestros recursos naturales no se hubieran explotado durante tantos años. La población africana ayudó a crear la riqueza de las potencias coloniales y contribuyó a su desarrollo mediante la explotación de los recursos y la mano de obra de África; por ello, African Futures Lab quería trasladar el discurso del apoyo caritativo a la rendición de cuentas y la reparación, centrándose especialmente en el género y el clima.
Una de las cuestiones principales sobre las que trabajamos es la violencia perpetrada por la administración colonial contra los niños y niñas métis.
Estos niños y niñas, nacidos de madres africanas y padres europeos durante el gobierno colonial belga en Ruanda, Burundi y República Democrática del Congo, fueron secuestrados sistemáticamente y separados a la fuerza de sus familias entre 1948 y 1961.
Recuerdo oír cómo un familiar había sido arrancado de los brazos de su madre cuando era niño. Durante muchos años, su madre envió una carta tras otra, tratando de encontrar a su hijo, pero no sabía hablar el idioma y no tenía los recursos necesarios para encontrar al pequeño. Empecé a preguntarme por qué las madres de estos niños y niñas de raza mixta no aparecían en ninguna parte. Yo soy madre. Soy de Ruanda. Sé cómo me sentiría si me arrebataran a mi hijo.
Merecen acceso a la justicia
Bélgica fue fundamental para convertir las categorías socioeconómicas en categorías étnicas en el caso de Ruanda. Francia fue fundamental para crear las condiciones que condujeron al genocidio contra los tutsis en Ruanda. Bélgica nos ha pedido disculpas. Francia, sin embargo, aún no ha abordado la cuestión de las reparaciones y únicamente ha reconocido la responsabilidad moral. Esencialmente, destruyeron un país, se disculparon, y luego dijeron “pasemos página”.
En lo que se refiere al racismo, los delitos relacionados con el colonialismo y el neocolonialismo, hay una negativa tajante a hablar de ello.
Liliane Umubyeyi
En el espacio de los derechos humanos hablamos constantemente de reparación. Sin embargo, en lo que se refiere al racismo, los delitos relacionados con el colonialismo y el neocolonialismo, hay una negativa tajante a hablar de ello. Para mí era natural preguntar: “¿Por qué las personas africanas no merecen tener acceso a la justicia por los delitos relacionados con el colonialismo? ¿Y por qué no merecen justicia las madres de los niños y niñas métis?” Han visto cómo sus hijos e hijas eran secuestrados, y ese es el más atroz de los delitos.
Desde 2022, African Futures Lab ha estado trabajando con un colectivo de asociaciones de métis en Burundi, República Democrática del Congo y Bélgica. En 2024, cinco mujeres métis presentaron una demanda judicial contra el Estado de Bélgica y ganaron: el tribunal ordenó el pago de reparaciones. Las cinco mujeres eran niñas métis separadas de sus familias por el gobierno colonial belga. Cuando se conoció la sentencia, resultó increíble. En 2026, el Estado de Bélgica apeló contra la decisión, pero volvimos a ganar.
Ahora queremos utilizar la decisión del tribunal para amplificar su impacto. Por ejemplo, ¿qué podemos hacer por la gente que permanece en República Democrática del Congo, Ruanda o Burundi? Esta victoria fue para cinco mujeres pero, ¿qué pasa con el resto?
Algunas de las madres de niños y niñas métis secuestrados siguen vivas, así que ¿cómo nos aseguramos de que, antes de que mueran, pueden acceder a ayuda psicológica o económica? Se trata de derechos fundamentales, y tenemos que aprovechar mientras la cuestión está candente.
Una larga batalla
Ha habido movimientos de extrema derecha durante años, pero ahora la violencia racial se está acelerando y debemos oponer resistencia. Seguir reclamando rendición de cuentas y pidiendo reparación por las injusticias raciales históricas y contemporáneas es un acto de resistencia. Es una forma de negarse a ser silenciado.
La década de las reparaciones de la Unión Africana ya estaba en nuestra agenda, pero creo que es incluso más pertinente emprender acciones tangibles. En las conferencias y los círculos académicos siguen abundando las conversaciones sobre reparación y justicia racial, pero es importante que más gente tenga acceso a estas conversaciones y pueda aprender sobre el impacto real y continuado de la colonización.
Junto con nuestros socios Reforms Initiative, Baraza Media Lab y Deep South Solidarity Fund, creamos el Festival Wakati Wetu, el primer festival sobre reparaciones del continente africano, que se celebró el año pasado. Fue un lugar donde reunir a personas de más de 20 países y 75 organizaciones y transformar un ecosistema para asegurar que la violencia colonial y racial está en el orden del día y demostrar que la justicia restaurativa no es una batalla aislada. Para hacer realidad el festival trabajamos con varias organizaciones, incluida Amnistía Internacional, pues se trata de crear una red para ganar estas batallas y demostrar que la esperanza es más fuerte que el miedo.
Habida cuenta de lo que está sucediendo en el mundo, la batalla puede durar más de lo esperado, y no sé si nuestra generación la ganará, pero al menos quienes vengan dentro de 50 años no tendrán que empezar de cero; para mí, eso es fundamental.
Este artículo se publicó originalmente en Le Soir.
En nuestra serie Voces de justicia restaurativa (“Voices of Reparatory Justice”) hablamos con artistas, activistas y dirigentes que cuentan su historia de reparación y resiliencia en la lucha contra los efectos negativos de las injusticias históricas, la esclavitud y el colonialismo. Pese a los desafíos existenciales, su camino para lograr dignidad y derechos para los grupos racializados devuelve la esperanza respecto a nuestro futuro común; la humanidad siempre debe prevalecer. Ésta es una de esas historias. Más información sobre nuestro trabajo.


