La tercera Conferencia de la ONU contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia de 2001 fue un punto de inflexión para millones de personas en todo el mundo. Siete mil personas en representación de gobiernos y de la sociedad civil de 170 países se reunieron en Durban, Sudáfrica. Liderada por países del Sur Global, la Conferencia de Durban cuestionó la idea de que los derechos humanos son un concepto occidental, reconoció las raíces históricas de las formas contemporáneas de racismo y pidió a los Estados que reparasen las consecuencias duraderas del colonialismo y la esclavitud. Si bien EE. UU. e Israel se retiraron de la Conferencia, en ella se adoptaron la Declaración y el Programa de Acción de Durban, que se convirtieron en documentos fundamentales para la lucha mundial contra el racismo. Sin embargo, dado que el racismo sigue estando aún muy presente, hablamos con activistas sobre sus luchas y esperanzas.
Me llamo Mandi Mudarikwa. Me ocupo de los litigios estratégicos sobre derechos humanos en Amnistía Internacional. Mi carrera jurídica se ha centrado en utilizar el derecho y los tribunales como instrumentos de justicia, rendición de cuentas y promoción y realización de los derechos humanos.
Los derechos humanos son una promesa y un compromiso. Una promesa de igualdad, libertad de expresión, privacidad y acceso —entre otras cosas— a la salud y la educación; y un compromiso de hacer realidad estos derechos. Sin embargo, con demasiada frecuencia estas promesas se quedan en meras palabras escritas en un papel. En este contexto, el objetivo de mi trabajo es utilizar litigios estratégicos y que sientan precedente para combatir la injusticia sistémica, configurar una jurisprudencia progresista y promover las normas de derechos humanos en sistemas jurídicos diversos.
Momentos de esperanza
Cuando pienso en lo lejos que hemos llegado, y en todo el trabajo que se ha llevado a cabo no sólo para rechazar, sino también para plantar cara a la discriminación racial, los legados del colonialismo, la esclavitud y el apartheid, también pienso en sistemas que, en algunos lugares, siguen definiendo a las personas como superiores o inferiores según el color de su piel, su raza, su etnia, su ascendencia o su origen nacional, negándoles su condición de seres humanos y sus derechos. Pero al mismo tiempo, recuerdo también los momentos de esperanza, solidaridad y unidad que nos demuestran lo que es posible conseguir cuando aunamos nuestras fuerzas para hacer frente a la injusticia y a las violaciones de derechos humanos.
A pesar de que estos esfuerzos han contribuido a ello, lamentablemente quienes están en el poder no han hecho lo suficiente para desmantelar las estructuras y los sistemas que hacen posible el racismo, la discriminación y la xenofobia. Comprometerse a lograr un mundo sustantivamente igualitario y justo para todas las personas no basta para reparar las injusticias históricas ni para transformar nuestras sociedades. La adopción de la promesa de igualdad no fue suficiente para subsanar una falta de financiación y de recursos sistémica, consecuencia de décadas de discriminación con el visto bueno del Estado.
Podemos verlo, por ejemplo, en las escuelas de muchos países que atienden principalmente a comunidades racializadas. Muchas de ellas siguen careciendo de financiación y recursos suficientes, reflejo de unas desigualdades que no desaparecieron por el mero hecho de abandonar o condenar formalmente las políticas discriminatorias. Por tanto, la promesa de justicia e igualdad sustantiva aún no se ha traducido en una igualdad sustantiva real ni en el disfrute de los derechos humanos para todas las personas.
Deshumanización
Es más, estamos siendo testigos de cómo se cuestiona y se desvirtúa intencionadamente la promesa de una igualdad sustantiva, entre otras cosas porque la gente cada vez se atreve más a decir abiertamente que otras personas son inferiores basándose sólo en su raza, su nacionalidad o su origen. El lenguaje y las ideas deshumanizadoras han cobrado fuerza, y con ellos la tendencia a cuestionar abiertamente que todo el mundo tenga realmente derecho a los mismos derechos humanos.
Asistimos a la adopción de un enfoque de suma cero de los derechos humanos, como si los derechos de una persona o el avance de un grupo debieran conseguirse a costa de los de otro. El avance hacia la igualdad racial se plantea no como una ampliación de los derechos para todas las personas, sino como un recorte de los derechos de otras. Es una peligrosa forma de pensar que enfrenta intencionadamente a unas personas contra otras. En vez de reconocer la igualdad como un principio que refuerza los derechos humanos y la dignidad de todas las personas, convierte los derechos humanos en una competición.
Y entonces es cuando empezamos a ver lo difícil que va a ser conseguir que el racismo, la discriminación y la xenofobia sean cosas del pasado. No sólo estamos luchando para desmantelar los sistemas y las desigualdades que crearon esas ideologías; también nos enfrentamos a intentos de revivir y legitimar las ideas que las sustentan.
La Declaración de Durban
La Declaración de Durban surgió como respuesta a un debate sobre la necesidad de mayores salvaguardias y de una acción más concreta y transformadora.
En aquel momento (2001) había un consenso casi global de la necesidad de eliminar el racismo, la discriminación y la xenofobia por sus consecuencias sobre el acceso a los derechos humanos y sobre su disfrute.
Para mí, una de las cosas más importantes de la Declaración y el Programa de Acción de Durban es que van más allá de la condena. Ofrecen un plan de acción, un compromiso de hacer frente a las estructuras, los sistemas y las desigualdades que permiten que el racismo y la discriminación persistan.
Ahora necesitamos que los Estados utilicen este plan de acción para adoptar medidas claras y concretas y hacer realidad las promesas, para recordar el motivo por el que éstas se hicieron, para defender los avances que hemos logrado y para construir un mundo radicalmente diferente del que teníamos antes.
Litigio estratégico
El litigio estratégico puede ser una poderosa herramienta para impulsar el cambio, y la Declaración y el Programa de Acción de Durban ofrecen un importante marco para esta forma de litigio, ya que nos proporcionan un conjunto claro de principios para hacer frente al racismo, la discriminación racial, la xenofobia y otras formas relacionadas de intolerancia. Todo ello ayuda a traducir los compromisos internacionales a argumentos para la rendición de cuentas, la igualdad y el acceso a los derechos a nivel nacional.
Esto lo vimos en un caso de Canadá en el que Amnistía intervino este año, el de una mujer solicitante de asilo a quien se le negó el derecho a acceder a servicios de guardería gratuitos, sin los cuales no podía trabajar. La apoyamos cuando el caso llegó al Tribunal Supremo de Canadá, que declaró discriminatoria e inconstitucional la exclusión de personas solicitantes de asilo. Es un claro ejemplo de cómo la Declaración y el Programa de Acción de Durban pueden servir de base para cambios jurídicos concretos.
Pero una sentencia es sólo el comienzo, porque el litigio estratégico no termina cuando un tribunal dicta sentencia. Su impacto real depende de cómo se aplique. Avanzar requiere tiempo, y puede que una decisión no transforme un sistema por sí sola. Sin embargo, combinada con otras y con trabajo de incidencia, organización y otras estrategias de cambio, cada victoria puede servir de base para la siguiente y contribuir a la consecución de un cambio sistémico duradero. En consecuencia, si se implementa plenamente, esta decisión tiene el potencial de desmantelar los efectos combinados de la interacción entre racismo, discriminación y xenofobia.
¿Mi mensaje a la juventud?
No olviden que no habrá igualdad hasta que todas las personas seamos iguales. Es importante subrayar que a la igualdad no se llega por casualidad, ni esperando pasivamente a que suceda, sino que requiere una acción deliberada. Exige que cada persona cuestione, combata y desmantele los sistemas en los que florecen la desigualdad y la discriminación. Así que, ¡sigamos adelante! Unámonos con decisión y valor para transformar nuestro compromiso de lograr una igualdad sustantiva en acciones relevantes y así crear el mundo en el que queremos vivir, un mundo donde todas las personas sean valoradas, respetadas y sustantivamente iguales.
Artículo publicado originalmente en Daily Maverick.


