Al cabo de 70 años, las "mujeres de solaz" hablan para que la verdad no muera

De Paula Allen

Hasta 200.000 “mujeres de solaz" fueron convertidas en esclavas sexuales por el ejército japonés antes de la Segunda Guerra Mundial y a lo largo de ella. Setenta años después del final de la guerra, la fotógrafa estadounidense Paula Allen recuerda a las supervivientes que conoció en 2005 en Corea del Sur y Filipinas.

Hace 10 años que las conocí,  pero todavía pienso todo el tiempo en ellas. Imagino que un día, pronto, voy a regresar y voy a ver quién vive aún. Tenían más de 60, 70 y 80 años cuando nos conocimos en 2005. Sé que muchas han muerto ya. Pero rompieron con valentía su silencio antes de morir.

“No podía quedarme embarazada. No podía ni pensar en tener un bebe; tenía enfermedades que afectaban a mi capacidad para tener hijos

Recuerdo en particular a una mujer de Filipinas. Se llamaba Lola Maxima. No sólo contaba su experiencia, sino que también la representaba: lanzaba arañazos, gritaba, caía al suelo, andaba a gatas para intentar escapar, se acurrucaba hecha un ovillo [...] Su hija, que estaba allí, se quedó pasmada al verla. Era la primera vez que oía a su madre hablar de lo ocurrido hacía muchos años.

Sus voces y sus cuerpos hablaban al unísono

Cuando fui  a entrevistar a las supervivientes en 2005, con la responsable de campañas de Amnistía Internacional Suki Nagra, me impresionó el coraje que mostraban a pesar de los años para que la verdad no muriera con ellas. También me impresionó la solidaridad entre ellas. En Corea vivían juntas en un lugar llamado House of Sharing, y en Filipinas habían formado un grupo para luchar por la justicia.

“Un noche me violaron cinco hombres. Los soldados se alternaban, así que eran hombres distintos cada noche [...] Si me negaba, me daban bofetadas y golpes.

Las fotografié porque querían que lo hiciera. Estaban aportando pruebas, recordando, contando la verdad con la voz y con el cuerpo. Había muchas que se arrancaban la ropa al entrevistarlas. Señalaban las partes de su cuerpo heridas: un pecho donde un soldado había golpeado a la mujer con una espátula caliente, una vagina en la que la penetración había sido brutal e incesante, o pies fuertemente atados con cuerdas.

Las fotografié porque querían que lo hiciera. Estaban aportando pruebas, recordando, contando la verdad con la voz y con el cuerpo.
Paula Allen

Todas fueron una vez niñas que tenían sueños para el futuro, pero fueron maltratadas sexual, emocional y físicamente. A muchas las mataron o se suicidaron. Las que sobrevivieron y regresaron a casa estuvieron decenios sin contar sus historias de horror por temor a ser estigmatizadas.

Abrir la puerta a otras mujeres

Kim Hak-soon, de Corea del Sur, testificó en agosto de 1991 contando sus sufrimientos como esclava sexual del ejército japonés; fue la primera mujer de su país que rompió el silencio tras de más de 50 años. Al hacerlo, abrió la puerta a las supervivientes de toda Asia para que empezaran a contar también sus casos.

Lee Ok-sun (izquierda), de 89 años, con otras mujeres en House of Sharing, Corea del Sur . © Paula Allen

La negativa de las mujeres a guardar silencio ha tenido un impacto, quizá incalculable, en otras víctimas de violencia sexual de todo el mundo. En los últimos años he viajado a la República Democrática del Congo, y las mujeres y las niñas hablan ahora abiertamente de la violencia y las violaciones masivas mientras continúa la brutalidad de la guerra.

La negativa de las mujeres a guardar silencio ha tenido un impacto, quizá incalculable, en otras víctimas de violencia sexual de todo el mundo.
Paula Allen

Setenta años y esperando aún justicia

Las supervivientes de esclavitud sexual ha pedido reparación plena y una disculpa verdadera del gobierno japonés. Hasta ahora, 70 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, están todavía esperando ambas cosas.

“Después del primer soldado vinieron dos más. No me daba ya cuenta de lo que pasaba; estaba muy débil [...] entones no tenía aún la menstruación.” Fidencia David (Lola Piding), de 77 años (en 2005), Manila, Filipinas. © Paula Allen

Muchas de estas mujeres no llegaron a ver hacer justicia, y sé que las que todavía viven  quizá no puedan ver tampoco ese día. Pero para mí,  han conseguido algo impresionante al seguir enfrentándose al gobierno japonés a pesar de las mentiras y las negativas  

La lucha por la justicia ha fortalecido la voz de las mujeres de todo el mundo. La voz de estas supervivientes ha dado impulso a un movimiento global que exige que se aborden los delitos de violencia sexual.

Virginia Bangit (izquierda), de 81 años (en 2005), una de las Malaya Lolas (“Abuelas de la Libertad

El Ejército Imperial  Japonés esclavizó a decenas de miles de mujeres, llamadas eufemísticamente "mujeres de solaz", entre alrededor de 1932 y el final de la Segunda Guerra Mundial. Las víctimas eran chinas, taiwanesas, coreanas, filipinas, malasias, neerlandesas, timoresas y japonesas. Algunos ex soldados han revelado en memorias y entrevistas que también fueron obligadas a ejercer la "prostitución" mujeres de Vietnam, Tailandia, Birmania y Estados Unidos.  Para más información, véase el informe de 2005 de Amnistía Internacional, que contiene fotografías de Paula.

 

70 years after #WWII, survivors of #Japan military sexual slavery are #StillWaiting for justice #ComfortWomen

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