“Las mujeres y los niños y niñas angoleños desplazados por la sequía a Namibia sufren graves abusos contra los derechos humanos derivados de la carencia de vías seguras y legales de migración para quienes los desastres naturales obligan a cruzar la frontera”, afirma Amnistía Internacional en un nuevo informe.
El informe “The Drier It Gets The Longer You Have To Walk, The Deeper You Have To Dig” – The Human Rights Impacts Of Drought-induced Displacement On Angolan Women & Children In Namibia, documenta las devastadoras consecuencias de las sequías recurrentes en el sur de Angola y los impactos para los derechos humanos que experimentan las personas desplazadas a Namibia, entre ellos el temor persistente de ser arrestadas, detenidas y deportadas, lo que a su vez influye en sus decisiones cotidianas sobre si buscar o no atención médica y otros servicios.
“Las autoridades namibias deben adoptar un enfoque a la migración basado en los derechos, garantizando que las personas desplazadas por la sequía y otros desastres naturales tienen acceso a derechos básicos, incluidas la inscripción en registro y la documentación”. Tigere Chagutah, director regional de Amnistía Internacional para África Oriental y Austral.
“La protección de una población angoleña ya marginada que se ve obligada a ir a Namibia en busca de medios de subsistencia no es solo una preocupación humanitaria, sino una crisis de derechos humanos que exige solidaridad internacional, incluida la protección legal frente a la devolución”, declaró Tigere Chagutah.
Las autoridades namibias deben adoptar un enfoque a la migración basado en los derechos, garantizando que las personas desplazadas por la sequía y otros desastres naturales tienen acceso a derechos básicos, incluidas la inscripción en registro y la documentación.
Tigere Chagutah, director regional de Amnistía Internacional para África Oriental y Austral
Entre mayo de 2024 y mayo de 2026, Amnistía Internacional entrevistó al menos a 167 personas entre personas desplazadas, dirigentes de la comunidad, funcionarios del gobierno, representantes de organizaciones de la sociedad civil, miembros de la academia y miembros del Equipo de País de la ONU.

Cuando se publican estas líneas, las autoridades del gobierno namibio no habían respondido a la petición de comentarios de Amnistía Internacional.
“Cuanta más sequedad hay, más tienes que caminar, más hondo tienes que cavar.”
El sur de Angola, especialmente las provincias de Cunene, Huíla y Namibe, es una de la regiones más afectadas por sequías recurrentes, exacerbadas por El Niño.
Junto con vulnerabilidades estructurales que vienen de antiguo, estas condiciones socavan los sistemas tradicionales de pastoreo y agricultura, erosionan la resiliencia de la población y obliga a esta a migrar a Namibia en busca de seguridad, alimentos, agua, trabajo y servicios esenciales.
Cuanta más sequedad hay, más tienes que caminar, más hondo tienes que cavar.
Activista por el clima de Angola
Las mujeres y los niños y niñas se ven afectados de forma desproporcionada y a menudo hacen este trayecto con un gran riesgo.
Un joven activista contra el cambio climático dijo a Amnistía Internacional que el desplazamiento inducido por la sequía no es una simple historia de personas “huyendo de la sequía”, sino una respuesta racional a unos sistemas que se están viniendo abajo. “Cuanta más sequedad hay, más tienes que caminar, más hondo tienes que cavar”, dijo.
La respuesta de Namibia al desplazamiento angoleño
El informe indica que las personas angoleñas desplazadas por la sequía tienen formas limitadas de regularizar su estancia en Namibia, pues las leyes vigentes sobre inmigración y protección no reflejan las realidades del desplazamiento provocado por el clima. Esto ha hecho que muchas personas se encuentren en situación irregular cuando cruzan la frontera en busca de alimentos, agua, pastos, atención médica, apoyo familiar y trabajo tras unas sequías que destruyen cosechas, ganado y medios de subsistencia.

En 2026, el programa de control de la inmigración del Ministerio del Interior namibio anunció que se había devuelto a Angola a más de mil personas de nacionalidad angoleña tras haber sido localizadas en el país en situación migratoria irregular.
El 4 de junio de 2025, Amnistía Internacional presenció cómo las autoridades namibias detenían a unas 40 personas de nacionalidad angoleña —entre las que había mujeres, niños y niñas— en un centro comunitario de Opuwo, y las transportaba el mismo día a la frontera de Ruacana —a más de 100 kilómetros de distancia— para entregarlas a las autoridades angoleñas sin un cribado individualizado ni facilitarles información sobre opciones de asilo o de protección, ni evaluar los riesgos que encontrarían a su regreso. La inexistencia de un examen individual suscita gran preocupación en relación con la prohibición de las expulsiones colectivas y el principio de no devolución.
La protección de una población angoleña ya marginada que se ve obligada a ir a Namibia en busca de medios de subsistencia no es solo una preocupación humanitaria. Sino una crisis de derechos humanos que exige solidaridad internacional, incluida la protección legal frente a la devolución.
Tigere Chagutah
En otros casos, han sido también objeto de devoluciones facilitadas por el gobierno personas menores angoleñas sin que se dispusiera de información pública suficiente para determinar si se aplicaron las salvaguardias adecuadas.
El informe pone de relieve que el marco para la inmigración vigente en Namibia no responde adecuadamente a las circunstancias de las personas desplazadas al otro lado de la frontera por la sequía. Aunque quienes son titulares de un pasaporte angoleño pueden entrar en Namibia sin visado por los pasos fronterizos oficiales durante periodos limitados, eso no les da derecho a trabajar, a la residencia a más largo plazo ni a una vía de protección especial.
Además, muchos miembros de comunidades fronterizas afectadas por la sequía carecen de pasaporte u otros documentos, y usan puntos de paso no oficiales. Una vez en Namibia sin un estatus regular, tienen pocas opciones accesibles para regularizar su estancia. Esto ha hecho que miles de angoleños y angoleñas teman ser arrestados, detenidos y deportados, temor que influye en las decisiones cotidianas sobre si buscar o no atención médica y otros servicios.

Amnistía Internacional concluyó que para quienes ya viven en el norte de Namibia, las condiciones de alojamiento, agua y saneamiento están muy lejos de cumplir las leyes y normas internacionales. Muchas familias viven en refugios improvisados construidos con ramas, plástico y cartón, en condiciones de gran hacinamiento o, en algunos casos, carecen totalmente de refugio.
El informe detalla que a las personas angoleñas indocumentadas les cobraban en los hospitales más que a las nacionales namibias, lo que les hacía retrasar el tratamiento hasta que la enfermedad se agravaba y evitar totalmente las clínicas por miedo a que los centros sanitarios estuvieran vinculados a las medidas de control de la inmigración.
“Solo vamos cuando hay demasiado dolor; si no, nos acostamos y esperamos”, dijo una mujer.
Amnistía Internacional pide a las autoridades namibias que cumplan sus obligaciones legales internacionales y regionales garantizando que las personas angoleñas desplazadas pueden acceder a protecciones legales, lo que incluye su inscripción en un registro y la documentación necesaria para acceder a sus derechos. Las autoridades estatales deben llevar a cabo evaluaciones individuales antes de la deportación y tener en cuenta el riesgo humano asociado al retorno.
Esta realidad subraya la necesidad de que la comunidad internacional reconozca la injusticia que sufren estas comunidades y responda con una cooperación y un apoyo sólidos. No se puede esperar.
Tigere Chagutah
Los Estados de ingresos altos, que históricamente emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero, tienen más obligaciones en relación con la acción en materia climática, mientras que los Estados que puedan, deben ofrecer cooperación y asistencia internacionales, como financiación relacionada con el clima, en función de su capacidad para ayudar a países como Angola y Namibia en la adaptación, la preparación para la sequía, el fomento de la resiliencia y gestión de pérdidas y daños.
“Esta realidad subraya la necesidad de que la comunidad internacional reconozca la injusticia que sufren estas comunidades y responda con una cooperación y un apoyo sólidos. No se puede esperar”, dijo Tigere Chagutah.
La falta de inversión en adaptación y preparación en Angola
La inversión de Angola en adaptación climática, preparación para la sequía y protección de medios de subsistencia sigue siendo desigual debido a unos medios económicos limitados, la precaria capacidad institucional, una infraestructura insuficiente para la vigilancia del clima y la dependencia continuada de programas de emergencia y resiliencia de donantes.
Las autoridades angoleñas deben tomar medidas urgentes para cumplir sus obligaciones legales estableciendo salvaguardias para proteger a las personas afectadas por la sequía mediante mecanismos de preparación para la sequía y de adaptación al clima, y proteger a las comunidades en riesgo de desplazamiento.
Tigere Chagutah
El informe muestra que las lagunas en los sistemas de alerta temprana, la infraestructura hídrica, la asistencia veterinaria y los mecanismos de protección social contribuyen a la erosión progresiva de los sistemas de ganadería y agricultura de subsistencia.
“La sequía y los riesgos cada vez mayores del cambio climático no pueden eximir al gobierno de su obligación legal de proteger los derechos de la población a la vida, la alimentación, el agua, la salud, un entorno saludable y un nivel de vida adecuado”, concluyó Tigere Chagutah.
“Las autoridades angoleñas deben tomar medidas urgentes para cumplir sus obligaciones legales estableciendo salvaguardias para proteger a las personas afectadas por la sequía mediante mecanismos de preparación para la sequía y de adaptación al clima, y proteger a las comunidades en riesgo de desplazamiento”.
Información complementaria
Entre enero y julio de 2021, más de 7.000 angoleños y angoleñas, sobre todo mujeres —algunas embarazadas y lactantes—, niños, niñas y personas mayores, entraron en el norte de Namibia tras años consecutivos de grave sequía y de inseguridad alimentaria en el sur de Angola. La sequía y la inseguridad alimentaria han seguido contribuyendo al movimiento transfronterizo en años posteriores, incluso durante las nuevas condiciones de sequía grave de 2023 y 2024. Sin embargo, la inexistencia de sistemas integrales de acogida, inscripción en registro y recopilación de datos impide saber la verdadera escala del desplazamiento relacionado con la sequía durante este periodo.


