Camboya: El relato de asesinato, violación y tortura hecho por sobrevivientes que han escapado de un centro de ciberestafas señala una crisis humanitaria en aumento

  • Miles personas extranjeras abandonadas a su suerte necesitan urgentemente asistencia consular
  • Sobrevivientes embarazadas denuncian violaciones a manos de jefes del centro
  • “Tuvimos que escapar por la fuerza”: sobreviviente

Miles de personas que escaparon recientemente de centros de ciberestafas en Camboya en los que eran sometidas a graves abusos, incluidas violación y tortura, se encuentran ahora abandonadas a su suerte y con una necesidad urgente de ayuda humanitaria. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional tras recopilar escalofriantes testimonios de sobrevivientes.

Las entrevistas con personas recientemente esclavizadas —casi todas ellas extranjeras— han revelado una situación caótica y peligrosa para quienes se han quedado sin pasaporte, dinero, atención médica o vía hacia la seguridad tras salir de centros gestionados por bandas delictivas. Amnistía ha hablado con 35 personas sobrevivientes, de las que todas habían sido liberadas o habían escapado en las últimas seis semanas, y al menos 11 la semana pasada.

En sus relatos han hablado de espantosos abusos. Varias, entre ellas al menos dos mujeres que quedaron embarazadas a consecuencia de violación, contaron a Amnistía Internacional las agresiones sexuales a manos de jefes del centro; otros brutales castigos descritos incluían los de un hombre al que le amputaron un dedo y el de otro al que degollaron.

“Este éxodo masivo desde los centros de ciberestafas ha creado una crisis humanitaria en las calles de la que el gobierno de Camboya está haciendo caso omiso. Entre escenas de caos y sufrimiento, miles de sobrevivientes traumatizados tienen que arreglárselas solos sin ayuda del Estado”, ha declarado Montse Ferrer, directora regional de Investigación de Amnistía Internacional.

“Se trata de una crisis internacional en suelo camboyano. Nuestro equipo de investigación se ha reunido con gente de Asia, África, Europa y las Américas. Estas personas necesitan urgentemente asistencia consular para poder volver a casa y salir del peligro.”

“Murieron muchas personas”

Amnistía Internacional calcula que, en las últimas semanas, miles de personas han sido liberadas o han escapado de al menos 17 centros de ciberestafas en toda Camboya. Los testimonios recopilados parecen confirmar fugas colectivas y liberaciones de centros identificados en más de 25 vídeos geolocalizados por Amnistía Internacional este mismo mes. Muchas de las personas que salen de los centros quedan abandonadas a su suerte en la capital, Phnom Penh, y necesitan desesperadamente ayuda. Amnistía habló con sobrevivientes de países como Brasil, Indonesia, Myanmar, Nigeria, Sierra Leona, Liberia, Uganda, Kenia, Bangladesh, India, Filipinas y Madagascar.

Las personas entrevistadas dijeron que no había presencia policial o militar durante su fuga o liberación o después de ellas, lo que sugiere una falta de participación de las autoridades camboyanas en el éxodo masivo de los centros. Alguna dijeron que habían sido golpeadas por guardias al intentar marcharse, pero otras pudieron salir libremente.

Amnistía habló con dos mujeres embarazadas que aseguraron haber sido violadas por jefes del centro, mientras que varias más denunciaron haber sido agredidas sexualmente, también por jefes. Muchas personas relataron haber presenciado muertes en los centros, principalmente a causa de la falta de atención médica, a la que los jefes del centro impedían acceder. Otras describieron haber presenciado tortura u otro trato cruel, inhumano o degradante, por ejemplo a un hombre al que amputaron un dedo como castigo.

Las personas con las que hemos hablado tienen mucho miedo. Necesitan urgentemente que los gobiernos de sus países intervengan para ayudar.

Montse Ferrer, directora regional de Investigación de Amnistía Internacional

Un sobreviviente contó a Amnistía Internacional que había presenciado el asesinato de un hombre al que un jefe del centro degolló tras atraparlo intentando escapar. Otras diez personas declararon que la policía visitaba sus centros regularmente, entre otras cosas para retirar los cadáveres, pero sin emprender ninguna acción contra los jefes.

*Delilah*, una sobreviviente que escapó de un centro cerca de Phnom Penh, en Prey Veng, dijo a Amnistía: “Murieron muchas personas. Incluso tratamos de reunir dinero para repatriar los cadáveres. La gente enfermaba, pero no recibíamos ayuda. Les dije que no podía respirar. Cuando nos escapamos un guardia disparó su arma al aire. Tuvimos que escapar por la fuerza porque un hombre enfermó y no quería morir”.

En otros casos, los testimonios sugerían que los jefes del centro habían abandonado el lugar dejando a quienes allí estaban en libertad para marcarse.

*Mehi*, sobreviviente, contó: “Llevaba en el centro 12 meses, temiendo por mi vida. Pero, un día, unos cuantos nos despertamos y nos dimos cuenta de que los jefes del centro se habían marchado, y también los guardias de seguridad. Las puertas y verjas estaban abiertas, así que salimos caminando.”

Los grupos que trabajan contra la trata de personas en la zona dijeron a Amnistía Internacional que el gobierno camboyano no está protegiendo ni identificando adecuadamente a las víctimas de trata, a las que deja sin apoyo y expuestas a la explotación de grupos de delincuencia organizada que actúan en la zona.

“Las personas con las que hemos hablado tienen mucho miedo. Quieren regresar a sus casas, pero muchas no tienen pasaporte ni dinero, no digamos ya dinero suficiente para comprar un billete de avión con el que salir del país”, ha declarado Montse Ferrer.

“Las autoridades camboyanas no parecen estar haciendo nada para ayudar, y el apoyo de las ONG es insuficiente, especialmente tras los recortes generalizados de la ayuda humanitaria producidos el año pasado. Estas personas necesitan urgentemente que los gobiernos de sus países intervengan para ayudar.”

Información complementaria

Amnistía Internacional ha entrevistado anteriormente a más de 100 víctimas de la industria de las ciberestafas. Muchas de ellas fueron llevadas, como objeto de trata, desde fuera de Camboya a los centros, donde son obligadas a cometer estafas o a reclutar a otras personas, privadas de libertad y torturadas si no obedecen las órdenes de sus jefes.

En julio de 2025, el gobierno camboyano anunció medidas enérgicas en todo el país contra los centros de ciberestafas. Posteriormente dijo que había liberado a más 3.000 víctimas de trata de seres humanos.

En junio de 2025, un informe de Amnistía Internacional halló que más de 50 centros de ciberestafas de toda Camboya eran lugares de esclavitud, trata de seres humanos, trabajo forzoso, tortura y otros abusos contra los derechos humanos y que funcionaban como prisiones controladas por grupos de delincuencia organizada. El informe concluía que las autoridades camboyanas no habían impedido ni abordado estas violaciones de derechos, y que había datos que indicaban la existencia de complicidad o inacción deliberada del Estado que habían permitido que floreciera la industria.