El horror de Yemen revela la mortal hipocresía de exportadores de armas como Reino Unido y Estados Unidos


Por Rasha Mohamed, investigadora de Amnistía Internacional, y Rasha Abdul Rahim, responsable de la campaña Armas bajo Control de Amnistía Internacional

El ataque aéreo lanzado el 15 de agosto contra el hospital rural Abs en la gobernación de Hajjah, Yemen, fue el cuarto perpetrado contra un hospital de Médicos Sin Fronteras (MSF) en 10 meses. Eso no lo hizo menos espantoso.

Entre los 10 muertos se encontraba el conductor de ambulancia Ayman Issa Bakri, de 16 años. Llevaba trabajando allí desde que MSF empezó a prestar apoyo al hospital en el verano de 2015. Cuando se encontró su cadáver cerca del lugar del impacto, aún tenía en sus brazos a la mujer a la que estaba trasladando de la ambulancia a la unidad de accidentes y urgencias.

Poco después, MSF anunció que abandonaba sus operaciones en Yemen; resulta difícil imaginar la desesperación de la población yemení al ver que el último hospital en kilómetros a la redonda desaparece.

En el emplazamiento del hospital en ruinas, Amnistía Internacional identificó restos de bombas que parecen haber sido fabricadas en Estados Unidos o Reino Unido. Esto coincide con lo que sabemos sobre la proliferación de exportaciones de armas por parte de estos países a Arabia Saudí y otros miembros de su coalición militar.

Mientras tanto, las delegaciones de Reino Unido y Estados Unidos se disponían a asistir a la Segunda Conferencia de los Estados Partes en el Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA), que concluye hoy en Ginebra. El TCA prohíbe las transferencias de armas cuando se sepa que se pueden utilizar para cometer crímenes de guerra: por ejemplo, en ataques indiscriminados o directos contra civiles. Reino Unido ha ratificado el tratado, por lo que está obligado a cumplir sus disposiciones; en cuanto a Estados Unidos, como signatario, no debe emprender ninguna acción que socave el objeto y el propósito del tratado.

No hay ningún lugar donde los niños y niñas puedan sentirse a salvo: suman un tercio de los 3.799 civiles muertos en Yemen desde que comenzó la campaña de la coalición en marzo de 2015.
Rasha Mohamed y Rasha Abdul Rahim

Habida cuenta del amplio conocimiento sobre cómo la coalición encabezada por Arabia Saudí está utilizando ciertas armas para llevar a cabo ataques indiscriminados y directos contra hospitales y otros objetivos civiles, Reino Unido y Estados Unidos no deberían autorizar transferencias de armas para que la coalición las use en el conflicto de Yemen. Es precisamente por eso por lo que hemos pedido reiteradamente un embargo total de las transferencias de armas que puedan ser utilizadas por cualquiera de las partes enfrentadas en Yemen.

En una declaración realizada el 23 de agosto ante la Conferencia, la delegación de Reino Unido instó a otros Estados Partes a “reparar las prácticas que incumplen los ideales del tratado” y a estar dispuestos a aceptar las críticas sobre su conducta. Resulta asombrosa la hipocresía de este llamamiento, que se produce casi tres semanas después del nuevo horror contra la población civil yemení, víctima, una vez más, de los ataques indiscriminados de la coalición encabezada por Arabia Saudí, bien pertrechada de armas británicas, incluidas municiones y aviones militares.

Desde que el 6 de agosto fracasaron las conversaciones de paz de Kuwait, los ataques aéreos contra el grupo armado huzí se han reanudado, con terribles consecuencias para la población civil. Tan sólo dos días antes del ataque al hospital Abs se informó de que 10 niños habían muerto y 28 habían resultado heridos cuando su escuela fue bombardeada en Sa'da. No hay ningún lugar donde los niños y niñas puedan sentirse a salvo: suman un tercio de los 3.799 civiles muertos en Yemen desde que comenzó la campaña de la coalición en marzo de 2015.

Amnistía Internacional ha documentado una y otra vez cómo los Estados Partes en el TCA siguen suministrando a la coalición encabezada por Arabia Saudí armas del tipo utilizado para atacar a la población civil y a infraestructuras civiles en Yemen. Al hacerlo, se arriesgan a ser cómplices en esos ataques.

La coalición encabezada por Arabia Saudí ha utilizado también munición de racimo, prohibida por un tratado internacional en el que Reino Unido es signatario. En nuestra visita más reciente a Yemen encontramos restos de munición de racimo fabricada por Reino Unido y Estados Unidos repartida en torno a las casas de la gente y colgando de árboles, y observamos también señales de sus consecuencias: niños que habían perdido dedos, padres que habían perdido a sus hijos.

Esta semana en Ginebra, la coalición Armas bajo Control y Pax recordaron a las delegaciones el sufrimiento de la población civil en Yemen. En esa reunión, Estados Unidos y Reino Unido guardaron un silencio ensordecedor. Respecto a Francia, ni siquiera se molestó en asistir. Junto con Reino Unido, Estados Unidos, Alemania y España, Francia es uno de los cinco principales suministradores de armas a Arabia Saudí: según su propio informe anual, autorizó la exportación de armas por un valor de hasta 18.000 millones de dólares estadounidenses al país en 2015.

La negativa de los principales suministradores de armas a Arabia Saudí a mantener algún tipo de debate público sobre lo que está sucediendo en Yemen resulta vergonzosa. Negativas tajantes, tópicos vagos, o simplemente el silencio, se están convirtiendo en las respuestas habituales a la abundancia de información fiable sobre la manera en que la coalición encabezada por Arabia Saudí está utilizando esas armas para cometer violaciones graves del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos. Las fotos que muestran municiones del tipo que Reino Unido está vendiendo a Arabia Saudí junto a bebés que empiezan a caminar y a casas convertidas en tumbas no se consideran lo bastante importantes para provocar siquiera una breve declaración pública de Reino Unido.

El silencio sobre las víctimas civiles en Yemen está minando una de las herramientas más importantes con las que cuenta la comunidad internacional para proteger a la población civil atrapada en guerras.
Rasha Mohamed y Rasha Abdul Rahim

Los Estados Partes, incluido Reino Unido, siguen animando a otros a unirse al TCA. Sin embargo, si no están dispuestos a someter a escrutinio su propia conducta o a penalizar las infracciones, socavarán el espíritu fundador del tratado, y amenazarán con convertirlo en poco más que un ejercicio de relaciones públicas.

Debe haber tolerancia cero para los Estados que burlan las obligaciones contraídas en virtud del TCA. Amnistía Internacional pide que se establezca un requisito: que los exportadores de armas no aprueben ninguna transferencia hasta que los Estados importadores proporcionen garantías legalmente vinculantes que aseguren que los usuarios finales previstos para esas armas respetarán los derechos humanos y el Estado de derecho. Por ejemplo, Reino Unido actualmente no podría autorizar ninguna transferencia de armas a Arabia Saudí hasta que tenga una garantía legalmente vinculante de que esas armas no se van a utilizar en Yemen.

El silencio sobre las víctimas civiles en Yemen está minando una de las herramientas más importantes con las que cuenta la comunidad internacional para proteger a la población civil atrapada en guerras. Un embajador de alto nivel dijo a Amnistía Internacional durante la Conferencia que, puesto que el TCA sólo tiene dos años, debemos “ejercitar la paciencia” y darle tiempo. Sin embargo, hay Estados como Reino Unido, Francia o Estados Unidos que disponen de amplios recursos para controlar sus exportaciones de armas con el fin de garantizar que no alimentan atrocidades. Esos Estados pueden, y deben, abrir el camino.

Mientras tanto, a menos que los Estados Partes en el TCA empiecen a cumplir las obligaciones dispuestas por el tratado, lo único que las personas yemeníes hospitalizadas pueden hacer es rezar para que la siguiente ronda de bombardeos caiga en otra parte.

Este artículo se publicó originalmente en el International Business Times