Taiwán: Debe concederse un nuevo juicio a un preso en espera de ejecución que fue torturado para que confesara

El Tribunal Superior de Taiwán debe conceder un nuevo juicio con garantías al preso que más tiempo lleva en espera de ejecución en el país después de que hayan aparecido dos agentes de policía que corroboran su denuncia de que fue sometido a tortura para obligarlo a confesarse autor del delito, ha dicho Amnistía Internacional.

Los abogados de Chiou Ho-shun, preso de 55 años que lleva en espera de ejecución desde 1989, deben presentar hoy una petición para que su cliente, condenado a muerte en 1989 por atraco, secuestro y asesinato, vuelva a ser juzgado en función de las nuevas pruebas.

Este caso es desde hace tiempo una mancha en el sistema de justicia de Taiwán y el Tribunal Superior tiene ahora la oportunidad de enmendar el error.
Roseann Rife, directora de Investigación sobre Asia Oriental de Amnistía Internacional

Los dos policías participaron en el traslado de Chiou Ho-shun de su celda al lugar donde fue interrogado en 1988 y ahora están dispuestos a testificar ante el tribunal que Chiou Ho-shun les dijo cuando fue interrogado por primera vez por la policía que lo habían torturado y obligado a confesarse autor de los delitos.

“Si hay algún caso que exija un nuevo juicio, ése es el de Chiou Ho-shun”, ha dicho Roseann Rife, directora de Investigación sobre Asia Oriental de Amnistía Internacional.

“Este caso es desde hace tiempo una mancha en el sistema de justicia de Taiwán y el Tribunal Superior tiene ahora la oportunidad de enmendar el error.”

Tortura

Chiou Ho-shun dijo que durante los interrogatorios le habían vendado los ojos y atado, lo habían obligado a sentarse sobre hielo, le habían aplicado descargas con una porra eléctrica y le habían vertido por la boca y la nariz agua mezclada con pimienta. Los interrogatorios podían durar hasta 10 horas seguidas, durante las cuales cinco o seis personas lo golpeaban hasta dejarlo inconsciente, cosa que sucedió varias veces.

Ésta es una de las causas legales penales más largas: en los últimos 30 años ha habido reiteradas vistas de apelación en las que el tribunal ha seguido admitiendo como prueba fragmentos de la confesión que Chiou Ho-shun realizó bajo coacción. Jamás se han presentado pruebas materiales que vinculen a Chiou Ho-shun con el crimen.

En agosto de 2011, el Tribunal Supremo de Taiwán había confirmado la condena a muerte de Chiou Ho-shun tras agotarse todos los recursos. Sin embargo, a partir del nuevo testimonio de los policías, sus abogados pueden pedir que se repita el juicio.

Aunque Chiou Ho-shun ha afirmado reiteradamente que retiró su confesión justo después de ser interrogado, en 1988, la fiscalía sostuvo que la había retirado en una fecha posterior.

Las nuevas pruebas ponen de relieve por qué debe concederse a Chiou Ho-shun un nuevo juicio con garantías y sin posibilidad de recurrir a la pena de muerte.

La prohibición de la tortura es absoluta. El derecho internacional prohíbe utilizar como prueba ante los tribunales confesiones conseguidas mediante tortura, malos tratos u otras formas de coacción.

En 1994, dos fiscales y 10 policías fueron declarados culpables de utilizar la tortura durante la fase inicial de investigación. Sin embargo, las confesiones de los acusados no quedaron totalmente excluidas como pruebas ante el tribunal, sino sólo aquellas partes de los registros policiales en las que se veían claros indicios de tortura.

En 2003, la policía reveló además que otro preso condenado a muerte por un delito no relacionado, Hu Kuan-pao, había confesado justo antes de ser ejecutado ser el autor de uno de los asesinatos de los que se acusaba a Chiou Ho-shun, aunque esto nunca se investigó.

“La condena de Chiou Ho-shun está llena de irregularidades. Una confesión conseguida mediante tortura jamás debe poder utilizarse ante el juez. Recopilando de aquí y de allí fragmentos de los registros para presentarlos como prueba, el tribunal se burla del derecho internacional y hace un simulacro de justicia en Taiwán”, ha dicho Roseann Rife.

Tras más de 25 años condenado a muerte, la salud de Chiou Ho-shun se ha deteriorado. Ha perdido audición en el oído izquierdo y sufre migrañas a consecuencia de los golpes que le propinó la policía cuando fue detenido. Recientemente ha sido hospitalizado de urgencia por problemas respiratorios.

“Los graves errores judiciales cometidos en el caso de Chiou Ho-shun subrayan por qué Taiwán debe cumplir su promesa de abolir la pena de muerte sin demora”, ha dicho Roseann Rife. 

Información complementaria

Chiou Ho-shun fue condenado a muerte en 1989 en relación con el asesinato de Ko Hung Yu-lan y el secuestro de Lu Cheng.

Fue uno de los 12 acusados a los que la policía, según los informes, mantuvo cuatro meses incomunicados, durante los cuales los sometió a tortura y otros malos tratos. Estas personas dijeron que los habían obligado a confesarse autores del secuestro y el homicidio de Lu y de otro crimen no resuelto ocurrido en noviembre de 1987, el asesinado y desmembramiento de una agente de seguros, Ko Hung Yu-lan. Los acusados posteriormente se retractaron de lo confesado y dijeron que habían sido torturados.

Los testimonios de los acusados discrepaban, y nunca se presentaron pruebas materiales al tribunal, como el arma del crimen ni huellas dactilares en el cadáver de las víctimas. Chiou Ho-shun fue el único condenado a muerte.

Amnistía Internacional se opone a la pena de muerte en todos los casos sin excepción, independientemente del carácter o las circunstancias del delito, la culpabilidad, inocencia u otras características de la persona condenada o el método utilizado por el Estado para ejecutarla. La pena de muerte viola el derecho a la vida proclamado en la Declaración Universal de Derechos Humanos y es la forma extrema de pena cruel, inhumana y degradante.