Las personas refugiadas atrapadas en Grecia necesitan un plan que funcione

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© Giorgos Moutafis/Amnesty International

La pésima gestión que ha hecho Europa de la crisis global de refugiados y del razonable número de personas que llegan a sus fronteras en busca de protección pasará a la historia como una mancha en nuestra conciencia colectiva.

Los gobiernos europeos se desentienden de las personas refugiadas, y la Unión Europea traiciona los mismos principios en que está fundada: la libertad, la igualdad, los derechos humanos y el Estado de derecho.

En vez de utilizar los medios de que dispone para acoger a la parte de población refugiada global que le corresponde, Europa se empeña cada vez más en llegar a acuerdos que dejan a las personas refugiadas atrapadas en otros países.

Uno de ellos, la Declaración UE-Turquía (conocida como el acuerdo UE-Turquía), es un fracaso, y es dolorosamente evidente que amontar a las personas refugiadas en las islas griegas no es la solución.

B. K. D., niño kurdo sirio de 17 años, campo de Souda, Quíos, Grecia
Sáquennos de este lugar lo antes posible.

Di a los líderes de la UE que acepten a personas refugiadas en toda Europa

Trasladen a las personas refugiadas fuera de las islas griegas

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Acuerdo UE-Turquía

El acuerdo UE-Turquía destaca entre las fallidas políticas migratorias de Europa cual puñalada en el corazón de sistema internacional de protección de las personas refugiadas.

En virtud de él, las personas solicitantes de asilo que llegan a las islas griegas desde Turquía deben ser devueltas a este país con el falso argumento de que van a respetarse allí sus derechos como personas refugiadas. A cambio, Europa, accedió, al menos en teoría, a aceptar a una persona refugiada siria de Turquía por cada siete personas de Siria devueltas a Turquía.

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Los problemas jurídicos han bloqueado de momento la devolución de solicitantes de asilo a Turquía. Pero nadie sabe hasta cuándo. Mientras tanto siguen llegando centenares de personas refugiadas y migrantes cada semana, aunque su número ha descendido considerablemente desde que el acuerdo entró en vigor.

Desde entonces, todas las nuevas llegadas quedan retenidas en las islas griegas, lo que genera grave hacinamiento, pésimas condiciones, incertidumbre sobre el futuro y pérdida de toda esperanza.

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Personas refugiadas amontonadas

Un año después de su entrada en vigor, el coste humano de este acuerdo ha quedado más que claro en las islas griegas, donde permanecen atrapadas decenas de miles de personas refugiadas.

La iniciativas de acogida y los recursos destinados a recibir a las personas refugiadas se han desviado a medias centradas en detenerlas, en disuadirlas y en declarar sus solicitudes de asilo inadmisibles con el argumento de que Turquía es un país seguro.

Estas islas, donde voluntarios y voluntarias de toda Europa han procurado dar una cálida bienvenida, se han transformado en islas de desesperación, donde tiene su supuesto “hogar” las personas que deben sufrir para desanimar así a otras de seguir sus pasos.

“Me fui de Irak porque había muchos problemas [...]. Mataron a mi hermano sin motivo alguno [...] mi padre tenía una bala en la cabeza [...]. Vinimos a Europa porque necesitamos un lugar seguro.”

Kadheeja, refugiada iraquí de 18 años, Quíos, Grecia

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El caso de Noori

Noori es un joven sirio, perteneciente a una familia de profesionales de la medicina. Como la guerra continuaba, quiso ayudar él también a las personas heridas, así que comenzó a estudiar enfermería en la universidad.

Pero en abril de 2015 atacaron su pueblo y vio con sus propios ojos morir a dos familias vecinas. Desolado, salió de Siria con destino a Europa en busca de seguridad.

En su viaje tuvo que pasar por Turquía, pero no fue fácil entrar. Las dos primeras veces que lo intentó, lo detuvieron, lo golpearon y lo enviaron de regreso a Siria. Cuenta que la tercera vez fueron atacados por un grupo armado y 11 de sus acompañantes murieron.

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Al final consiguió entrar, pero sus compatriotas le explicaron que costaba encontrar trabajo, y tras el golpe de Estado fallido de julio de 2016 la situación se volvió aún más inestable. Noori estaba asustado y no veía “ningún futuro” para él allí, así que continuó su viaje hasta Grecia.

Solicitó asilo a los pocos días de llegar a Lesbos, pero le rechazaron la solicitud sin examinar más su caso. Se consideró erróneamente que Turquía era un “país seguro” al que devolver a Noori, así que lo detuvieron de inmediato.

Lleva más de seis meses detenido, mientras sus abogados impugnan la decisión. Se encuentra recluido en condiciones inhumanas y degradantes en una comisaría de policía de Lesbos, pese a  haber superado con creces los 90 días que puede estar detenido como máximo según la ley, y las solicitudes presentadas para que sea puesto en libertad se han rechazado.

© Getty Images/Vetta

“Duermo en una celda con otras cinco personas, en un colchón en el suelo [...] no me han dado ninguna manta limpia [desde que estoy detenido]. No tengo nada para leer en mi idioma.”

Noori ha contraído sarna a consecuencia de las precarias condiciones de reclusión. Además, continúa detenido pese a haberle sido diagnosticado trastorno de estrés post-traumático relacionado con los bombardeos aéreos de Siria.

Noori corre el riesgo de convertirse en el primer solicitante de asilo sirio devuelto a Turquía en virtud del acuerdo UE-Turquía, medida que podría sentar un peligroso precedente para la posible devolución de más solicitantes de asilo.

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Una tendencia preocupante

Cuando llegué tenía mucha esperanza, muchos sueños.
Offa, pintora siria atrapada en Quíos desde agosto de 2016

El fracaso y el costo humano del acuerdo UE-Turquía debe servir de advertencia contra futuros acuerdos con otros países que los líderes están dispuestos a firmar.

El acuerdo UE-Tuquía no puede servir de modelo para abordar la crisis global de refugiados. Europa tiene el deber moral y legal de acoger a quienes huyen de situaciones de conflicto y persecución. No es una responsabilidad que pueda delegarse en otros países. El costo para Europa y para las personas refugiadas es demasiado alto.

Pero no tiene por qué ser así. Podemos hacerlo mejor.

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Es hora de alcanzar un acuerdo real

Es hora de que los líderes europeos hagan lo correcto. Debemos poner en práctica con urgencia un plan efectivo para ayudar a las personas refugiadas, un acuerdo real basado en la protección, la responsabilidad compartida y el derecho internacional.

Marcará la diferencia entre llegadas desorganizadas que benefician a bandas criminales de contrabandistas y llegadas ordenadas y viables. Marcará la diferencia entre derechos humanos y sufrimiento humano.

La Fortaleza Europa no es una solución. Podemos y debemos hacerlo mejor, porque si queremos ser una sociedad que se enorgullezca de ser libre y justa, no hay más solución que la protección de las personas refugiadas.

Di a los líderes de la UE que arreglen el desastre que han causado

Trasladen a las personas refugiadas fuera de las islas griegas

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