Turquía: El periodismo no es delito

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Antonio Rodriguez

Turquía ha ganado una medalla que no lleva aparejada gloria alguna: según el Comité para la Protección de los Periodistas, el país es el mayor carcelero de periodistas del mundo.

En 2016, un tercio de los periodistas y personal o directivos de prensa encarcelados en todo el mundo se encontraban en Turquía, la mayoría en espera de juicio.

En Turquía, la libertad de expresión sufre ataques constantes, y cada vez más virulentos. Desde el fallido golpe de Estado de julio de 2016, estudiantes y docentes, periodistas y escritores y escritoras que se pronuncian contra el gobierno corren peligro de ser sometidos a una investigación criminal y a juicio, y de sufrir actos de intimidación, hostigamiento y censura.

Si además de esto, se tiene en cuenta el cierre por decreto de, al menos 156 medios de comunicación, el mensaje resultante —y su efecto sobre la libertad de expresión— es tan claro como perturbador. El grado de represión que el gobierno turco impone a la prensa es tal que algunas personas hablan de la “muerte del periodismo”.

Fatih Polat, redactor jefe del periódico Evrensel
El periodismo no es delito [...] Defendemos la esencia y la ética mismas del periodismo mientras [el gobierno] intenta destruirlo.

Exige libertad de prensa en Turquía

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© Gokhan Tan
© Gokhan Tan

Ahmet Şık (detenido desde el 29 de diciembre de 2016)

Ahmet Şık es un veterano periodista de investigación que conoce bien el enjuiciamiento y la prisión por motivos políticos. En 2011 estuvo encarcelado más de un año por escribir un libro sobre la presunta infiltración en las estructuras del Estado de personas leales al clérigo Fethullah Gülen, en aquel momento aliado del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP) —en el gobierno—, hasta que cayó en desgracia.

Luego, el pasado mes de diciembre, Ahmet fue encarcelado de nuevo en espera de juicio, acusado esta vez de hacer propaganda a favor del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK) y de lo que el gobierno denomina FETÖ (Organización Terrorista Fethullahista), supuestamente dirigida por Fethullah Gülen y responsable del golpe de Estado.

Así, volvió a la prisión de Silivri, seis años después de la primera vez que estuvo allí recluido, compartiendo celda con otros dos detenidos. Sólo puede hablar con sus familiares más cercanos a través de una pantalla y por teléfono una vez a la semana, y sus conversaciones son grabadas. No se le permite recibir cartas ni libros.

En el acta de acusación publicada en abril del año en curso, se presentaron ocho tuits, dos entrevistas y un artículo de Ahmet Şık como prueba de que ayudaba a tres grupos proscritos con ideologías totalmente diferentes y, a menudo, contradictorias. Lo han acusado de “ayudar a una organización terrorista”.

Rechazo los cargos que se me imputan. El objeto de la investigación son mis actividades profesionales, es decir, el periodismo.
Declaración de Ahmet Şık ante el tribunal, 30 de diciembre de 2016
© OREN ZIV/AFP/Getty Images

El miedo es paralizante

La erosión de la libertad de prensa no es nada nuevo en Turquía. En 2013, cuando estallaron en Estambul gigantescas protestas contra la destrucción del parque Gezi, un destacado canal de noticias emitía un documental sobre pingüinos en lugar de informar acerca de las protestas. Hubo periodistas que perdieron su trabajo por desagradar a las autoridades. Éstas se apropiaron de medios de comunicación críticos y cambiaron su línea editorial por una más dócil.

Con más de 120 periodistas y personal de prensa en prisión, y miles más sin trabajo tras el cierre de más de 156 medios, el periodismo independiente de Turquía está al borde del abismo.

El miedo a terminar en la cárcel por criticar a las autoridades es palpable: las columnas de los diarios y los programas de debate sobre temas de actualidad, muy populares en Turquía, apenas contienen opiniones divergentes o firmemente diferentes.

Tampoco se han librado los periodistas que trabajan para medios de comunicación extranjeros o como autónomos. Algunos de ellos han sido deportados, o Turquía les ha negado la entrada al país, mientras que en otros casos se les han revocado las credenciales.

JOHN MACDOUGALL/AFP/Getty Images

La historia de Deniz Yücel (detenido desde febrero de 2017)

En febrero de 2017, Deniz Yücel, corresponsal en Turquía del periódico alemán Die Welt, se convirtió en el primer periodista extranjero en ser recluido en prisión preventiva tras el fallido golpe de Estado. Lo habían añadido a un grupo de Twitter al que se habían enviado mensajes de correo que habían sido pirateados. En septiembre de 2016, el grupo Red Hack publicó miles de mensajes de correo, algunos de ellos procedentes, al parecer, de la cuenta de Berat Albayrak, ministro de Energía y Recursos Naturales, y yerno del presidente Erdoğan.

Tras haber pasado 13 días bajo custodia policial, Deniz Yücel quedó en prisión preventiva, acusado de “hacer propaganda para una organización terrorista” y de “incitar al odio a la opinión pública”.

Sin embargo, Deniz Yücel fue interrogado por la fiscalía y el tribunal sobre siete artículos en los que se hablaba de temas que nada tenían que ver con los mensajes pirateados. En su declaración ante el tribunal, señaló que las preguntas que se le estaban formulando estaban basadas en traducciones incorrectas y en una lectura parcial de sus artículos.

Deniz Yücel continúa en la prisión de Silivri. En marzo, el tribunal desestimó la petición de liberación presentada por sus representantes legales.

IHLAS NEWS AGENCY/AFP/Getty Images

La historia de Nazlı Ilıcak (detenida desde el 26 de julio de 2016)

Nazlı Ilıcakdestacada periodista y comentarista política, se encontraba de vacaciones en el sur de Turquía ,cuando se enteró por los medios de comunicación de que el 25 de julio de 2016 habían dictado una orden de detención en su contra. Según su representante legal, fue interceptada y detenida al día siguiente, cuando se dirigía a la comisaría de policía para personarse en ella.

El tribunal la envió a prisión provisional en espera de juicio, alegando que no había sido posible localizarla el día en que se dictó la orden de detención. Asimismo, se estimó que había riesgo de fuga, de manipulación de pruebas y de presión a los testigos.

Además del cargo de pertenencia a la “FETÖ”, le formularon preguntas sobre presuntos “intentos de derrocar al gobierno o de impedirle desempeñar sus obligaciones” y sobre una supuesta “propaganda para una organización terrorista”. También le preguntaron por un programa de televisión que había presentado el día anterior al golpe de Estado. Podría ser condenada a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.

Mi trabajo en el canal de televisión era presentar un programa, ni más ni menos.
Nazlı Ilıcak

Condiciones de reclusión en Turquía

En virtud del estado de excepción vigente en Turquía: 

  • el acceso de los presos a sus abogados está severamente restringido; en el mejor de los casos, pueden tener reuniones vigiladas;
  • a algunos no se les permite recibir cartas ni libros del exterior;
  • sólo los familiares más cercanos pueden visitarlos una vez a la semana, a través de una ventana de cristal y mediante un teléfono;
  • no se les permite relacionarse con más reclusos que con aquellos con los que comparten celda.
© Particular

Kadri Gürsel (detenido desde el 31 de octubre de 2016)

El veterano periodista Kadri Gürsel es uno de los nueve trabajadores del diario Cumhuriyet que fueron encarcelados el pasado mes de noviembre. Lleva 30 años en la profesión, dedicado sobre todo a las relaciones internacionales. Actualmente está acusado de delitos de terrorismo por una columna que escribió en julio, poco antes del intento de golpe de Estado, titulada “Erdoğan quiere ser nuestro padre”.

En su columna, Gürsel decía que Erdoğan quería imponerse por la fuerza a la población, y sugería que la forma de abordar esto era rechazarlo y rebelarse, como hizo Mohamed Bouazizi en Túnez, que se prendió fuego y desencadenó una revolución que llevó al derrocamiento de Ben Alí, el ex presidente. Gürsel declaró ante el tribunal que el texto estaba escrito en clave de humor negro.

En el acta de acusación publicada el 4 de abril se presentó la relación que Kadri Gürsel había establecido con otras personas a través de la aplicación telefónica ByLock, como prueba de que se había comunicado con miembros de la “FETÖ”. No se explicaba en qué estribaba la ilegalidad de su relación con esas personas o del contenido de sus comunicaciones.

Están tratando de inventar pruebas que no existen para culparme.
Kadri Gürsel
OZAN KOSE/AFP/Getty Images

Aplastar los medios de comunicación kurdos

En julio de 2015 se desplomó el frágil proceso de paz en curso entre el gobierno turco y el PKK. En los enfrentamientos armados y el toque de queda permanentes que siguieron. la tarea de informar desde la región suroriental fue difícil.

La represión de la libertad de expresión desencadenada tras el golpe de Estado se ha hecho sentir, con especial intensidad, entre quienes tenían relación con el problema y los derechos humanos kurdos.

Casi todos los periódicos, cadenas de televisión, emisoras de radio y agencias de noticias kurdos han sido clausurados.

Refik Tekin
Refik Tekin

La historia de Zehra Doga (detenida de julio a diciembre de 2016)

Zehra Doğan, editora de la agencia de noticias JINHA, fue detenida el 21 de julio de 2016 y recluida en prisión preventiva por cargos de pertenencia a una organización terrorista y propaganda para dicha organización.

Me amenazaron con torturarme. Uno de ellos me dijo que debía hacerme amante suyo; que si lo hacía, me salvaría. Fue horrible. Yo no paraba de decir que era periodista.
Zehra Doğan

Este caso se basó en declaraciones de testigos, que aseguraron haberla visto hablando con miembros del YPS —sección juvenil del PKK—, durante el toque de queda. La fiscalía la interrogó durante menos de 10 minutos.

Fue recluida, junto con 51 mujeres más, en la prisión de Mardin, diseñada para 30. Pasó meses durmiendo sobre mantas, en el suelo. Además, el acceso al agua se limitaba a intervalos de entre una y tres horas al día.

Zehra quedó en libertad en diciembre de 2016. En marzo de 2017, fue absuelta de pertenencia a grupo terrorista, pero declarada culpable de propaganda. Esta condena se basó en publicaciones que había compartido en las redes sociales, ninguna de las cuales incitaba a la violencia. Fue condenada a 2 años, 9 meses y 22 días de prisión, pero actualmente se encuentra en libertad en espera de que se resuelva su recurso de apelación.

© Mustafa Ozer/AFP/Getty Images

Bloqueo informativo

Imagina, por un momento, un mundo sin medios de comunicación libres. ¿Cómo sería?

Información limitada sobre el mundo que te rodea. Falta de acceso a diversos analistas y, por tanto, menor capacidad de pedir cuentas a las instituciones y a los gobiernos de forma abierta y transparente.

Es esencial contar con una prensa vibrante y plural, para que toda la sociedad pueda gozar de otros derechos humanos. Son un vehículo crucial para ejercer el derecho a la libertad de expresión, que incluye el derecho a buscar y recibir información e ideas de todo tipo. Unos medios de comunicación libres son esenciales para pedir cuentas a los poderosos de sus actos.

El encarcelamiento prolongado de periodistas y demás personal de prensa acalla sus voces, tiene un efecto paralizador sobre otras personas y da lugar a un enorme vacío en el debate público. Por tanto, es esencial garantizar la liberación de los periodistas encarcelados si queremos lograr un futuro mejor para los derechos humanos en Turquía.

Esta represión debe terminar. Es preciso que deje de recluirse en prisión preventiva a periodistas y personal de prensa durante periodos prolongados, con el fin de castigarlos. Se les debe permitir que hagan su trabajo porque el periodismo no es delito.

Exige la libertad de las personas que trabajan en medios de comunicación

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