Turquía: El periodismo no es delito

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Antonio Rodriguez

Turquía ha ganado una medalla que no lleva aparejada gloria alguna: según el Comité para la Protección de los Periodistas, el país es el mayor carcelero de periodistas del mundo.

En 2016, un tercio de los periodistas y personal o directivos de prensa encarcelados en todo el mundo se encontraban en Turquía, la mayoría en espera de juicio.

En Turquía, la libertad de expresión sufre ataques constantes, y cada vez más virulentos. Desde el fallido golpe de Estado de julio de 2016, estudiantes y docentes, periodistas y escritores y escritoras que se pronuncian contra el gobierno corren peligro de ser sometidos a una investigación criminal y a juicio, y de sufrir actos de intimidación, hostigamiento y censura.

Si además de esto, se tiene en cuenta el cierre por decreto de, al menos 180 medios de comunicación, el mensaje resultante —y su efecto sobre la libertad de expresión— es tan claro como perturbador. El grado de represión que el gobierno turco impone a la prensa es tal que algunas personas hablan de la “muerte del periodismo”.

Fatih Polat, redactor jefe del periódico Evrensel
El periodismo no es delito [...] Defendemos la esencia y la ética mismas del periodismo mientras [el gobierno] intenta destruirlo.

© OREN ZIV/AFP/Getty Images

El miedo es paralizante

La erosión de la libertad de prensa no es nada nuevo en Turquía. En 2013, cuando estallaron en Estambul gigantescas protestas contra la destrucción del parque Gezi, un destacado canal de noticias emitía un documental sobre pingüinos en lugar de informar acerca de las protestas. Hubo periodistas que perdieron su trabajo por desagradar a las autoridades. Éstas se apropiaron de medios de comunicación críticos y cambiaron su línea editorial por una más dócil.

Con más de 120 periodistas y personal de prensa en prisión, y miles más sin trabajo tras el cierre de más de 156 medios, el periodismo independiente de Turquía está al borde del abismo.

El miedo a terminar en la cárcel por criticar a las autoridades es palpable: las columnas de los diarios y los programas de debate sobre temas de actualidad, muy populares en Turquía, apenas contienen opiniones divergentes o firmemente diferentes.

Tampoco se han librado los periodistas que trabajan para medios de comunicación extranjeros o como autónomos. Algunos de ellos han sido deportados, o Turquía les ha negado la entrada al país, mientras que en otros casos se les han revocado las credenciales.

Condiciones de reclusión en Turquía

En virtud del estado de excepción vigente en Turquía: 

  • el acceso de los presos a sus abogados está severamente restringido; en el mejor de los casos, pueden tener reuniones vigiladas;
  • a algunos no se les permite recibir cartas ni libros del exterior;
  • sólo los familiares más cercanos pueden visitarlos una vez a la semana, a través de una ventana de cristal y mediante un teléfono;
  • no se les permite relacionarse con más reclusos que con aquellos con los que comparten celda.
© Mustafa Ozer/AFP/Getty Images

Bloqueo informativo

Imagina, por un momento, un mundo sin medios de comunicación libres. ¿Cómo sería?

Información limitada sobre el mundo que te rodea. Falta de acceso a diversos analistas y, por tanto, menor capacidad de pedir cuentas a las instituciones y a los gobiernos de forma abierta y transparente.

Es esencial contar con una prensa vibrante y plural, para que toda la sociedad pueda gozar de otros derechos humanos. Son un vehículo crucial para ejercer el derecho a la libertad de expresión, que incluye el derecho a buscar y recibir información e ideas de todo tipo. Unos medios de comunicación libres son esenciales para pedir cuentas a los poderosos de sus actos.

El encarcelamiento prolongado de periodistas y demás personal de prensa acalla sus voces, tiene un efecto paralizador sobre otras personas y da lugar a un enorme vacío en el debate público. Por tanto, es esencial garantizar la liberación de los periodistas encarcelados si queremos lograr un futuro mejor para los derechos humanos en Turquía.

Esta represión debe terminar. Es preciso que deje de recluirse en prisión preventiva a periodistas y personal de prensa durante periodos prolongados, con el fin de castigarlos. Se les debe permitir que hagan su trabajo porque el periodismo no es delito.