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¿La Policía Nacional, lado oscuro de la República Dominicana?

De Robin Guittard
Manifestación reprimida por policía del movimiento Reconoci.do en febrero de 2013. © Reconoci.do / Centro Bono / Fran Afonso

Por Robin Guittard, Asistente de investigaciones y campañas de Amnistía Internacional

Desde 2011 he tenido la oportunidad de visitar la República Dominicana en cuatro ocasiones como delegado de Amnistía Internacional. Hoy en vísperas de terminar esta última visita, tengo la impresión de entender mucho mejor la sociedad dominicana, y al mismo tiempo tener cada vez más dificultad a aprehender su complejidad.

En esas visitas el nombre de Amnistía Internacional nos abrió múltiples puertas – las de la Policía Nacional y la Procuraduría General, y hasta la de la oficina del Presidente de la República en el Palacio Nacional en la capital, Santo Domingo.

Sin embargo, lo más enriquecedor han sido las decenas de reuniones con las organizaciones y activistas de la sociedad civil dominicana que nos ayudaron a comprender cada vez mejor la realidad de ese país apasionante. Y lo más duro ha sido sin duda las numerosas entrevistas con víctimas y familiares de víctimas de abusos policiales. Madres que lloran en nuestros brazos por la bala recibida por su hijo y que lo dejará seguramente inválido por el resto de su joven vida. Padres que perdieron el sabor de la vida al mismo tiempo que perdieron a su hijo. Esposas que vieron, con hijos en los brazos, policías acribillando a sus esposos.

Esas historias hicieron que Amnistía Internacional publicara en octubre de 2011 un informe sobre las numerosas violaciones de derechos humanos a mano de la policía dominicana, y desde entonces emprendió una campaña para poner fin a esa situación.

Después de cuatro visitas a la República Dominicana, estoy cada vez más convencido de la importancia y de la necesidad de la labor que realizamos.  La misión de Amnistía Internacional es de trabajar para denunciar las violaciones de derechos humanos cuando ocurren y promover sociedades más respetuosas de los derechos humanos de todas y de todos, y en primer lugar de las minorías y los más desfavorecidos.

En República Dominicana son muchas las violaciones de derechos humanos que suceden diariamente, y durante mis cuatros viajes escuché como las mujeres, los migrantes, los jóvenes, los transexuales, los pobres, los afrodescendientes y tantas otras comunidades son víctimas de numerosas violaciones y discriminaciones. El país de las lindas playas y de los agradables sonidos de bachata y merengue tiene claramente otro lado más oscuro. ¿Y si ese lado lo lleva la Policía Nacional?

Sería demasiado fácil y poco constructivo decir que la policía constituye el problema central de toda la sociedad dominicana. Menos aún acusar al policía que arriesga su vida patrullando en los barrios inseguros del país por un salario que no le permite alcanzar una vida digna. Sin embargo, no puedo dejar de reflexionar sobres esas historias escuchadas, esos traumas sentidos en mi piel. ¿Por qué todos esos grupos tienen tantas historias negativas que contarnos sobre la policía?