Destrucción y violencia en Sudán

Este conflicto es una guerra contra la población civil. La población sudanesa se siente olvidada mientras su país se hunde en una espiral de violencia y sufrimiento galopante.


El conflicto en Sudán es una guerra contra la población civil

Para la población de Sudán, no hay lugares seguros.

Desde que estalló el conflicto entre las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido en 2023, decenas de miles de personas han perdido la vida y cerca de 14 millones han sido desplazadas.

Ambas partes del conflicto están cometiendo de manera generalizada violaciones de derechos humanos y del derecho internacional humanitario, lo que ha causado un sinnúmero de víctimas civiles, actos de violencia de género y una catástrofe humanitaria derivada del bloqueo de la ayuda humanitaria. Millones de civiles intentan sobrevivir sin alimentos ni agua. La guerra se ha caracterizado por ataques despiadados y brutales contra la población civil, como el ocurrido en octubre de 2025 en El Fasher, donde las Fuerzas de Apoyo Rápido masacraron a civiles y cometieron otros crímenes.

Pese a todo ello, el pueblo sudanés sigue resistiendo. En medio de apagones de las comunicaciones y de intentos de silenciar la disidencia, personas que desempeñan labores de activismo y organización siguen manteniéndose firmes en su compromiso con sus comunidades, estableciendo redes de ayuda y apoyo mutuos.

Su resiliencia es una señal para el mundo de que la situación en Sudán no es inevitable. La comunidad internacional puede tomar medidas para garantizar la protección de la población civil y que ésta no siga sufriendo las peores consecuencias de este conflicto. Amnistía Internacional pide que se proteja a la población civil y se imponga un embargo de armas total que abarque a todo el país, a fin de impedir que el material militar siga llegando a manos de quienes lo usarán de forma indebida.

Pero necesitamos tu ayuda para que esto sea posible.

Fachada de una mezquita. El edificio está lleno de agujeros de bala.
Edificios simbólicos, como las mezquitas, se han dejado en el abandono tras años de combates entre las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido.

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Únete a nuestro llamamiento al Consejo de Seguridad de la ONU para que se interrumpa la entrada de armas en Sudán y se reduzca el sufrimiento de la población civil.

¿En qué consiste el conflicto de Sudán?

El conflicto entre las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido comenzó en Jartum en la madrugada del 15 de abril de 2023. Jartum es la capital de Sudán y se ha convertido en un importante campo de batalla desde que comenzó el conflicto armado. Sin embargo, la lucha no tardó en extenderse rápidamente por todo el país, a zonas como Darfur, Kordofán del Norte y el estado de Gezira.

Los combates estallaron en Jartum después de meses de tensiones entre las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido. Las Fuerzas de Apoyo Rápido son una fuerza paramilitar independiente que, hasta el conflicto actual, combatía en nombre del gobierno de Sudán junto con las Fuerzas Armadas de Sudán. De hecho, las Fuerzas de Apoyo Rápido tienen su origen en la tristemente célebre milicia yanyawid, fundada hace más de 20 años por el expresidente de Sudán, Al Bashir, para aplastar rebeliones en Darfur. Desde entonces, los yanyawid y las Fuerzas de Apoyo Rápido, aliados con las Fuerzas Armadas de Sudán, han llevado a cabo campañas de violencia étnica contra comunidades darfuríes.

Tras ser depuesto Al Bashir como presidente en 2019, Sudán inició una serie de reformas en la transición a un nuevo gobierno. Algunas reformas afectaban a las operaciones de las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido, lo que creó tensiones entre las dos facciones que finalmente estallaron en abril de 2023.

Un soldado con un arma al hombro al final de una carretera que desembocaba en un puente, ahora destruido. Se puede apreciar parte del puente sumergido en el agua.
Soldado de las Fuerzas Armadas de Sudán frente a un puente derribado por un bombardeo que antes conectaba Jartum con un barrio cercano.

Facilitadores políticos fuera de Sudán

El conflicto en Sudán se ve alimentado por la entrada constante de armas procedentes de todo el mundo. Amnistía Internacional realizó el seguimiento de armas procedentes de países como China, Rusia y Emiratos Árabes Unidos, que llegan a través de rutas de suministro que atraviesan casi todos los países que comparten frontera con Sudán.

El derecho internacional, incluido el Tratado sobre el Comercio de Armas, se concibe para detener esas ventas. En virtud de dicho tratado, los Estados partes tienen legalmente prohibido vender armas si saben que se utilizarán para cometer abusos contra los derechos humanos o crímenes de derecho internacional, como genocidio, crímenes de lesa humanidad o crímenes de guerra. En vista de los crímenes documentados cometidos por ambas partes en el conflicto, estos países están incumpliendo sus obligaciones legales.

Aunque desde 2004 está en vigor un embargo de armas del Consejo de Seguridad de la ONU para la región de Darfur, no es suficiente para detener la violencia. En el caos de la guerra, las armas circulan libremente a través de fronteras internas, lo que hace prácticamente imposible la aplicación de restricciones regionales. Además, la violencia generalizada del conflicto en curso no se limita a Darfur, pues la población civil de todo Sudán está atrapada en el fuego cruzado.

El ciclo de violencia continuará sin freno y la población civil estará seguirá expuesta a ataques mientras no se establezca un embargo de armas que abarque todo el país.

Un soldado leal a las fuerzas armadas patrulla la zona de un mercado en Jartum.

Violencia por motivos étnicos y crímenes de guerra

Los combates en Sudán también abrieron antiguas heridas dejadas por el historial del país en materia de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y violencia étnica.

Personal experto de Amnistía Internacional verificó múltiples casos de ataques por motivos étnicos contra personas masalit en Darfur Occidental, en ciudades como Ardamata, El Geneina, Misterei y Tandelti. Testimonios de sobrevivientes indican que las Fuerzas de Apoyo Rápido y las milicias aliadas son las fuerzas responsables de estos ataques.

La violencia selectiva contra comunidades no árabes en Darfur es anterior al conflicto actual. Incluye la limpieza étnica en Darfur en 2003, en la que fuerzas sudanesas respaldadas por el gobierno mataron sistemáticamente a darfuríes, lo que dio lugar a denuncias por parte de la Fiscalía de la Corte Penal Internacional de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio.

Un combatiente observa con tristeza un incendio.
Un combatiente rebelde sudanés contempla sombrío cómo arde la localidad abandonada de Chero Kasi, Darfur, en 2004, después de que las milicias le prendieran fuego menos de una hora antes.

La masacre de El Fasher

En octubre de 2025, durante la toma de la ciudad de El Fasher, en Darfur Septentrional, las Fuerzas de Apoyo Rápido asesinaron a civiles. El ataque se produjo tras un asedio de 18 meses que sumió a la ciudad a hambruna y provocó la destrucción de infraestructuras vitales.

Según estimaciones, el día que cayó El Fasher, quedaron atrapadas en la ciudad 260.000 personas civiles. Varias personas fueron testigo de escenas espeluznantes en las que combatientes de las Fuerzas de Apoyo Rápido disparaban contra la población civil, la golpeaban y la capturaban. Se sometió a violencia sexual a mujeres y niñas.

“Las RSF mataban a la gente como si fueran moscas.”

*Khalil, hombre de 34 años que escapó de la masacre de El Fasher

Para garantizar la rendición de cuentas por las violaciones de derechos humanos cometidas en Sudán, incluidas las perpetradas por las Fuerzas de Apoyo Rápido en El Fasher, Amnistía Internacional pide a la comunidad internacional que mantenga todos los mecanismos de rendición de cuentas existentes para Sudán —incluidas la misión internacional de investigación para el Sudán y la Corte Penal Internacional— y los sigan dotando de recursos.

Retrato de una mujer en un campo para personas desplazadas. Mira a la cámara con expresión solemne. Detrás de ella, unas telas cuelgan de los laterales de su alojamiento temporal.
Una mujer sudanesa desplazada que huyó de El Fasher después de que la ciudad cayera en manos de las Fuerzas de Apoyo Rápida está sentada en su refugio improvisado en el campamento de Um Yanqur, en la región occidental sudanesa de Darfur, devastada por la guerra.

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Una crisis humanitaria creciente

Desplazamiento

El carácter indiscriminado y generalizado de los ataques de ambas partes en el conflicto deja a la población de Sudán con dos opciones: huir de sus lugares de origen o quedar atrapada en el fuego cruzado.

Más de 11,3 millones de personas están internamente desplazadas en Sudán, por lo que se trata de la mayor crisis de desplazamiento del mundo. La magnitud de esta crisis y la escasez de suministros en todo el país ha creado una situación en la que estas personas desplazadas no sólo sobreviven sin refugio, sino que también carecen de alimentos, agua y medicinas.

Otros 1,8 millones de personas han huido de Sudán a países vecinos como República Centroafricana, Chad, Egipto, Etiopía y Sudán del Sur. Con todo, muchas personas refugiadas han sido detenidas arbitrariamente o devueltas a los peligros para sus vidas de los que intentaban escapar.

Una mujer en su alojamiento provisional en un campo de personas refugiadas cerca de Iriba, ciudad de Chad situada en la frontera con Sudán, el 22 de febrero de 2026.

Hambruna

Sudán vive la mayor crisis de hambre del mundo.

Se ha declarado una situación de hambruna en al menos cinco lugares, entre ellos Darfur y Nuba. Más de 26,4 millones de personas están atrapadas en una espiral de deterioro de la seguridad alimentaria, en gran medida a causa de los combates entre las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido. El conflicto ha provocado la paralización de la agricultura y la producción agrícola y ha alterado el desarrollo del comercio, lo que está afectando a la economía y obstaculizando el acceso de la ayuda humanitaria.

Entre las personas más vulnerables a la hambruna están los niños y niñas. Más de 2,9 millones de niños y niñas en Sudán sufren malnutrición aguda y otros 729.000 niños y niñas menores de cinco años sufren malnutrición aguda grave.

A pesar de las catastróficas amenazas de la hambruna, tanto las Fuerzas Armadas de Sudán como las Fuerzas de Apoyo Rápido están restringiendo activamente la entrega de ayuda en todo Sudán. Organizaciones internacionales como el Programa Mundial de Alimentos señalan que no pueden acceder al 90% de las personas que sufren niveles de hambre de emergencia.

Un hombre está de pie hablando por teléfono frente a estantes vacíos en un supermercado.
Un hombre pasa ante estantes vacíos en un supermercado de Jartum el 18 de mayo de 2023, mientras continúa la violencia entre los dos generales rivales sudaneses.

Violencia de género

En épocas de conflicto armado aumenta el riesgo de violencia sexual contra las mujeres y las niñas, y este es sin duda el caso de Sudán. Apenas unos días después del comienzo del conflicto aparecieron informes de violaciones, esclavitud sexual y otras formas de violencia sexual.

La violencia sexual generalizada cometida por las Fuerzas de Apoyo Rápido constituye un crimen de guerra y posiblemente un crimen de lesa humanidad. También se ha acusado a las Fuerzas Armadas de Sudán de cometer delitos sexuales que pueden constituir crímenes de guerra. Nuestros equipos de investigación documentaron violaciones relacionadas con el conflicto y otras formas de violencia sexual perpetradas por las Fuerzas de Apoyo Rápido entre abril de 2023 y octubre de 2024. Las sobrevivientes entrevistadas describieron enormes daños físicos y mentales así como las devastadoras consecuencias para sus familiares.

La respuesta internacional a ese sufrimiento ha sido reprobable. Pese a hacer todo lo posible, las víctimas y las personas sobrevivientes carecen de acceso a atención de la salud y justicia. Ninguna de las sobrevivientes entrevistadas pudo acceder a la oportuna atención posterior a la violación. Los recortes en los programas financiados por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) han disminuido las perspectivas de acceder a atención de la salud sexual integral.

Las mujeres no dirigen esta guerra ni participan en ella, pero son las mujeres las que más sufren. Quiero que el mundo entero conozca el sufrimiento de las mujeres y niñas sudanesas y se asegure de que todos los hombres malos que nos violaron son castigados.

Mujer sobreviviente de violencia sexual en Omdurmán, Sudán
Una mujer y una niña caminan entre tiendas de campaña de plástico utilizadas por las personas refugiadas que huyen del conflicto en Sudán.
Personas refugiadas sudanesas huidas del conflicto en la región de Darfur y refugiadas en Adre, al otro lado de la frontera en Chad Oriental, donde las condiciones son duras y la estación de lluvias está en pleno apogeo.

Represión de la disidencia y de la sociedad civil

En el contexto del conflicto, tanto las Fuerzas Armadas de Sudán como las Fuerzas de Apoyo Rápido están utilizando prácticas autoritarias para ejercer control. En las zonas de influencia de cada bando se presiona a la población civil para que demuestre lealtad absoluta. Las personas acusadas de “colaborar” con las fuerzas contrarias son objeto de detención arbitraria, desaparición forzada y otros ataques ilícitos.

Esta represión ha creado un “efecto intimidatorio” que dificulta el trabajo de la sociedad civil, periodistas, y defensores y defensoras de los derechos humanos. Civiles que se oponen a la guerra —o personas consideradas afines a las fuerzas contrarias— han sufrido ataques, hostigamiento, detención arbitraria y homicidios. Se ha incluido a activistas en listas negras, se les han negado documentos de identificación esenciales, como el pasaporte, y se les ha prohibido viajar al extranjero. Este asalto ininterrumpido bloquea las vías hacia una auténtica rendición de cuentas y una transición política liderada por la población civil o basada en los derechos humanos.

A pesar de esos inmensos riesgos, activistas, organizaciones y redes de base de Sudán continúan desempeñando una labor vital. Estos grupos siguen siendo una tabla de salvación fundamental para prestar apoyo a la población civil y recabar pruebas de abusos contra los derechos humanos. Al tratar de silenciar sus voces, las Fuerzas Armadas de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido están socavando directamente la seguridad y el futuro del pueblo sudanés.

Tres hombres armados toman posiciones en una calle, frente a unos comercios destrozados. Dos de ellos nos dan la espalda. El hombre de la izquierda, que cruza la calle bajo la luz del sol de mediodía, lleva en la mano izquierda una daga envainada, tiene apoyado en el hombro un lanzagranadas y lleva una AK-47 en la espalda. Viste pantalones de camuflaje y una camiseta de fútbol. En el medio, otro hombre, que también nos da la espalda, viste uniforme militar completo y sostiene una AK-47. Al otro lado de la calle, un tercer hombre, vestido de uniforme militar, está en cuclillas en el bordillo y a la sombra de las fachadas de los comercios. Se le ve medio rostro. Tiene una ametralladora apoyada en la rodilla izquierda, y está apuntando al lugar al que mira. A parte de estos tres hombres, la calle está desierta.
Soldados sudaneses patrullan una zona de Jartum.

¿Qué hace Amnistía Internacional para promover los derechos humanos durante el conflicto de Sudán?

Mientras la situación en Sudán evoluciona, nuestros equipos de investigación y de trabajo de campaña continúan comprometidos con documentar los abusos y las violaciones de derechos humanos. Compartimos nuestras conclusiones con el mundo y sacamos a la luz la verdad.

Realizamos trabajo de incidencia en espacios de derechos humanos clave, como la Unión Africana y el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Estas actividades, junto con otras organizaciones, dieron lugar al establecimiento de la Misión Internacional Independiente de Investigación sobre Sudán en octubre de 2023.

También apoyamos a defensores y defensoras de los derechos humanos, entre otras cosas mediante apoyo económico paliativo de emergencia, en su incansable trabajo en apoyo de comunidades dentro y fuera de Sudán.

Para que se produzcan cambios reales, necesitamos la ayuda de personas como tú. Hemos lanzado una campaña para pedir al Consejo de Seguridad de la ONU que amplíe el embargo de armas en Darfur para que se reduzca la entrada de armas en Sudán.

Firma la petición para expresar tu apoyo.

Personas refugiadas de Sudán transportan sus pertenencias; caminan siguiendo la línea de una valla con alambre de púas.
Personas refugiadas de Sudán y personas retornadas de Sudán del Sur que han huido de la guerra en Sudán transportan sus pertenencias a su llegada al Centro de Tránsito para personas refugiadas en Renk.

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