Informe 2017/18 de Amnistía Internacional

La situación de los derechos humanos en el mundo

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Dijiste no al odio. Dijiste no al miedo.

Dijiste no a un mundo sin derechos humanos.

A lo largo del último año, los líderes han promovido el odio, han luchado contra los derechos, han hecho caso omiso de los crímenes de lesa humanidad y han dejado alegremente que la desigualdad y el sufrimiento se salieran de control. Esto provocó protestas masivas que demostraban que, aunque los desafíos pueden ser mayores que nunca, la voluntad de combatirlos es igual de fuerte.

En su informe sobre la situación de los derechos humanos en el mundo en 2017/18, que abarca 159 países, Amnistía Internacional presenta el análisis más exhaustivo de la situación actual de los derechos humanos en el mundo.

Aunque las conclusiones siguen siendo estremecedoras, son los hechos como los que se destacan en el informe los que han movilizado a gente de todo el mundo para plantarle cara a la adversidad y hacer oír su voz.

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Los líderes mundiales abandonan los derechos humanos

En 2017, el mundo fue testigo de un retroceso de los derechos humanos. Las señales de ese retroceso estaban en todas partes. En el mundo entero, los gobiernos seguían reprimiendo el derecho de manifestación, y los derechos de las mujeres cayeron en picado en Estados Unidos, Rusia y Polonia.

Desde Venezuela hasta Túnez, presenciamos el crecimiento de un enorme descontento social, mientras a la gente se le negaba el acceso a sus derechos humanos fundamentales a la comida, el agua potable, la atención médica y la vivienda.

Y desde Estados Unidos hasta la Unión Europea, pasando por Australia, los líderes de los países ricos siguieron abordando la crisis global de refugiados con una falta de humanidad absoluta, y considerando a las personas refugiadas, no como a seres humanos con derechos, sino como problemas que debían ser desviados.

En este clima, el odio promovido por el Estado amenaza con normalizar la discriminación de los grupos minoritarios. Los lemas xenófobos coreados durante una marcha nacionalista en Varsovia, Polonia, o la amplia represión de las comunidades LGBTI desde Chechenia hasta Egipto, mostraron cómo va aumentando la apología abierta de la intolerancia.

Entre el caudal de historias escalofriantes destacaban los terribles informes sobre la limpieza étnica llevada a cabo por el ejército de Myanmar contra su población rohingya. Los relatos captados por nuestros equipos de investigación eran absolutamente desgarradores.

“A Shafi, mi hijo de dos años, le golpearon con fuerza con un palo de madera. Un golpe, y estaba muerto [...]. Mataron a tres de mis hijos”, contó una mujer a la que los soldados arrebataron su dinero, sus pertenencias... y a sus hijos.

Pero, con pocos líderes dispuestos a defender los derechos humanos en la escena mundial, los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra cometidos desde Myanmar hasta Irak no han recibido atención, lo que ha convertido el mundo en un lugar más peligroso.

Datos

655.500

refugiados rohingyas que huyeron de Myanmar a Cox’s Bazar, Bangladesh

+600

marchas de mujeres celebradas en todo el mundo

312

homicidios de defensores y defensoras de los derechos humanos en 2017

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La protección de nuestro derecho a la libertad de expresión adquiere una importancia superlativa

El año pasado, la cifra de personas que fueron atacadas por luchar contra la injusticia alcanzó un nivel récord. Como organización mundial dedicada a luchar por los derechos humanos, no escapamos de los ataques. Nuestro propio personal en Turquía fue detenido y encarcelado por cargos totalmente infundados. Aunque İdil Eser, directora de Amnistía Internacional Turquía ha sido puesta en libertad, Taner Kılıç, presidente de Amnistía Internacional Turquía, permanece encarcelado.

Imagina que te dedicas a la abogacía, el periodismo o que eres activista y que tu vida corre peligro por decir la verdad.

 

En 2018 no podemos dar por sentado que tendremos libertad para reunirnos en una protesta o para criticar a nuestro gobierno. De hecho, alzar la voz se está volviendo cada vez más peligroso.
Salil Shetty, secretario general de Amnistía Internacional

 

 

Eso es exactamente lo que está sucediendo en estos momentos, mientras las autoridades persiguen agresivamente a personas que han defendido los derechos humanos. A estos activistas los están matando en cantidades impresionantes: en 2017 se registraron más de 312 homicidios, un aumento respecto a los 281 del año anterior.

Pese a los esfuerzos por cerrar ONG, socavar los medios de comunicación, privar a la población de su derecho a manifestarse y encarcelar a quienes hacen campaña, la gente se negó a dejarse silenciar.

Pero, en este clima de temor e intimidación, es aún más fundamental que sigamos alzando la voz.

Descarga el Informe 2017/18 de Amnistía Internacional

Lee sobre la situación de los derechos humanos en 159 países a lo largo de 2017

El poder de la gente y la solidaridad

La gente está enfadada, y con razón, por la extraordinaria retórica contra los derechos pregonada por líderes destacados. No es de extrañar que una de las mayores protestas de la historia en favor de los derechos humanos —la Marcha de las Mujeres— tuviera lugar el año pasado y definiera el escenario para el año que viene.

Con cada protesta, la gente demostró su pasión por defender las instituciones que sustentan los derechos humanos.

En Polonia, las amenazas a la independencia del poder judicial hicieron que un increíble número de personas salieran a la calle. A escala global, el fenómeno #YoTambién (#MeToo) y la iniciativa latinoamericana “Ni Una Menos” —que denuncia los feminicidios y la violencia contra las mujeres y las niñas— demostraron el impulso masivo de los movimientos sociales. En todo el mundo, el activismo obtuvo importantes victorias, como el levantamiento de la prohibición total del aborto en Chile, los avances en el matrimonio igualitario en Taiwán y la eliminación de leyes en Túnez, Jordania y Líbano que permitían a los violadores eludir la justicia.

Pero la lucha no ha terminado.

Cada vez más gente se levanta y reclama justicia, y así hacemos historia; ahora los Estados tienen que demostrar que escuchan. Únete a nosotros y haz que se oiga tu voz.

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