Los líderes de la región de América deben despertar al drama de los “ciudadanos fantasmas”

De Robin Guittard, Campaigner on the Caribbean at Amnesty International

Los máximos representantes diplomáticos del continente americano se reunirán el 15 de junio en Santo Domingo para hablar del futuro de la región bajo el lema “desarrollo sostenible para las Américas.”

Pero mientras los 34 ministros de Relaciones Exteriores de la región hablan del futuro de casi mil millones de personas, en el norte de la República Dominicana el futuro de una brillante joven está a punto de recibir un duro golpe.

Mientras los líderes del continente americano intercambian ideas sobre cómo convertir la región en un lugar mejor para todos, a esta excelente estudiante le van a decir que sus exámenes de 8º grado son el punto final en lo que se refiere a su educación. Le dirán que no puede inscribirse en la escuela secundaria, y mucho menos perseguir su sueño de ir a la universidad, convertirse en una profesional y acceder a un empleo formal lo suficientemente bien remunerado para sacar a su familia de la pobreza.

Pero mientras los 34 ministros de Relaciones Exteriores de la región hablan del futuro de casi mil millones de personas, en el norte de la República Dominicana el futuro de una brillante joven está a punto de recibir un duro golpe.
Robin Guittard, responsable de campañas para el Caribe de Amnistía Internacional

Sus perspectivas se verán drásticamente disminuidas debido a un papel que las autoridades dominicanas le niegan.

Jessica nació en la República Dominicana de padre y madre haitianos en 2001. Décadas de discriminación arraigada contra las personas migrantes haitianas y las dominicanas de origen haitiano hicieron que el personal del hospital no diera a sus padres un certificado de nacimiento.

Sin este papel, ha sido imposible inscribir el nacimiento de Jessica en el registro civil dominicano y que Jessica pida unos documentos de identidad que reconozcan la nacionalidad a la que tiene derecho.

Carecer de tarjeta de identidad significa que no puede estudiar, encontrar un empleo formal o incluso ver a un médico.

Jessica no es la única que sufre esta tragedia. De hecho, en la República Dominicana vive la mayor población de apátridas de la región de América, prácticamente como ciudadanos y ciudadanas fantasmas sin derechos.

En la República Dominicana vive la mayor población de apátridas de la región de América, prácticamente como ciudadanos y ciudadanas fantasmas sin derechos.
Rob Guittard

La situación se hizo aún más trágica cuando, en septiembre de 2013, el Tribunal Constitucional de la República Dominicana resolvió que los niños y niñas nacidos en el país desde 1929 de padres extranjeros indocumentados no habían tenido nunca derecho a la nacionalidad dominicana. La sentencia afectó desproporcionadamente a las personas dominicanas de ascendencia haitiana como Jessica y constituyó una privación retroactiva, arbitraria y discriminatoria de la nacionalidad.

Tras meses de indignación internacional, en mayo de 2014, el Congreso dominicano aprobó una nueva ley con el objeto de mitigar este drama humano. Sin embargo, su aplicación deficiente y los obstáculos administrativos han hecho que decenas de miles de personas como Jessica no hayan podido ver reconocida su nacionalidad dominicana. Si no tienen otra nacionalidad, son apátridas.

Decenas de miles de personas tienen ahora ante ellas la aterradora perspectiva de un futuro lleno de frustraciones y de que se les impida desarrollar todo su potencial.

Las personas apátridas son como ciudadanos y ciudadanas fantasmas. Ningún país las reconoce como sus nacionales, por lo que no existen a los ojos de ningún gobierno. La falta de documentos se convierte en una grave crisis personal a la hora de buscar trabajo o de ir a la universidad, o para acceder a la atención para la salud. Las personas apátridas carecen de documentos de identidad, por lo que no pueden viajar ni casarse. Sus hijos e hijas suelen nacer apátridas porque se les impide inscribir su nacimiento.

Resulta enormemente irónico que los gobiernos de la región de América estén ocupados hablando de desarrollo sostenible con esta crisis de telón de fondo.

Resulta enormemente irónico que los gobiernos de la región de América estén ocupados hablando de desarrollo sostenible con esta crisis de telón de fondo.
Robin Guittard

¿Cómo pueden nuestros líderes prometer desarrollo sostenible y al mismo tiempo cerrar los ojos ante la suerte de decenas de miles de personas apátridas en la República Dominicana?

Desarrollo sostenible significa que Jessica pueda terminar sus estudios y quizá ir un día a la universidad. Para ella, significa poder salir de la pobreza y ayudar a su familia a acceder a una vida mejor. Significa ser reconocida por lo que es: una ciudadana dominicana de pleno derecho ansiosa de ayudar a que su país sea más igualitario y un lugar donde los frutos del crecimiento y el desarrollo sean compartidos entre todos y no sólo entre las minorías ricas.

Las autoridades de la República Dominicana han trabajado con ahínco para negar que existe la apatridia, pero lo más probable es que mientras aumenta la población del país (y nacen más niños y niñas apátridas), el problema sólo siga aumentando.

Resolver esta crisis urgente debe ser una prioridad máxima para las recién elegidas autoridades dominicanas, pero los demás gobiernos de la región también tienen un papel que desempeñar: no deben cerrar los ojos ante esta crisis.