Nepal: Hay que poner fin a la discriminación en el socorro tras el terremoto

Millares de personas necesitadas de ayuda tras el terremoto de Nepal corren el riesgo de tener que arreglárselas por sí solas en medio de preocupantes signos de discriminación por motivos de género, casta y etnia, que inhibe las iniciativas de asistencia humanitaria, ha manifestado Amnistía Internacional en un informe publicado hoy. La organización insta a las autoridades y a la comunidad internacional a garantizar que los derechos humanos son parte esencial de la respuesta al terremoto.

En algunas comunidades, las personas supervivientes contaban que la ayuda humanitaria estaba manipulada políticamente. Quienes tienen ‘músculo’ –conexiones políticas–, acaban reclamando para sí los suministros destinados a toda la población, que tan desesperadamente los necesita. Todos los agentes que participan en las iniciativas de socorro y reconstrucción deben garantizar que se respetan plenamente los principios de derechos humanos.
Richard Bennett

“El devastador terremoto que asoló Nepal ha matado a miles de personas y dejado a centenares de miles más en una situación de necesidad urgente de ayuda humanitaria –ha señalado Richard Bennett, director del Programa de Amnistía Internacional para Asia y Oceanía–. Los agentes nepalíes e internacionales, incluida la sociedad civil, han dado una heroica respuesta a esta crisis humanitaria, pero se están gestando una serie de problemas graves que es preciso abordar con urgencia.”

“Es esencial aplicar a la respuesta al desastre un enfoque acorde con los derechos humanos a fin de que no se vean menoscabadas en Nepal las garantías de igualdad, justicia y rendición de cuentas mientras el país se esfuerza por recuperarse de la devastación.”

Una delegación de Amnistía Internacional que visitó Nepal tras el terremoto del 25 de abril comprobó que los grupos que suelen ser objeto de trato discriminatorio en el país, como las mujeres que son cabeza de familia, los dalit, los pueblos indígenas o las personas con discapacidad, encontraban crecientes dificultades para acceder a la ayuda que necesitaban recibir con urgencia.

“En algunas comunidades, las personas supervivientes contaban que la ayuda humanitaria estaba manipulada políticamente –ha añadido Richard Bennett–. Quienes tienen ‘músculo’ –conexiones políticas–, acaban reclamando para sí los suministros destinados a toda la población, que tan desesperadamente los necesita. Todos los agentes que participan en las iniciativas de socorro y reconstrucción deben garantizar que se respetan plenamente los principios de derechos humanos”.

La protección y el respeto de los derechos humanos se han visto gravemente menoscabados por el clima político inestable de Nepal, que ha generado un vacío de gobernanza a nivel local. Persiste la impunidad de presuntos graves abusos contra los derechos humanos, entre ellos las desapariciones forzadas, rasgo distintivo del conflicto armado que asoló el país durante un decenio, hasta 2006,  así como los arraigados problemas de discriminación y exclusión social que afectan a grandes segmentos de la sociedad nepalí.

Amnistía Internacional ha prevenido, además, al gobierno y al ejército nepalíes contra la tendencia a hacer política a costa de las iniciativas de socorro. A principios de mayo, las autoridades de Nepal negaron el acceso a tres helicópteros Chinook británicos que iban a utilizarse en la distribución de ayuda humanitaria, pese a que muchas poblaciones afectadas sólo eran accesibles por aire.

Aunque la información publicada en los medios de comunicación indica que también se han rechazado aviones de otros países, fuentes diplomáticas han confirmado que, al menos en parte, la negativa de Nepal se debió al resentimiento del ejército con el gobierno británico por el hecho de que se esté procesando en Reino Unido al coronel Kumar Lama, militar nepalí acusado de torturas cometidas durante la guerra civil del país (1996-2006).

“Con arreglo al derecho internacional, Nepal tiene el deber de garantizar que la ayuda humanitaria llega quienes la necesitan, con independencia de cuál sea su origen. Hacer política con la vida de las personas es lamentable”, ha afirmado Richard Bennett.