KENIA: DESALOJAR A LOS GUARDIANES DEL BOSQUE

El gobierno de Kenia pretende desalojar por la fuerza al pueblo indígena sengwer de sus tierras, en el bosque Embobut

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Foto de archivo. ©Forest Peoples Programme

Los sengwer afirman haber vivido en el bosque Embobut desde el siglo XIX, como mínimo. Defienden sus derechos humanos, y sus reivindicaciones son claras: el gobierno debe reconocer sus derechos a la tierra y colaborar con ellos en la protección del bosque.

El Servicio Forestal de Kenia, dependiente del Ministerio de Medio Ambiente y Bosques, pretende desalojar al pueblo sengwer del bosque Embobut para facilitar un proyecto de conservación. Las autoridades acusan a los sengwer de dañar el bosque, pero no aportan nada que pruebe esa acusación. Las casas de los sengwer están siendo incendiadas, y ellos sufren actos de violencia e intimidación.

David, de 35 años, recibió un disparo durante un desalojo forzoso.
Me dijeron que como gritara, me mataban.
©Elias Kimaiyo

Sin un hogar seguro

“Bajaron hasta el río y nos atacaron por la espalda […]. A mí me dispararon en la pierna izquierda, a la altura de la rodilla, y me caí”, explica David, sengwer de 28 años. Al parecer, el 16 de enero, los guardias del Servicio Forestal de Kenia —a los que el gobierno ha confiado el cuidado del bosque— dispararon y mataron a Robert, también sengwer, y dejaron gravemente herido a David.

 Estos desalojos forzosos violan los derechos humanos del pueblo sengwer. El gobierno sigue conculcando tanto el derecho internacional como su propia Constitución en lo referente a los derechos de los pueblos indígenas. El resultado es que los sengwer no pueden vivir en sus casas.

 Debemos apoyarlos en su lucha por sus tierras ancestrales. El gobierno keniano debe detener de inmediato los desalojos forzosos y dejar que el pueblo sengwer viva en Embobut, su hogar.

©Amnesty International

Familias destrozadas

Desalojo forzoso del pueblo sengwer en el bosque Embobut, en Kenia

(disponible en inglés)

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©Amnesty International
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Conservación desacertada, consecuencias demoledoras

Los niños y niñas sengwer tienen dificultades en la escuela, y con frecuencia abandonan los estudios, por las duras condiciones que soportan en casa. “Mis hijos no tienen suficiente comida y ropa. Hace un tiempo que no van a la escuela, porque no puedo pagar las tasas. Cuando van, los demás niños se portan mal con ellos, porque no van bien vestidos ni llevan zapatos”, cuenta una mujer sengwer, de nombre Janine.

Muchos sengwer no han recibido indemnización ni durante los desalojos ni después de ellos, por lo que ahora viven en la más absoluta pobreza. Es más, los que sí la han sido indemnizados han recibido una cantidad del todo insuficiente, que no les permite comprar tierras con las que ganarse la vida. Como a menudo se ven en la calle, tienen que pedir a familiares o amigos que los alojen y, en algunos casos, familias de hasta 10 personas tienen que vivir una la misma habitación.

Tuve que irme del bosque, y nunca me indemnizaron. Primero me quedé con una persona que conocía, y luego me trasladé a esta casa. Me pueden desalojar en cualquier momento. Me preocupa pensar de qué vamos a comer mi familia y yo si me desalojan. ¿Dónde voy a vivir? Ahora mismo, el bosque no es una buena opción, porque está el Servicio Forestal.
Mujer sengwer, cabeza de familia de nueve miembros

La situación ha sido particularmente complicada para las mujeres sengwer. Muchas de ellas se han convertido en la principal o única fuente de ingresos de sus familias, porque muchos hombres decidieron quedarse en el bosque o abandonaron a sus familias tras los desalojos. Por otro lado, los desalojos han afectado a su independencia económica: una mujer relató a Amnistía Internacional que antes repartía el trabajo con su marido, cuidando de los animales y vendiendo la leche y la miel, pero que ahora le resultaba difícil conseguir trabajo fuera del bosque, y tenía que depender económicamente de familiares varones.

El pueblo sengwer resiste y, aunque algunas personas se vieron obligadas a marcharse, muchas se niegan a salir del bosque. Han visto lo que les depara la vida fuera —a menudo pobreza e imposibilidad de mantenerse ejerciendo sus oficios tradicionales—, y están decididas a luchar por sus derechos. Ello implica vivir en refugios temporales y precarios, construidos con cortezas de árbol y láminas de plástico, porque saben que, si los guardias forestales encuentran sus casas, las destruirán.

Poner fin a los desalojos forzosos de los sengwer

Según las autoridades, los sengwer han contribuido a la deforestación y no se les debe permitir vivir en el bosque ni apacentar en él a sus animales. Elias no está de acuerdo: “La única alternativa es que el gobierno confíe en el pueblo sengwer y lo reconozca como guardián del bosque Embobut. Llevamos siglos cuidando, conservando y protegiendo a los animales y las plantes, y los hemos utilizado de manera sostenible”.

Los sengwer han vivido de forma tradicional, dedicándose a la apicultura y la ganadería, y afirman ser los primeros interesados en conservar el bosque, porque su medio de vida, su identidad cultural y su espiritualidad dependen de él. Por su parte, el gobierno asegura que él protegerá mejor el bosque. Sin embargo, en marzo de este año varios trabajadores del Servicio Forestal fueron despedidos o suspendidos de sus funciones por haber colaborado, presuntamente, en actividades ilegales de tala.

Es necesario que el gobierno keniano y los donantes que financian la conservación del bosque Embobut reconozcan los derechos del pueblo sengwer. El gobierno de Kenia debe poner fin de inmediato a los desalojos forzosos, y dejar de detener a los sengwer sólo por estar en el bosque, y no utilizar fuerza excesiva en su contra. La comunidad tiene derecho a sus tierras ancestrales en el bosque, y tanto las autoridades como los donantes deben dejarla participar en cualquier decisión sobre el cuidado del bosque, pedir su autorización y garantizar salvaguardias para ella antes de que comience cualquier proyecto.

©Amnesty International

No se rinden cuentas por los abusos

En abril de 2017, el Servicio Forestal de Kenia hirió de gravedad a Elias, líder sengwer y defensor de los derechos humanos. “Estaba haciendo fotos de los guardias del Servicio Forestal quemando casas […] Conté 29 casas quemadas. Los guardias empezaron a dispararme, y eché a correr, pero me caí y me rompí la rótula, así que me alcanzaron. Me pegaron con la culata de un rifle y me rompieron el brazo. Luego se llevaron mi dos cámaras y el iPad.” Elias pasó 16 días hospitalizado. Hasta el momento, nadie ha rendido cuentas por la agresión que sufrió. Sus contactos en los servicios de inteligencia le han avisado de que las autoridades lo vigilan y lo siguen a través de su teléfono, y de que el Servicio Forestal pretende “eliminarlo”.

©Amnesty International
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Hombre sengwer de unos 110 años, según cálculos
Por favor, ¿nos pueden dejar vivir en paz? Nosotros conservaremos el bosque.