Bahréin hace añicos la fachada de reforma con implacable persecución de líder clave de la oposición

De أرييل بلوتكين، منسق الحملات بشأن البحرين في منظمة العفو الدولية

Nadie lo vio venir. En un impactante nuevo golpe a la libertad de expresión, la semana pasada un tribunal de apelación bahreiní duplicó con creces la pena de prisión impuesta al líder del mayor grupo de oposición del país, Al Wefaq, aumentando de cuatro a nueve años la condena por criticar pacíficamente al gobierno en sus discursos.

Con esta medida, las autoridades de Bahréin han hecho añicos el espejismo de que los derechos humanos y la reforma ocupan un lugar en su agenda actual.

La sentencia dictada contra Sheikh Ali Salman —destacado líder de la oposición con gran número de seguidores chiíes— es una clara manifestación de la política bahreiní de tolerancia cero a la disidencia política. También ofrece una prueba fehaciente de lo que ya sospechaban las organizaciones internacionales de derechos humanos: que las autoridades de Bahréin ya no sienten la necesidad de demostrar que les importa lo que piensa la comunidad internacional sobre el deterioro de su historial en materia de derechos humanos.

Las autoridades de Bahréin han hecho añicos el espejismo de que los derechos humanos y la reforma ocupan un lugar en su agenda actual.
Ariel Plotkin

El fallo suscitó la condena de varios expertos de la ONU y del gobierno de Estados Unidos, que han reclamado la libertad de Sheikh Ali Salman. Esto contrasta enormemente con la respuesta titubeante del ministro de Asuntos Exteriores británico, Phillip Hammond, que se limitó a observar que hay “una fase más en las actuaciones judiciales”, dejando de manifiesto la hipocresía del gobierno británico en lo que se refiere a Bahréin. Reino Unido, que está construyendo una importante base naval en Bahréin, ha excusado reiteradamente a las autoridades de este país, repitiendo la falsa afirmación de que este pequeño reino del Golfo está “haciendo progresos” en las reformas.

Han pasado casi cinco años desde que el rey aceptó las recomendaciones de la Comisión de Investigación Independiente de Bahréin (BICI), creada para investigar la intensa represión de las protestas contra el gobierno de 2011. Bahréin ha tenido casi cinco años para demostrar al mundo que ha avanzado realmente en el respeto y la promoción de los derechos humanos; que ha aprendido de sus graves errores del pasado y que puede servir de ejemplo a otros Estados de Oriente Medio.

La Agencia de Noticias de Bahréin publicó en mayo un artículo en el que se afirmaba erróneamente que el profesor Cherif Bassiouni, presidente de la BICI, había declarado que todas las recomendaciones de la Comisión se habían aplicado en su totalidad. Tras esto, las autoridades bahreiníes se felicitaron, dando las gracias a los miembros de la Comisión por su “dedicada” y “diligente” labor para alcanzar sus objetivos. La declaración fue incluso celebrada públicamente por el embajador británico en Bahréin. Sin embargo, el pasado sábado, Bassiouni refutó las afirmaciones contenidas en el artículo subrayando que sólo 10 de las recomendaciones se habían “implementado sustancialmente” y 16 “parcialmente”.

¿Cuánto tiempo más debe dar el mundo a Bahréin para la reforma? Muchas personas que sufren la represión en el país nos cuentan que se ha acabado el tiempo y que no hay más esperanza a la que aferrarse.

¿Cuánto tiempo más debe dar el mundo a Bahréin para la reforma?
Ariel Plotkin

Desde que el diálogo nacional, iniciado para promover el debate en todo el espectro político de Bahréin, se estancó en 2014, con el boicot de Al Wefaq a las elecciones parlamentarias y municipales de noviembre de ese año, la oposición se ha convertido en el blanco principal de las autoridades. La detención de Sheikh Ali Salman, que se produjo justo un mes después, tuvo una clara motivación política.

Se unió así a los también líderes de la oposición Fadhel Abbas Mahdi Mohamed, del partido Al Wahdawi; Ebrahim Sharif, del partido Al Waad, y a otros opositores pacíficos encarcelados, como los “13 de Bahréin”, un grupo de activistas condenados en 2011, algunos de ellos a cadena perpetua.

Bahréin habla del diálogo nacional desde 2011, y es evidente que sus aliados Reino Unido y Estados Unidos presionan a favor de él. ¿Pero con quién van a mantener un diálogo las autoridades si todos los líderes políticos clave del país están entre rejas?

La condena a nueve años de prisión impuesta a Sheikh Ali Salman, crítico pacífico que no debería haber pasado un solo día en la cárcel, deja algo dolorosamente claro: que no importa la fuerza con que Bahréin —y su aliado Reino Unido— impongan la imagen de que Bahréin va bien encaminada hacia la reforma de los derechos humanos, porque la realidad muestra otra cosa.

Las autoridades no sólo han atacado a personalidades políticas. El castigo por la disidencia pacífica ha ido desde la prisión a prohibiciones de viajar, la retirada de la nacionalidad y, más recientemente, la expulsión del país. Quienes quieren expresar su descontento pacíficamente afrontan obstáculos constantes y la persecución.

Las manifestaciones públicas están prohibidas en la capital, Manama, desde 2013. Las protestas fuera de la ciudad suelen ser disueltas con gas lacrimógeno y perdigones.

A menos que las autoridades de Bahréin pongan fin urgentemente a esta represión creciente, es probable que el futuro depare más días de oscuridad.
Ariel Plotkin

Los activistas bahreiníes han recurrido a las redes sociales para expresar sus opiniones, pero tuitear o incluso retuitear puede ser, cada vez más, un billete a la cárcel. A la ciudadanía bahreiní no le queda prácticamente ninguna plataforma para expresar sus opiniones.

Lamentablemente, la represión en Bahréin ha obligado a varios activistas a marcharse del país y pedir asilo en Europa, y algunos de los que siguen en el país ahora se autocensuran, pues las autoridades pueden usar casi todo lo que digan para enjuiciarlos como a Sheikh Ali Salman.

Se desconocen aún las repercusiones del aumento de la pena de prisión impuesta a Sheikh Ali Salman, pero a menos que las autoridades de Bahréin pongan fin urgentemente a esta represión creciente, es probable que el futuro depare más días de oscuridad. Y decenas de activistas pacíficos y líderes de la oposición encarcelados como Sheikh Ali Salman seguirán pagando el precio.