Cómo Europa ha convertido la compasión en delito

Por María Serrano, encargada de campañas de Amnistía Internacional

Un domingo por la mañana del pasado febrero, en una iglesia situada en una pequeña localidad suiza a los pies del nevado macizo del Jura, el servicio del pastor protestante Norbert Valley se vio interrumpido por la llegada de dos policías. Los fieles contemplaron espantados como se llevaban al ministro para interrogarlo en la comisaría de policía.

En agosto, el pastor fue acusado formalmente de “facilitación de estancia irregular”, en aplicación del artículo 116 de la Ley de Extranjería suiza.

Su “delito” era haber ofrecido a veces comida y refugio a un hombre sin hogar de Togo, cuya solicitud de asilo había sido rechazada. La Fiscalía de Neuchâtel ordenó a Valley pagar una multa de 1.000 francos suizos (1.000 dólares estadounidenses). Él se negó.

El pastor Valley no niega haber ayudado al hombre, pero no está de acuerdo con el principio de que ayudar a una persona con dificultades podría ser delito. “Como cristiano, el principio de amar a mi prójimo rige mi forma de vida”, afirma.

El jueves, un fiscal suizo decidirá si retirar los cargos contra Valley o mantenerlos y dictar un acta de procesamiento que lleve al pastor al banquillo.

El caso de Valley Mateo no es un hecho aislado. Es sólo el último de una serie de casos de toda Europa en los que las autoridades se han valido de las leyes de inmigración y contra el contrabando para criminalizar a quienes ayudan a las personas migrantes y solicitantes de asilo.

Salvar vidas en el mar, ofrecer comida y refugio y denunciar abusos se están convirtiendo en actividades cada vez más arriesgadas.

En octubre vimos también el comienzo del juicio, en Reino Unido, de 15 personas —las as denominadas 15 de Stansted — w quienes podrían condenar a cadena perpetua por la acción pacífica que llevaron a cabo para detener la salida de un vuelo chárter de deportación.

En Francia, unartículo de la ley de inmigración que prevé hasta cinco años de prisión para quien “intente facilitar la entrada, circulación o residencia ilegales de un extranjero” se viene utilizando reiteradamente contra quienes tienen sentimientos de empatía.

Uno de esos buenos samaritanos, Martine Landry, de 73 años, ha sido llevada a los tribunales reiteradamente por ayudar a dos solicitantes de asilo de Guinea de 15 años. Los ayudó a llegar a una comisaría de policía para que fueran registrados y atendidos como menores, poco después de que cruzaran la frontera desde Italia. Pese a haber sido absuelta en julio, tendrá que someterse a juicio otra vez porque el fiscal ha decidido apelar contra la decisión.

En un fallo reciente, el Consejo Constitucional de Francia reconoce que el “delito de solidaridad” no se ajusta a la Constitución francesa y declara que el principio de “fraternité” protege la libertad de ayudar al prójimo por razones humanitarias, cualquiera que sea su condición migratoria. A pesar de ello, las autoridades francesas han continuado hostigando a activistas que ayudan a las personas refugiadas y migrantes sin hogar del norte de Francia tras el cierre en 2016 del campo informal de la “Jungla” de Calais En septiembre, el activista Loan Torondel fue acusado formalmente de difamación por tuitear una fotografía de policías colocados encima de una de las muchas personas que son desalojadas sistemáticamente de los campos informales en Calais.

En Grecia, hasta hace muy poco no se han retirado los cargos de “tentativa de contrabando” para introducir migrantes en el país presentados contra tres bomberos profesionales y dos personas voluntarias que han trabajado salvando vidas en plena crisis de refugiados.

En otras partes del Mediterráneo se han adoptado reiteradamente medidas contra barcos de rescate no gubernamentales y su tripulación en forma de numerosas demandas judiciales e imposición de restricciones burocráticas a sus operaciones.

En abril, la Fiscalía de Catania se incautó del barco de rescate Open Arms, buque de una ONG española, tras negarse la tripulación a entregar a la Guardia Costera libia a 218 personas rescatadas en el mar. Aunque se ha devuelto ya el barco, las investigaciones contra miembros de la tripulación continúan.

El Iuventa, barco de una ONG alemana, sigue incautado por las autoridades italianas. Se han abierto investigaciones contra miembros de la tripulación por considerarse que el barco estaba “contribuyendo a la inmigración irregular” en Italia.

Este mes, aparentemente bajo la presión de las autoridades italianas, sus homólogas panameñas han retirado la matriculación al Aquarius, barco que, según la información disponible, ha rescatado a más de 30.000 personas en los dos últimos años.

Con unaumento del número de muertes de personas que tratan de llegar a Europa cruzando el Mediterráneo, el hecho de obligar a barcos de rescate que son esenciales a dejar de navegar podría haber contribuido perfectamente a la muerte de más de 1.000 personas en el Mediterráneo central este año.

En Hungría, la mera prestación de ayuda a personas refugiadas y migrantes es ya un delito, penado con hasta un año de prisión. Una ley aprobada este año penaliza un amplio abanico de actividades, como la preparación, distribución o encargo de “materiales informativos” relativos a la migración y la prestación de apoyo jurídico o de otro tipo a personas solicitantes de asilo.

El 15 de octubre, Amnistía Internacional será la segunda ONG que impugna en los tribunales la constitucionalidad de esta ley.

El jueves, Norbert Valley sabrá si tiene que pagar una multa. Pero lo importante de este asunto no son los 1.000 euros.

Su caso, como otros en los que se han criminalizado actos de solidaridad, no trata sólo de la persecución de una persona. Trata del intento de hacer de Europa un lugar donde se ataca a las ONG y se estigmatiza a quienes muestran compasión.

El intento no está funcionando. En vez de servir para desanimar e intimidar, estas absurdas medidas contra la dignidad humana básica están teniendo el efecto contrario. Con su valentía y su persistencia, pastores protestantes suizos, pensionistas franceses, bomberos españoles e incontables personas más han opuesto resistencia y están demostrando que el espíritu humano no se extinguirá tan fácilmente.

 

Este artículo de opinión se publicó originalmente en Time el 25 de octubre de 2018

http://time.com/5433001/swiss-pastor-norbert-europe-compassion/