Mhamed Hali es un abogado y defensor de los derechos humanos saharaui que vive y trabaja en los territorios ocupados del Sáhara Occidental. Es doctor en Derecho y Derecho Internacional Humanitario, y secretario general de la Asociación para la Protección de los Presos Saharauis en las Cárceles Marroquíes. Desde muy joven y a pesar de los numerosos retos a los que sigue enfrentándose, entre ellos la prohibición por parte del Estado marroquí de ejercer la abogacía como castigo por su activismo en favor de los derechos humanos, nunca ha abandonado la lucha por la justicia. En el Día Internacional de las Personas Defensoras de los Derechos Humanos, Mhamed Hali comparte su historia y sus esperanzas para el futuro, y ofrece algunos consejos a quienes estén pensando en unirse a la lucha por los derechos humanos.
Nací en El Aaiún, la ciudad de mayor tamaño del Sáhara Occidental, en 1987. Pasé mi infancia escuchando historias sobre las graves violaciones cometidas contra el pueblo saharaui, mi pueblo, tras la invasión de la región por parte del ejército marroquí en 1975.
Desde entonces, hemos luchado por nuestro derecho a la libre determinación, respaldado por el derecho internacional en la sentencia de la Corte Internacional de Justicia. Pero las autoridades marroquíes no toleran ninguna actividad o movimiento que trate de empoderarnos o defender nuestros derechos. A lo largo de los años, han perseguido a muchos defensores y defensoras de los derechos humanos, periodistas y estudiantes, hostigándolos, agrediéndolos y deteniéndolos como castigo por su trabajo.
Solidaridad, justicia y comunidad
Los valores de solidaridad, justicia y comunidad que me inculcó mi familia tuvieron un impacto profundo en mí desde muy joven. Me inspiraron a estudiar derecho y convertirme en activista de derechos humanos para ayudar a arrojar luz sobre la situación de los territorios ocupados del Sáhara Occidental y actuar contra la injusticia.
Después de la universidad y junto con un grupo de activistas, creamos la Asociación para la Protección de los Presos Saharauis en las Cárceles Marroquíes. Trabajamos para interactuar con los mecanismos internacionales de derechos humanos con el fin de defender la situación de las numerosas víctimas de abusos contra los derechos humanos cometidos por las autoridades marroquíes en el Sáhara Occidental.
La organización sigue trabajando en los casos de presas y presos políticos saharauis que siguen siendo detenidos en la actualidad. Les ayudamos acompañándolos desde las primeras etapas de su detención hasta su puesta en libertad, siguiendo sus juicios, coordinándonos con profesionales de la abogacía y observadores/as internacionales, supervisando sus condiciones en la cárcel e informando sobre ellas.
Represalias
Lo que más me motiva es ver el impacto real cuando los esfuerzos se traducen en cambios tangibles en las vidas de las personas y las víctimas, ya sea permitiendo que alguien obtenga sus derechos, protegiendo a un grupo vulnerable del abuso o creando conciencia sobre lo que está sucediendo.
Pero las cosas son muy difíciles.
Como defensoras y defensores saharauis, a menudo somos objeto de medidas represivas como detenciones, secuestros, agresiones físicas, enjuiciamientos ilegales y difamación contra nosotros y nuestras familias.
Las autoridades me han perseguido en numerosas ocasiones. En 2007, fui secuestrado por los servicios de inteligencia marroquíes a la entrada de la ciudad de El Aaiún, donde permanecí detenido durante ocho días sin juicio. Me torturaron como castigo por mi activismo en la universidad. Unos años más tarde, en 2009 y 2012, fui objeto de dos brutales agresiones en Marrakech y Rabat. En ambas ocasiones, unos individuos enmascarados me amenazaron con matarme si no dejaba mi activismo estudiantil. Presenté denuncias ante la policía marroquí después de cada incidente, pero nunca investigaron. También me han hostigado en las redes sociales.
Pero una de las tácticas de represalia más peligrosas de las autoridades marroquíes contra activistas y defensores y defensoras de los derechos humanos es prohibirnos trabajar, motivo por el cual muchas personas están emigrando.
Yo fui una de las víctimas de esta táctica. En 2019, el Colegio de Abogados de Agadir rechazó mi solicitud a pesar de que había aprobado el examen y había rellenado correctamente todos los formularios. Alegaron que habían recibido un informe secreto de los servicios de seguridad marroquíes en el que se afirmaba que yo era conocido por mis actividades contra Marruecos, en referencia a mi labor política y en defensa de los derechos humanos. Recurrí esta decisión ante los tribunales marroquíes, pero estos confirmaron la denegación, alegando mi postura sobre la cuestión del Sáhara Occidental. También se me ha impedido acceder a varios puestos de trabajo, incluso en el sector privado, ya que el gobierno ha presionado a los empleadores para que no me contraten.
Arrojar luz
A pesar de todo el dolor, las dificultades y los riesgos, los aspectos humanitarios de este trabajo voluntario nos hacen a los defensores y defensoras de los derechos humanos más resilientes y capaces de afrontar los retos. Me inspiro en las sonrisas de las víctimas y sus familias; en sentir el profundo impacto que mi labor en favor de los derechos humanos y la paz tiene en el agresor, aunque él no lo admita; y en sentir que he cumplido con mi deber hacia mi pueblo, porque merecen vivir con dignidad.
Uno de nuestros objetivos más importantes como defensores y defensoras de los derechos humanos es arrojar luz sobre lo que está pasando aquí, a pesar del bloqueo de información que imponen las autoridades marroquíes, que no dejan que las misiones extranjeras entren en el territorio.
Para nosotros, el cambio comienza cuando somos capaces de garantizar la protección de los defensores y defensoras de los derechos humanos y de los y las activistas sobre el terreno, de dar visibilidad a su trabajo y de luchar para movilizar a la comunidad internacional para poner fin a las violaciones y exigir responsabilidades a quienes las cometen.
Un mundo de paz y humanidad
Las organizaciones internacionales de derechos humanos han hecho una gran labor para poner de relieve los problemas de derechos humanos en el Sáhara Occidental y la peligrosa realidad en la que trabajamos los defensores y defensoras de los derechos humanos. Amnistía Internacional ha contribuido a fortalecer y dar visibilidad a nuestra causa, por lo que recibir el Premio Front Line Defenders para Defensores y Defensoras de los Derechos Humanos en Riesgo ha sido un honor.
Cuando fui a Dublín a recibir mi premio en mayo, visité el monumento conmemorativo que Front Line Defenders y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Irlanda han construido en honor a los defensores y defensoras de los derechos humanos que han sido asesinados. Fue un momento muy emotivo para mí.
Sentí dolor al recordar los sacrificios que los defensores y defensoras de los derechos humanos han hecho y siguen haciendo para que el mundo pueda vivir en paz, para que prevalezcan los derechos y para que la ley reine por encima de todo.
Este aprecio y reconocimiento nos brinda a los defensores y defensoras de los derechos humanos una dosis de esperanza, un bálsamo para las heridas que sufrimos cada día en entornos sumamente complejos y peligrosos.
El mensaje que quiero transmitir a cualquier persona que desee defender los derechos humanos es que ha elegido el mejor camino para crear un mundo de paz y humanidad. Aunque es un camino lleno de espinas y peligros, hacer sonreír a las víctimas olvidadas hace que merezca la pena continuar. Cada persona que se incorpora al ámbito de la defensa de los derechos humanos contribuye a iluminar el oscuro túnel de la realidad.


