Irán: Escritora condenada a pena de cárcel por un relato sobre la lapidación es detenida en una violenta incursión en su domicilio

Las autoridades iraníes deben liberar de inmediato y sin condiciones a Golrokh Ebrahimi Iraee, escritora y activista de derechos humanos que ha sido detenida hoy; así lo ha instado Amnistía Internacional.

Esta mañana, a pesar de que no se había emitido una citación oficial, varios funcionarios irrumpieron en el domicilio de Golrokh Ebrahimi, forzando la entrada por medios violentos, y se llevaron a Golrokh a la prisión de Evín, en Teherán. Al parecer, ha ingresado en el pabellón de mujeres para empezar a cumplir su condena de seis años de cárcel. Está declarada culpable de “insultar símbolos sagrados del islam”, entre otros cargos, por la redacción de un relato inédito sobre la terrible práctica de la lapidación en Irán. El activista de derechos humanos y preso de conciencia Arash Sadeghi, esposo de Golrokh Ebrahimi Iraee, ha iniciado una huelga de hambre en señal de protesta por su encarcelamiento.

“La de Golrokh Ebrahimi Iraee es la última de una sucesión de jóvenes escritores y activistas que se han visto afectados por la incesante campaña de represión de la expresión artística emprendida por Irán. Su encarcelamiento por expresar pacíficamente su oposición a la lapidación es una injusticia tremenda y un indignante ataque a la libertad de expresión. Es, además, una muestra de apoyo al castigo cruel e inhumano de la lapidación que resulta escandalosa y profundamente inquietante”, ha afirmado Magdalena Mughrabi, directora adjunta del Programa de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.

“Las autoridades iraníes deben poner fin a este círculo vicioso de injusticia y poner en libertad de inmediato y sin condiciones a Golrokh Ebrahimi Iraee. Además, les instamos a garantizar la anulación de su sentencia condenatoria.”

La de Golrokh Ebrahimi Iraee es la última de una sucesión de jóvenes escritores y activistas que se han visto afectados por la incesante campaña de represión de la expresión artística emprendida por Irán.
Magdalena Mughrabi, directora adjunta de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.

En el relato de ficción, inédito, por el que Golrokh Ebrahimi Iraee ha sido declarada culpable de “insultar símbolos sagrados del islam”, se describe la reacción emocional de una joven que, al ver la película La lapidación de Soraya M., donde se cuenta la historia real de una joven que muere lapidada por adulterio, se indigna tanto que termina quemando un ejemplar del Corán.

El relato fue descubierto por las autoridades cuando Golrokh Ebrahimi Iraee fue detenida junto a su esposo, Arash Sadeghi, quien cumple actualmente una pena de 15 años de prisión en la cárcel de Evín por “difundir propaganda contra el sistema”, “reunirse y conspirar contra la seguridad nacional” e “injuriar al fundador de la República Islámica”, cargos basados en sus actividades pacíficas relacionadas con los derechos humanos.
Ambos fueron detenidos el 6 de septiembre de 2014 en el lugar de trabajo de Arash Sadeghi, en Teherán, por unos hombres que al parecer pertenecían a la Guardia Revolucionaria. Los hombres no mostraron ninguna orden de detención pero llevaron a la pareja a su casa, donde empezaron a registrar las pertenencias de ambos y encontraron el relato de Golrokh Ebrahimi.

A continuación se llevaron a Arash Sadeghi a la prisión de Evín, mientras que a Golrokh Ebrahimi la llevaron a un lugar secreto. Pasó la noche detenida allí y después la trasladaron también a la prisión de Evín, en la que permaneció 20 días recluida sin acceso a familiares ni abogados, y sin comparecer ante un tribunal. Los primeros tres días soportó reclusión en régimen de aislamiento.

Mientras estuvo detenida, Golrokh Ebrahimi fue sometida a largos interrogatorios, en los que le vendaban los ojos y le advertían que podía ser ejecutada por “injuriar el islam”. En la celda de al lado oía las amenazas e insultos que proferían los interrogadores contra su esposo . Posteriormente, Arash Sadeghi ha contado que estando bajo custodia le propinaron patadas, bofetadas y puñetazos en la cabeza, y fue sometido a asfixia.

En lugar de intimidar y encarcelar a las voces críticas con tanta obstinación, las autoridades deberían abolir esta pena cruel de una vez por todas.
Magdalena Mughrabi, directora adjunta de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.

Golrokh Ebrahimi Iraee fue juzgada y condenada a seis años de prisión en dos breves sesiones por un Tribunal Revolucionario en Teherán. No tuvo asistencia letrada en el juicio. El primer abogado que designó recibió presiones de funcionarios de inteligencia y seguridad para que abandonara el caso, y al segundo le impidieron leer su expediente judicial y representarla. La acusada tampoco tuvo ocasión de hablar en su defensa, porque la primera sesión se centró en el activismo de su esposo. En la segunda sesión estaba en el hospital recuperándose de una importante operación y no podía asistir; a pesar de que facilitó al tribunal su historial clínico, su petición de aplazar la sesión fue rechazada.

Este mismo mes Golrokh Ebrahimi Iraee recibió una llamada telefónica de la Oficina de Aplicación de Condenas en la que se le ordenaba que se presentara en la prisión de Evín para comenzar a cumplir su condena de seis años de cárcel y se la amenazaba de que, si no lo hacía, la detendrían en la calle o irrumpirían en su domicilio. Sin embargo, en ningún momento recibió una citación oficial.

“Golrokh Ebrahimi Iraee ha sido castigada por el ejercicio pacífico de sus derechos humanos. Pero el crimen que está en el origen de este caso es la terrible práctica de la lapidación mantenida por Irán, que equivale a tortura. En lugar de intimidar y encarcelar con tanta obstinación a las voces críticas, las autoridades deberían abolir esta pena cruel de una vez por todas”, ha manifestado Magdalena Mughrabi.